Con este apartado en nuestro Blog, pretendemos hacer reflexionar a nuestros lectores con pequeños fragmentos de textos tanto marciales como espirituales.
Son pequeños destellos de sabiduría encaminados a despertar nuestra comprensión en el Camino de la Vía.
Fragmento extraído del texto el Yoga Vâsishtha, del libro V "Upashama Khanda".
La datación de esta obra perteneciente a la Advaita Vedanta no esta clara, pero se asume por los estudios realizados hasta el momento que puede ser sobre el siglo V d. J.C.
Se le atribuye al Rishi Vâsishtha, que narró el Vishnu Purana y compuso los Vedas de la era Dvapara Yuga.
¿Quién soy yo, de qué estoy hecho, cuál es mi forma y por quién he sido creado, y qué puedo adquirir o rechazar?
No hay nada que pueda ser llamado yo, pues no se manifiesta como el resto de las cosas materiales, pero si el sentimiento del ego no es verdadero, ¿cómo puede pensarse y a quién puede referirse?
Cuando se comprende profundamente que no hay relación alguna entre el sentimiento del ego y cualquier otra cosa posible, se desvanece la falsa noción de dualidad. Lo único que hay es el Ser cósmico no dual, Brahman.
Si yo soy esa realidad, ¿por qué he de sufrir esta ilusión?
Si sólo existe uno mismo como el puro Ser omnipresente, ¿cómo puede brotar ese sentimiento del ego?
En realidad los objetos carecen de substancialidad, lo único que existe es el Ser, y por tanto, aunque asumamos la substancialidad material como algo real, tampoco puede tener relación alguna con el Ser. Los sentidos funcionan como sentidos, la mente como mente, pero la conciencia no es afectada por nada de esto; por consiguiente, ¿qué relación puede haber entre ellos y cómo puede producirse? Dado que la conciencia está enfrentada a todo lo material, no podemos asumir una relación entre ambos.
Cuando ha surgido el falso sentimiento del ego, surgen las falsas nociones de aquí y allí, lo mío y lo tuyo, etc.. Pero cuando se comprende que todas estas ideas son trampas o trucos del propio sentimiento del ego, desaparecen de inmediato. En verdad, sólo existe el Ser, y debemos comprender que todo esto es Brahman o el Ser cósmico. La ilusión que se conoce como sentimiento del ego es como el color azul del cielo; lo mejor es no mantener esta idea ni un momento más y abandonarla por completo. Cuando hemos abandonado la raíz del sentimiento del ego, vivimos en el Ser cuya naturaleza es la paz.
El sentimiento del ego o ahamkâra es la fuente inagotable del sufrimiento, la tristeza y las malas acciones. La vida termina con la muerte y la muerte conduce al nacimiento, de modo que lo que existe está interrumpido por su propio fin, lo cual es absurdo. Tales ideas alimentadas por el sentimiento del ego, producen angustia y dolor interminables. La ansiedad causada por el deseo de conseguir una cosa o por haber perdido otra, mantiene al ignorante en perpetua agitación.
Las ideas de lo que es y lo que no es, producen inquietud mental en el ser que asume el ego. Pero cuando este sufrimiento del ego cesa por completo, la ilusoria apariencia objetiva no germina y todos los deseos desaparecen al instante.
Mûlamadhyamakakârikâh es uno de los grandes trabajos de Nâgâjuna, que nació en el sur de la India cerca de Amarâvati en torno a los años 150 y 250 de nuestra era.
A Nâgâjuna se le considera el fundador de la escuela Madhyamaka, una de las escuelas filosóficas más importantes del budismo. Prueba de ello son los numerosos comentarios y citas que encontramos en la literatura religiosa y filosófica de la India, Tíbet, China, Corea y Japón a lo largo de milenios.
Su biografía es ignota, sin embargo por sus escritos nos encontramos ante una figura que reúne al monje, el filósofo y al escolástico al mismo tiempo.
1. Si el yo consistiera en los componentes de la personalidad (Skandha), su destino sería el surgimiento y la cesación, pero si fuera diferente de éstos, tendría unas características que no pueden atribuirse a dichos componentes de la personalidad.
2. Cuando queda eliminado el yo y lo que le pertenece, no queda nada que se pueda llamar mío, ni nada que pueda ser ego.
3. No hay nadie que esté libre del yo y del egoísmo: y el que crea percibir a alguien libre del yo y del egoísmo no ve las cosas como son.
4. Cuando las conjeturas con relación a lo mío y al yo se reducen y agotan, cesa la apropiación y se acaba el renacer.
5. Como consecuencia del agotamiento de la acción y de las impurezas, ocurre la liberación. Porque el que se imagina (vikalpa) -un yo, un mío- sufre la acción y la turbación (karmeklesa). Y esa turbación pertenece al que tiene ese tipo de imaginaciones como resultado de su elucubración. Pero dicho imaginar sin mucho fundamento (prapañca) cesa en la vacuidad.
6. Se ha enseñado que hay un yo e incluso que no hay un yo (se refiere a las escuelas budistas Pugdalavâda). Pero el Buda no ha enseñado ni el yo ni el no yo.
7. Cuando cesa el objeto del lenguaje, cesa el objeto del pensamiento. Al igual que el nirvana, la naturaleza de todas las cosas carece del surgir y del perecer.
8. Todo es verdad (tathyam) y nada es verdad. Y todo es verdad y no verdad. Y no es ni verdad ni no verdad. Ésa es la enseñanza de los Budas.
9. Sin depender de otra, serena, no fabricada por la elucubración, más allá de toda discriminación, sin distinciones: tales son las características de la realidad (tattva).
10. Lo que sea que depende de otro no es ni idéntico a esa otra cosa ni tampoco diferente a ella. Por tanto, no es ni no existe en el tiempo ni eterno.
11. Lo que no es ni uno ni múltiple, ni discontinuo ni eterno, ésa es en realidad la ambrosía de la enseñanza de los Budas, protectores del mundo.
12. Aunque no hubieran aparecido los completamente iluminados y aunque los discípulos (srâvaka) hubieran desaparecido, la sabiduría de los budas solitarios (pratyekabuddha) esplendería plena e incontaminada.
Capitulo XIX
1. Si el presente y el futuro dependiera del pasado, el presente y el futuro tendrían que existir de alguna forma en algún momento del pasado.
2. Y si el presente y el futuro no existiera en el pasado, ¿cómo podrían depender de ese pasado?
3. Tanto el presente como el futuro no se podrían concebir sin depender del pasado. Por tanto, no nos podemos formar una idea de lo que es el presente o el futuro.
4. De la misma forma deberían considerarse los dos periodos restantes -de tiempo-, así como los conceptos relacionados con lo más alto, lo más bajo y lo intermedio, y también la identidad, etc.
5. Un tiempo inestimable -que está en constante cambio: en el que, de repente, el futuro es pasado-, no se puede comprender. Y es inconcebible un tiempo que pudiera detenerse. ¿Cómo formamos una idea de lo que el tiempo es, si no se lo puede asir?
6. Si el tiempo depende de una entidad, entonces ¿cómo podría el tiempo existir sin esa entidad? Pero no hay nada que sea una entidad. ¿Cómo puede entonces existir el tiempo?
La guía de los descarriados es el fruto del amor y la amistad entre el Rabi Moisés ben Maimón (Maimónides) y su discípulo Ibn Aknin.
Cuando este último, separado de su maestro, le escribe expresando sus dudas sobre la religión y el espíritu, Maimónides le entrega su ciencia en pequeños opúsculos que, agrupados posteriormente, forman una guía “…para aquellos perplejos y descarriados en su búsqueda de Dios…”.
Maimónides fue médico, rabino, teólogo judío y una de las figuras más sobresalientes de la edad media.
Pero la guía es algo más. En ella el Maestro aporta una luz más profunda y diferente: La luz de la Cábala, que justo en el mismo año de su muerte -1204- es traducida del árabe al hebreo y se produce el resurgir cabalístico.
El pequeño fragmento que reproducimos aquí pertenece al cap. LIV que trata: Sobre la Verdadera Sabiduría y Perfección.
A esta clase pertenece la posesión del título de gran rey. No hay aquí íntima unión entre la posesión y el poseedor. Cuando una persona dice: “Esta es mi casa, éste en mi criado, éste es mi dinero, o éstos son mis huestes y ejércitos” establece una relación puramente imaginaria, engañado por las grandes ventajas y provechos que saca de poseer tales cosas. Pero si lo examina bien, hallará que se trata de bienes exteriores cuyas cualidades son enteramente independientes de su dueño. Por eso, cuando cesa la relación, el que ha sido gran rey puede hallarse una mañana igualado al más vil de los hombres, sin que hayan experimentado mudanza alguna las cosas que creía poseer.
Los filósofos han enseñado que el que cifra todos sus anhelos y afanes en poseer esta clase de perfección, anda detrás de cosas perecederas e imaginarias, que aunque le pertenecieran durante toda la vida, no le harían mejor ni más perfecto.
La segunda clase se refiere más directamente que la primera al cuerpo del hombre y comprende la perfección de la forma, constitución y aspecto del cuerpo humano; el equilibrio de la naturaleza, y el orden y vigor de los miembros. Tampoco esta clase de perfección debe constituir nuestra aspiración suprema; porque es un bien del cuerpo, y el hombre no posee el cuerpo en cuanto hombre, sino en cuanto criatura viviente, compartiendo esta propiedad con los animales inferiores. Aunque una persona poseyera las mayores fuerzas, no sería más poderosa que la mula, ni que el león o el elefante; conseguirá a lo más las fuerzas necesarias para acarrear una pesada carga, romper una gruesa y sólida sustancia, o cosas similares, en las que no hay mayor provecho para el cuerpo. En cuanto al alma, ningún beneficio puede venirle de esta clase de perfección.
La tercera se relaciona más con el verdadero hombre que la segunda, y atañe a la condición moral, que es el más alto y excelente grado de la naturaleza humana. La mayoría de los preceptos aspiran a producir esta perfección; pero todavía no es sino el ejercicio preparatorio para otra de más altos quilates, y no debe ser buscada por sí misma. Porque todos los principios morales conciernen a la relación y trato del hombre con su vecino; los principios de la perfección moral nos han sido dados para beneficio de la humanidad. Imagina que una persona estuviese a solas, sin trato con ninguna otra y, entonces, todos los principios morales serían innecesarios y no le añadirían perfección alguna. Estos principios adquieren valor y utilidad únicamente cuando el hombre se pone en contacto con sus semejantes.
La cuarta clase de perfección es la verdadera y propia del hombre: Poseer y disfrutar las más altas facultades intelectivas, y las nociones que nos llevan a tener ideas metafísicas ciertas acerca de Dios. Alcanzada esta perfección, el hombre ha logrado su objetivo final. Ella le da verdadera perfección del hombre; a él solo le pertenece; le otorga la inmortalidad, y es por razón de ella por lo que se le llama hombre.
Por tanto tu aspiración debe encaminarse a obtener esta perfección que es exclusivamente tuya, en vez de afanarte y fatigarte por cosas que pertenecen a otro, descuidando y abandonando tu alma hasta que por completo pierde su pureza original, vencida y dominada por los poderes corporales. Expresase la misma idea en el comienzo de aquellos poemas que representan alegóricamente el estado del alma: “Los hijos de mi madre se irritaron contra mí; me dijeron de guardar mi viña, y mi viña no guarde” (Cant. I, 6). A lo mismo se refiere el siguiente pasaje: “No des a los extraños tu honor, ni al cruel tus años” (Prov. V, 9).
También los profetas han coincidido en eso con los filósofos. Paladinamente enseñan que no vale la pena de andar tras la perfección en la propiedad, en la salud o en el carácter, ni es ejecutoria que nos honre y glorié; que la única perfección digna de ser buscada, la sola que allega gloria y honra, es el conocimiento de Dios, es decir, la verdadera sabiduría. Hablando de aquellas clases de perfecciones dice Jeremías: “Los cuerpos de los hombres muertos caerán como estiércol sobre la haz del campo, y como manojo tras el segador, que no hay quien lo recoja, así dijo el Seños: No se alabe al sabio en su sabiduría, ni en su valentía se alabe al valiente, ni al rico en sus riquezas; mas alábese en esto al que hubiere de alabar, en entenderme y conocerme” (Jer. IX, 22-24). Advierte cómo el profeta ordena las posesiones según la estimación en que las tiene la multitud. El rico ocupa el primer rango; luego viene el poderoso; después el sabio, esto es, el varón de buenos principios morales.
El profeta no se conforma con explicar que el conocimiento de Dios es la más alta clase de perfección, y no dice sólo “Alábese en lo que se hubiera de alabar, en comprenderme y conocerme”, ni se detiene aquí: ni añade: “En comprender y conocer que yo soy uno”, o “que no tengo semejante” o “que nadie hay como yo”, u otra frase por el estilo. Pero el profeta dice que el hombre puede gloriarse de conocer a Dios, y sus maneras y atributos, que son Sus acciones: “Porque soy el Señor que hago misericordia, juicio y justicia en la tierra” (Ibid. IX, 24), conforme a lo que nosotros expusimos en la primera parte de este tratado. Lo que se nos dice en este pasaje de la escritura es que los actos divinos que deben ser conocidos y servirnos como guía para nuestras acciones, son hesed, que es misericordia o amorosa benevolencia, michpat que es rectitud y zedaka que es justicia.
Otra importante lección es la que nos enseña la frase: “en la tierra”. He aquí un principio fundamental de la Ley, la cual repugna la teoría de los que audazmente afirman que la Providencia de Dios no se extiende por debajo de la esfera de la luna, y que la tierra, con cuanto contiene, permanece abandonada, que “el Señor se ha olvidado de la tierra” (Ezeq. VIII, 12). Enseña este pasaje lo mismo que ya había enseñado el más grande de todos los sabios en las palabras. “la tierra es del Señor” (Ex. IX, 29), es decir, que Su Providencia se extiende a la tierra conforme a la naturaleza de esta, al igual que dirige los cielos conforme a la naturaleza celestial. En suma, este lugar de la Escritura se propone declarar que la perfección de que puede gloriarse el hombre se alcanza -hasta donde es humanamente alcanzable- cuando adquiere el conocimiento de Dios, de Su Providencia y de la manera cómo influye en sus criaturas, al producirlas y conservarles la existencia. Y habiendo adquirido este conocimiento, se determinará a buscar siempre la amorosa benevolencia, la justicia y la rectitud, procurando conducirse como se conduciría Dios.
Fragmento extraído del texto el Yoga Vâsishtha, del libro V "Upashama Khanda".La datación de esta obra perteneciente a la Advaita Vedanta no esta clara, pero se asume por los estudios realizados hasta el momento que puede ser sobre el siglo V d. J.C.
Se le atribuye al Rishi Vâsishtha, que narró el Vishnu Purana y compuso los Vedas de la era Dvapara Yuga.
Discriminación de la consciencia y la materia
El Ser, que es conciencia, existe como el supremo ser de todas las cosas, en todos los cuerpos, en todo tiempo y en todo lugar.¿Quién soy yo, de qué estoy hecho, cuál es mi forma y por quién he sido creado, y qué puedo adquirir o rechazar?
No hay nada que pueda ser llamado yo, pues no se manifiesta como el resto de las cosas materiales, pero si el sentimiento del ego no es verdadero, ¿cómo puede pensarse y a quién puede referirse?
Cuando se comprende profundamente que no hay relación alguna entre el sentimiento del ego y cualquier otra cosa posible, se desvanece la falsa noción de dualidad. Lo único que hay es el Ser cósmico no dual, Brahman.
Si yo soy esa realidad, ¿por qué he de sufrir esta ilusión?
Si sólo existe uno mismo como el puro Ser omnipresente, ¿cómo puede brotar ese sentimiento del ego?
En realidad los objetos carecen de substancialidad, lo único que existe es el Ser, y por tanto, aunque asumamos la substancialidad material como algo real, tampoco puede tener relación alguna con el Ser. Los sentidos funcionan como sentidos, la mente como mente, pero la conciencia no es afectada por nada de esto; por consiguiente, ¿qué relación puede haber entre ellos y cómo puede producirse? Dado que la conciencia está enfrentada a todo lo material, no podemos asumir una relación entre ambos.
Cuando ha surgido el falso sentimiento del ego, surgen las falsas nociones de aquí y allí, lo mío y lo tuyo, etc.. Pero cuando se comprende que todas estas ideas son trampas o trucos del propio sentimiento del ego, desaparecen de inmediato. En verdad, sólo existe el Ser, y debemos comprender que todo esto es Brahman o el Ser cósmico. La ilusión que se conoce como sentimiento del ego es como el color azul del cielo; lo mejor es no mantener esta idea ni un momento más y abandonarla por completo. Cuando hemos abandonado la raíz del sentimiento del ego, vivimos en el Ser cuya naturaleza es la paz.
El sentimiento del ego o ahamkâra es la fuente inagotable del sufrimiento, la tristeza y las malas acciones. La vida termina con la muerte y la muerte conduce al nacimiento, de modo que lo que existe está interrumpido por su propio fin, lo cual es absurdo. Tales ideas alimentadas por el sentimiento del ego, producen angustia y dolor interminables. La ansiedad causada por el deseo de conseguir una cosa o por haber perdido otra, mantiene al ignorante en perpetua agitación.
Las ideas de lo que es y lo que no es, producen inquietud mental en el ser que asume el ego. Pero cuando este sufrimiento del ego cesa por completo, la ilusoria apariencia objetiva no germina y todos los deseos desaparecen al instante.
Yoga Vâsishtha.
El maestro Suzuki Es descendiente espiritual directo del gran maestro Zen Dogen del siglo trece. En 1958, siendo un muy respetado maestro en Japón, visitó Estados Unidos. Le impresionó la calidad de "mente de principiante" y seriedad de los interesados en el Zen; quienes lo siguieron en la práctica, formando tiempo después el Zen Center de San Francisco y a posteriori el Zen Mountain Center, que en su tiempo fue el primer monasterio Zen fuera de Asia.
Disposición de la atención
"La sabiduría es la disposición de la mente"
Tenemos que pensar y observar las cosas sin estancarnos. Debemos aceptar sin dificultad las cosas tal cual son. Nuestra mente debe ser lo suficientemente flexible y receptiva como para comprender las cosas tal cual son. Cuando nuestro pensar es flexible, se denomina pensar imperturbable. Este modo de pensar es siempre estable. Se llama atención. El pensar que está dividido en muchas formas no es el verdadero pensar. Nuestro pensar ha de basarse en la concentración. Eso es atención. Tenga o no objeto, la mente debe mantenerse estable, no dividida. Eso es Za zen.
No es necesario hacer un esfuerzo para pensar de cierta manera en particular. El pensar no debe ser unilateral. Simplemente, se piensa con toda la mente y se ven las cosas tal como son, sin esfuerzo alguno. Simplemente, hay que ver y estar preparado para ver las cosas con toda la mente. Eso es la práctica del Za zen. Cuando estamos preparados para pensar no tenemos necesidad de hacer un esfuerzo para lograrlo. Esto se llama atención. La atención es al mismo tiempo sabiduría. Por sabiduría no se entiende una facultad o filosofía en particular. Sabiduría es la disposición y preparación de la mente. Así pues, la sabiduría puede abarcar diversas filosofías y enseñanzas y distintas clases de investigación y estudios. Pero no debemos aferrarnos a cierta sabiduría en particular, por ejemplo, la que enseñaba Buda. La sabiduría no es algo que se aprenda. La sabiduría es algo que proviene de la atención de cada uno. Por eso, lo relevante es estar dispuesto a observar las cosas y estar dispuesto a pensar. Esto se llama vacuidad de la mente. La vacuidad no es otra cosa que la práctica del Za zen.
Shunryu Suzuki.
Mûlamadhyamakakârikâh es uno de los grandes trabajos de Nâgâjuna, que nació en el sur de la India cerca de Amarâvati en torno a los años 150 y 250 de nuestra era.A Nâgâjuna se le considera el fundador de la escuela Madhyamaka, una de las escuelas filosóficas más importantes del budismo. Prueba de ello son los numerosos comentarios y citas que encontramos en la literatura religiosa y filosófica de la India, Tíbet, China, Corea y Japón a lo largo de milenios.
Su biografía es ignota, sin embargo por sus escritos nos encontramos ante una figura que reúne al monje, el filósofo y al escolástico al mismo tiempo.
Mûlamadhyamakakârikâh
Capitulo XVIII1. Si el yo consistiera en los componentes de la personalidad (Skandha), su destino sería el surgimiento y la cesación, pero si fuera diferente de éstos, tendría unas características que no pueden atribuirse a dichos componentes de la personalidad.
2. Cuando queda eliminado el yo y lo que le pertenece, no queda nada que se pueda llamar mío, ni nada que pueda ser ego.
3. No hay nadie que esté libre del yo y del egoísmo: y el que crea percibir a alguien libre del yo y del egoísmo no ve las cosas como son.
4. Cuando las conjeturas con relación a lo mío y al yo se reducen y agotan, cesa la apropiación y se acaba el renacer.
5. Como consecuencia del agotamiento de la acción y de las impurezas, ocurre la liberación. Porque el que se imagina (vikalpa) -un yo, un mío- sufre la acción y la turbación (karmeklesa). Y esa turbación pertenece al que tiene ese tipo de imaginaciones como resultado de su elucubración. Pero dicho imaginar sin mucho fundamento (prapañca) cesa en la vacuidad.
6. Se ha enseñado que hay un yo e incluso que no hay un yo (se refiere a las escuelas budistas Pugdalavâda). Pero el Buda no ha enseñado ni el yo ni el no yo.
7. Cuando cesa el objeto del lenguaje, cesa el objeto del pensamiento. Al igual que el nirvana, la naturaleza de todas las cosas carece del surgir y del perecer.
8. Todo es verdad (tathyam) y nada es verdad. Y todo es verdad y no verdad. Y no es ni verdad ni no verdad. Ésa es la enseñanza de los Budas.
9. Sin depender de otra, serena, no fabricada por la elucubración, más allá de toda discriminación, sin distinciones: tales son las características de la realidad (tattva).
10. Lo que sea que depende de otro no es ni idéntico a esa otra cosa ni tampoco diferente a ella. Por tanto, no es ni no existe en el tiempo ni eterno.
11. Lo que no es ni uno ni múltiple, ni discontinuo ni eterno, ésa es en realidad la ambrosía de la enseñanza de los Budas, protectores del mundo.
12. Aunque no hubieran aparecido los completamente iluminados y aunque los discípulos (srâvaka) hubieran desaparecido, la sabiduría de los budas solitarios (pratyekabuddha) esplendería plena e incontaminada.
Capitulo XIX
1. Si el presente y el futuro dependiera del pasado, el presente y el futuro tendrían que existir de alguna forma en algún momento del pasado.
2. Y si el presente y el futuro no existiera en el pasado, ¿cómo podrían depender de ese pasado?
3. Tanto el presente como el futuro no se podrían concebir sin depender del pasado. Por tanto, no nos podemos formar una idea de lo que es el presente o el futuro.
4. De la misma forma deberían considerarse los dos periodos restantes -de tiempo-, así como los conceptos relacionados con lo más alto, lo más bajo y lo intermedio, y también la identidad, etc.
5. Un tiempo inestimable -que está en constante cambio: en el que, de repente, el futuro es pasado-, no se puede comprender. Y es inconcebible un tiempo que pudiera detenerse. ¿Cómo formamos una idea de lo que el tiempo es, si no se lo puede asir?
6. Si el tiempo depende de una entidad, entonces ¿cómo podría el tiempo existir sin esa entidad? Pero no hay nada que sea una entidad. ¿Cómo puede entonces existir el tiempo?
Nâgâjuna.
La guía de los descarriados es el fruto del amor y la amistad entre el Rabi Moisés ben Maimón (Maimónides) y su discípulo Ibn Aknin.Cuando este último, separado de su maestro, le escribe expresando sus dudas sobre la religión y el espíritu, Maimónides le entrega su ciencia en pequeños opúsculos que, agrupados posteriormente, forman una guía “…para aquellos perplejos y descarriados en su búsqueda de Dios…”.
Maimónides fue médico, rabino, teólogo judío y una de las figuras más sobresalientes de la edad media.
Pero la guía es algo más. En ella el Maestro aporta una luz más profunda y diferente: La luz de la Cábala, que justo en el mismo año de su muerte -1204- es traducida del árabe al hebreo y se produce el resurgir cabalístico.
El pequeño fragmento que reproducimos aquí pertenece al cap. LIV que trata: Sobre la Verdadera Sabiduría y Perfección.
Guía de los descarriados de Maimónides
Los antiguos y modernos filósofos han enseñado que el hombre puede adquirir cuatro clases de perfección. La primera y más vil, a cuyos logros dedican muchos toda la vida, es la perfección que se cifra en la propiedad: poseer dinero, ropas, muebles, criados, tierras, y otras cosas del mismo linaje.A esta clase pertenece la posesión del título de gran rey. No hay aquí íntima unión entre la posesión y el poseedor. Cuando una persona dice: “Esta es mi casa, éste en mi criado, éste es mi dinero, o éstos son mis huestes y ejércitos” establece una relación puramente imaginaria, engañado por las grandes ventajas y provechos que saca de poseer tales cosas. Pero si lo examina bien, hallará que se trata de bienes exteriores cuyas cualidades son enteramente independientes de su dueño. Por eso, cuando cesa la relación, el que ha sido gran rey puede hallarse una mañana igualado al más vil de los hombres, sin que hayan experimentado mudanza alguna las cosas que creía poseer.
Los filósofos han enseñado que el que cifra todos sus anhelos y afanes en poseer esta clase de perfección, anda detrás de cosas perecederas e imaginarias, que aunque le pertenecieran durante toda la vida, no le harían mejor ni más perfecto.
La segunda clase se refiere más directamente que la primera al cuerpo del hombre y comprende la perfección de la forma, constitución y aspecto del cuerpo humano; el equilibrio de la naturaleza, y el orden y vigor de los miembros. Tampoco esta clase de perfección debe constituir nuestra aspiración suprema; porque es un bien del cuerpo, y el hombre no posee el cuerpo en cuanto hombre, sino en cuanto criatura viviente, compartiendo esta propiedad con los animales inferiores. Aunque una persona poseyera las mayores fuerzas, no sería más poderosa que la mula, ni que el león o el elefante; conseguirá a lo más las fuerzas necesarias para acarrear una pesada carga, romper una gruesa y sólida sustancia, o cosas similares, en las que no hay mayor provecho para el cuerpo. En cuanto al alma, ningún beneficio puede venirle de esta clase de perfección.
La tercera se relaciona más con el verdadero hombre que la segunda, y atañe a la condición moral, que es el más alto y excelente grado de la naturaleza humana. La mayoría de los preceptos aspiran a producir esta perfección; pero todavía no es sino el ejercicio preparatorio para otra de más altos quilates, y no debe ser buscada por sí misma. Porque todos los principios morales conciernen a la relación y trato del hombre con su vecino; los principios de la perfección moral nos han sido dados para beneficio de la humanidad. Imagina que una persona estuviese a solas, sin trato con ninguna otra y, entonces, todos los principios morales serían innecesarios y no le añadirían perfección alguna. Estos principios adquieren valor y utilidad únicamente cuando el hombre se pone en contacto con sus semejantes.
La cuarta clase de perfección es la verdadera y propia del hombre: Poseer y disfrutar las más altas facultades intelectivas, y las nociones que nos llevan a tener ideas metafísicas ciertas acerca de Dios. Alcanzada esta perfección, el hombre ha logrado su objetivo final. Ella le da verdadera perfección del hombre; a él solo le pertenece; le otorga la inmortalidad, y es por razón de ella por lo que se le llama hombre.
Por tanto tu aspiración debe encaminarse a obtener esta perfección que es exclusivamente tuya, en vez de afanarte y fatigarte por cosas que pertenecen a otro, descuidando y abandonando tu alma hasta que por completo pierde su pureza original, vencida y dominada por los poderes corporales. Expresase la misma idea en el comienzo de aquellos poemas que representan alegóricamente el estado del alma: “Los hijos de mi madre se irritaron contra mí; me dijeron de guardar mi viña, y mi viña no guarde” (Cant. I, 6). A lo mismo se refiere el siguiente pasaje: “No des a los extraños tu honor, ni al cruel tus años” (Prov. V, 9).
También los profetas han coincidido en eso con los filósofos. Paladinamente enseñan que no vale la pena de andar tras la perfección en la propiedad, en la salud o en el carácter, ni es ejecutoria que nos honre y glorié; que la única perfección digna de ser buscada, la sola que allega gloria y honra, es el conocimiento de Dios, es decir, la verdadera sabiduría. Hablando de aquellas clases de perfecciones dice Jeremías: “Los cuerpos de los hombres muertos caerán como estiércol sobre la haz del campo, y como manojo tras el segador, que no hay quien lo recoja, así dijo el Seños: No se alabe al sabio en su sabiduría, ni en su valentía se alabe al valiente, ni al rico en sus riquezas; mas alábese en esto al que hubiere de alabar, en entenderme y conocerme” (Jer. IX, 22-24). Advierte cómo el profeta ordena las posesiones según la estimación en que las tiene la multitud. El rico ocupa el primer rango; luego viene el poderoso; después el sabio, esto es, el varón de buenos principios morales.
El profeta no se conforma con explicar que el conocimiento de Dios es la más alta clase de perfección, y no dice sólo “Alábese en lo que se hubiera de alabar, en comprenderme y conocerme”, ni se detiene aquí: ni añade: “En comprender y conocer que yo soy uno”, o “que no tengo semejante” o “que nadie hay como yo”, u otra frase por el estilo. Pero el profeta dice que el hombre puede gloriarse de conocer a Dios, y sus maneras y atributos, que son Sus acciones: “Porque soy el Señor que hago misericordia, juicio y justicia en la tierra” (Ibid. IX, 24), conforme a lo que nosotros expusimos en la primera parte de este tratado. Lo que se nos dice en este pasaje de la escritura es que los actos divinos que deben ser conocidos y servirnos como guía para nuestras acciones, son hesed, que es misericordia o amorosa benevolencia, michpat que es rectitud y zedaka que es justicia.
Otra importante lección es la que nos enseña la frase: “en la tierra”. He aquí un principio fundamental de la Ley, la cual repugna la teoría de los que audazmente afirman que la Providencia de Dios no se extiende por debajo de la esfera de la luna, y que la tierra, con cuanto contiene, permanece abandonada, que “el Señor se ha olvidado de la tierra” (Ezeq. VIII, 12). Enseña este pasaje lo mismo que ya había enseñado el más grande de todos los sabios en las palabras. “la tierra es del Señor” (Ex. IX, 29), es decir, que Su Providencia se extiende a la tierra conforme a la naturaleza de esta, al igual que dirige los cielos conforme a la naturaleza celestial. En suma, este lugar de la Escritura se propone declarar que la perfección de que puede gloriarse el hombre se alcanza -hasta donde es humanamente alcanzable- cuando adquiere el conocimiento de Dios, de Su Providencia y de la manera cómo influye en sus criaturas, al producirlas y conservarles la existencia. Y habiendo adquirido este conocimiento, se determinará a buscar siempre la amorosa benevolencia, la justicia y la rectitud, procurando conducirse como se conduciría Dios.
Moisés ben Maimón (Maimónides).
¿Qué es la Cábala?

Maestros Huainan, “La sabiduría”
Los Maestros Huainan es un clásico de inspiración Taoísta, es un texto datado en el 139 A. C. en la dinastía Han, pero de rabiosa actualidad. Un ejemplo de ello es cuando hablan sobre la sociedad y el estado: “Cuando la gente recibe el influjo de sus gobernantes, imitan lo que los gobernantes hacen, no lo que dicen”.
Los temas que toca el texto son amplios y variados: filosofía, ciencia, metafísica, naturaleza…
Presentamos unos fragmentos sobre el tema de la sabiduría.
Los sabios no se apegan a nada, y de este modo no pierden nada.
La mente gobierna al cuerpo, mientras que el espíritu es el tesoro de la mente. Cuando se trabaja el cuerpo sin descanso, éste se colapsa. Cuando se utiliza el espíritu sin tregua, éste se agota. Los sabios los valoran y respetan, por lo que no son dados a excesos.
El cuerpo es la morada de la vida; la energía la base de la vida; la mente el moderador de la vida. Cuando cualquiera de ellas pierde su lugar, las otras dos sufren.
El cuerpo se malgasta si se lleva a una situación incomoda. La energía se agota si se utiliza de un modo que no conduce a la plenitud. La mente se debilita si se utiliza de forma inapropiada. Es imperativo el vigilar estos tres factores.
Lo que los sabios aprenden es a hacer retornar su naturaleza al principio y dejar que la mente se desplace libre en la apertura. Lo que la gente evolucionada aprende es a unir su naturaleza al inmenso vacío y ser consciente del silencio infinito.
Lo que la gente ordinaria aprende es distinto. Se apegan a las virtudes y constriñen su naturaleza, interiormente se preocupan de sus órganos físicos mientras que externamente atropellan ojos y oídos.
Los sabios utilizan la mente voluntariamente, basándose en su esencia. Con el apoyo del espíritu acaban lo que empiezan. Por ello duermen sin sueño y se despiertan sin problemas.
Los beneficios son fruto de no maquinar; los problemas surgen de la avidez. El daño es fruto de la falta de preparación; la suciedad de la falta de limpieza.
Aquellos cuyas palabras son volubles y sus actos inconsistentes, son gente insignificante.
Aquellos que observan una sola cosa y comprenden un solo Arte, son gente mediocre.
Aquellos con una visión global y un dominio integral de las cosas, que valoran las destrezas y las emplean juiciosamente, son sabios.
En el Arte de la Vía no es posible perseguir la fama mediante la promoción, pero es posible desarrollarse permaneciendo en reclusión. No es posible obtener ventajas con el Arte de la Vía, pero si es posible eludir perjuicios.
Los sabios afrontan las cosas cuando todavía son pequeñas y de este modo pueden dominar lo grande. Perciben las cosas que tienen a mano y de este modo pueden ser conscientes de las cosas que están lejos.
Cuando no hay nada que oculte el espíritu y nada que trastorne la mente, experimentaras una claridad penetrante y una expansión fuera de toda medida. Sereno, sin preocupaciones, no sujeto a nada, tratándolo todo con ecuanimidad y calma, no eres susceptible a que la sensualidad te corrompa.
Ética demostrada según el orden geométrico
Spinoza trata de demostrar un sistema filosófico plenamente coherente, que se esfuerza por ofrecer una imagen vinculada de la realidad y por comprender el significado de una vida ética. Siguiendo un formato lógico paso por paso, definido en torno de la naturaleza de Dios, la mente, la servidumbre humana a las emociones y el poder de la comprensión moviéndose desde la consideración de lo eterno, a especular sobre el lugar de la humanidad en el orden natural, libertad y el camino a la felicidad posible.
…Dios hubiera dicho:
Usted es Libre AHORA
Reproducimos aquí un fragmento del libro “Yo Soy Eso” de Sri Nisargadatta Maharaj, preguntas y respuestas se ensartan para mostrarnos un camino para llegar a nuestra verdadera realidad.
Yo Soy Eso es una carga de profundidad que remueve nuestros cimientos; Sri Nisargadatta Maharaj es preciso y contundente en sus respuestas, y lo que es más importante, no habla con el apoyo de los textos o de la tradición, sino lo que le avala es su vivencia-experiencia.
Sin embargo, ningún libro de enseñanzas espirituales puede reemplazar la presencia del maestro mismo. Sólo las palabras habladas directamente para usted por el Gurú (aquel que da luz en la oscuridad) desalojan su opacidad completamente. En la presencia del Gurú los últimos límites erigidos por la mente se desvanecen. Sri Nisargadatta Maharaj es ciertamente tal Gurú. Él no es un predicador, pero proporciona precisamente esas indicaciones que el buscador necesita. La realidad que emana de él es inalienable y Absoluta. Es auténtica.
Interlocutor: Hay tantas teorías sobre la naturaleza del hombre y del universo. La teoría de la creación, la teoría de la ilusión, la teoría del sueño -un gran número de ellas-. ¿Cuál es la verdadera?
Maharaj: Todas son verdaderas, todas son falsas. Puede usted escoger la que más le guste.
Int: Usted parece favorecer la teoría del sueño.
Mah: Todas estas teorías son maneras de juntar palabras. Algunos favorecen a una manera, otros favorecen a otra. Las teorías no son ni acertadas ni erróneas. Son intentos de explicar lo inexplicable. No es la teoría lo que importa, sino la manera en que se la pone a prueba. Es la prueba de la teoría lo que la hace fructífera. Experimente usted con cualquier teoría que sea de su agrado -si usted es verdaderamente serio y honesto, el logro de la realidad será suyo-. Como un ser vivo usted está atrapado en una insostenible y penosa situación y usted está buscando una salida. Se le están ofreciendo a usted varios planos de su prisión, ninguno de ellos completamente verídico. Todos ellos son de algún valor, pero solo si usted es presa de una seriedad verdadera. Es la seriedad la que libera y no la teoría.
Int: La teoría puede ser extraviadora y la seriedad ciega.
Mah: Su sinceridad le guiará a usted. La devoción a la meta de la liberación y de la perfección le hará a usted abandonar todas las teorías y sistemas y vivir por la sabiduría, la inteligencia y el amor activo. Las teorías pueden ser buenas como puntos de partida, pero deben ser abandonadas, cuanto antes mejor.
Int: Hay un Yogui que dice que para la realización no es necesario el óctuple Yoga; que basta únicamente con el poder de la voluntad. Es suficiente concentrarse sobre la meta con plena confianza en el poder de la voluntad pura para obtener sin esfuerzo y rápidamente lo que a otros les lleva décadas lograr.
Mah: ¡Concentración, plena confianza, pura voluntad! Con tales recursos no hay que sorprenderse de que uno tenga éxito inmediatamente. Este Yoga de la voluntad es idóneo para el buscador maduro, que se ha deshecho de todos los deseos excepto uno. Después de todo, ¿qué es la voluntad sino la firmeza del corazón y de la mente? Dada una firmeza semejante todo puede lograrse.
Int: Siento que ese Yogui no quería significar mera firmeza de propósito, con el resultado de una persecución y aplicación incesantes. Quiere decir que con la voluntad fijada sobre la meta no se necesita ninguna persecución ni aplicación. El mero hecho de querer atrae a su objeto.
Mah: Sea cual fuere el nombre que usted le dé: voluntad, o propósito firme, o concentración de la mente en un solo punto, usted vuelve de nuevo a la seriedad, a la sinceridad, a la honestidad. Cuando usted es presa de una seriedad verdadera, usted pliega cada incidente, cada segundo de su vida a su propósito. Usted no gasta tiempo ni energía en otras cosas. Usted está totalmente dedicado, llámelo usted voluntad, o amor, o simplemente honestidad. Nosotros somos seres complejos, en guerra adentro y afuera. Nos contradecimos a nosotros mismos a cada instante, deshaciendo hoy el trabajo de ayer. No hay que sorprenderse de que no avancemos. Un poco de integridad supondría una gran diferencia.
Int: ¿Qué es más poderoso, el deseo o el destino?
Mah: El deseo da forma al destino.
Int: Y el destino da forma al deseo. Mis deseos están condicionados por la herencia y las circunstancias, por las oportunidades y los accidentes, por lo que nosotros llamamos destino.
Mah: Sí, usted puede decirlo así.
Int: ¿En qué punto soy libre para desear lo que quiero desear?
Mah: Usted es libre ahora. ¿Qué es eso que usted quiere desear? Deséelo.
Int: Por supuesto, yo soy libre para desear, pero no soy libre para actuar según mi deseo. Otros impulsos me descarrían. Mi deseo no es suficientemente fuerte, incluso si tiene mi aprobación. Otros deseos, que desapruebo, son más fuertes.
Mah: Quizás usted se está engañando a usted mismo. Quizás usted está dando expresión a sus deseos reales, y los que usted aprueba se mantienen en la superficie solo por causa de la respetabilidad.
Int: Puede que sea como usted dice, pero esto es otra teoría. El hecho es que yo no me siento libre para desear lo que pienso que debería desear, y cuando me parece que deseo justamente, no actúo en consecuencia.
Mah: Todo se debe a la debilidad de la mente y a la desintegración del cerebro. Recoja y fortalezca su mente y usted encontrará que sus pensamientos y sentimientos, palabras y acciones se alinearán por sí solas en la dirección de su voluntad.
Int: ¡De nuevo un consejo de perfección! ¡Integrar y fortalecer la mente no es una tarea fácil! ¿Cómo comienza uno?
Mah: Usted puede comenzar sólo desde donde usted es. Usted es aquí y ahora, usted no puede salir de aquí y ahora.
Int: ¿Pero qué puedo hacer aquí y ahora?
Mah: Usted puede ser consciente de su ser -aquí y ahora-.
Int: ¿Eso es todo?
Mah: Eso es todo. No hay nada más que hacer.
Int: Durante toda mi vigilia y mis sueños, yo soy consciente de mí mismo. Eso no me ayuda mucho.
Mah: Usted era consciente del pensamiento, del sentimiento, de los hechos. Usted no era consciente de su Ser.
Int: ¿Cuál es el nuevo factor en el cual usted quiere introducirme?
Mah: En la actitud de la presenciación pura, de la observación de los acontecimientos sin tomar parte en ellos.
Int: ¿Qué me hará eso a mí?
Mah: La debilidad de la mente se debe a una falta de inteligencia, de comprensión, que a su vez es el resultado de una no presenciación. Al esforzarse en la presenciación usted recoge la mente y la fortalece.
Int: Yo puedo ser plenamente consciente de lo que está pasando, y sin embargo ser completamente incapaz de influenciarlo de ninguna manera.
Mah: Usted está equivocado. Lo que está pasando es una proyección de su mente. Una mente débil no puede controlar sus propias proyecciones. Por lo tanto, sea consciente de su mente y de sus proyecciones. Usted no puede controlar lo que usted no conoce. Por otra parte, el conocimiento da poder. En la práctica es muy simple. Para controlarse a usted mismo conózcase a usted mismo.
Int: Quizás pueda llegar a controlarme a mí mismo, ¿pero seré capaz de tratar el caos en el mundo?
Mah: No hay ningún caos en el mundo, excepto el caos que su mente crea. Es autocreado en el sentido de que en su centro mismo está la falsa idea de uno mismo como una cosa diferente y separada de las demás cosas. En realidad, usted no es una cosa, ni está separado. Usted es la potencialidad infinita, la posibilidad inagotable. Debido a que usted Es, todo puede ser. El universo es solo una manifestación parcial de su ilimitada capacidad de devenir.
Int: Encuentro que estoy totalmente motivado por el deseo del placer y el miedo del sufrimiento. Por muy noble que sea mi deseo y por muy justificado que esté mi miedo, el placer y el sufrimiento son los dos polos entre los cuales oscila mi vida.
Mah: Vaya usted a la fuente de ambos, del sufrimiento y del placer, del deseo y del miedo. Observe, investigue, intente comprender.
Int: Ambos, el deseo y el miedo son sentimientos causados por factores físicos o mentales. Están ahí, son fácilmente observables. ¿Pero por qué están ahí? ¿Por qué deseo el placer y tengo miedo del sufrimiento?
Mah: El placer y el sufrimiento son estados de la mente. Mientras usted piense que usted es la mente, o más bien, el cuerpo-mente, usted está obligado a formular tales preguntas.
Int: Y cuando me dé cuenta que yo no soy el cuerpo, ¿estaré libre del deseo y del miedo?
Mah: Mientras haya un cuerpo y una mente para proteger al cuerpo, operarán las atracciones y las repulsiones. Estarán ahí, dentro del campo de los acontecimientos, pero a usted no le concernirán. El foco de su atención estará en otra parte. Usted no será distraído.
Int: Sin embargo estarán ahí. ¿Nunca será uno completamente libre?
Mah: Usted es completamente libre incluso ahora. Lo que usted llama destino (karma) es solo el resultado de su propia voluntad de vivir. Cuan fuerte es esta voluntad, usted puede juzgarlo por el horror universal de la muerte.
Int: Las gentes mueren voluntariamente muy a menudo.
Mah: Solo cuando la alternativa es peor que la muerte. Pero tal disposición a morir fluye de la misma fuente que la voluntad de vivir, una fuente más profunda incluso que la vida misma. Ser un ser vivo no es el estado último; hay algo más allá, mucho más maravilloso, que no es ni ser ni no ser, ni vivir ni no vivir. Es un estado de presenciación pura, más allá de las limitaciones del espacio y del tiempo. Una vez que se abandona la ilusión de que el cuerpo-mente es uno mismo, la muerte pierde su terror, deviene una parte del vivir.
Video sobre Sri Nisargadatta Maharaj.
El miedo a la muerte
Este pequeño texto ha sido extraído del libro “Vipassana, El camino de la Meditación Interior”, editado en España por la editorial Kairós, cuyos autores son:
La actitud de la visión mental
Mitsugi Saotome Sensei, alumno directo del fundador del Aikido, tiene su Dojo central en Washington, USA.
El cuerpo es la morada de la vida; la energía la base de la vida; la mente el moderador de la vida. Cuando cualquiera de ellas pierde su lugar, las otras dos sufren.
El cuerpo se malgasta si se lleva a una situación incomoda. La energía se agota si se utiliza de un modo que no conduce a la plenitud. La mente se debilita si se utiliza de forma inapropiada. Es imperativo el vigilar estos tres factores.
Lo que los sabios aprenden es a hacer retornar su naturaleza al principio y dejar que la mente se desplace libre en la apertura. Lo que la gente evolucionada aprende es a unir su naturaleza al inmenso vacío y ser consciente del silencio infinito.
Lo que la gente ordinaria aprende es distinto. Se apegan a las virtudes y constriñen su naturaleza, interiormente se preocupan de sus órganos físicos mientras que externamente atropellan ojos y oídos.
Los sabios utilizan la mente voluntariamente, basándose en su esencia. Con el apoyo del espíritu acaban lo que empiezan. Por ello duermen sin sueño y se despiertan sin problemas.
Los beneficios son fruto de no maquinar; los problemas surgen de la avidez. El daño es fruto de la falta de preparación; la suciedad de la falta de limpieza.
Aquellos cuyas palabras son volubles y sus actos inconsistentes, son gente insignificante.
Aquellos que observan una sola cosa y comprenden un solo Arte, son gente mediocre.
Aquellos con una visión global y un dominio integral de las cosas, que valoran las destrezas y las emplean juiciosamente, son sabios.
En el Arte de la Vía no es posible perseguir la fama mediante la promoción, pero es posible desarrollarse permaneciendo en reclusión. No es posible obtener ventajas con el Arte de la Vía, pero si es posible eludir perjuicios.
Los sabios afrontan las cosas cuando todavía son pequeñas y de este modo pueden dominar lo grande. Perciben las cosas que tienen a mano y de este modo pueden ser conscientes de las cosas que están lejos.
Cuando no hay nada que oculte el espíritu y nada que trastorne la mente, experimentaras una claridad penetrante y una expansión fuera de toda medida. Sereno, sin preocupaciones, no sujeto a nada, tratándolo todo con ecuanimidad y calma, no eres susceptible a que la sensualidad te corrompa.
Maestros Huainan.
Ética demostrada según el orden geométricoSpinoza trata de demostrar un sistema filosófico plenamente coherente, que se esfuerza por ofrecer una imagen vinculada de la realidad y por comprender el significado de una vida ética. Siguiendo un formato lógico paso por paso, definido en torno de la naturaleza de Dios, la mente, la servidumbre humana a las emociones y el poder de la comprensión moviéndose desde la consideración de lo eterno, a especular sobre el lugar de la humanidad en el orden natural, libertad y el camino a la felicidad posible.
…Dios hubiera dicho:
-¡Deja ya de estar rezando y dándote golpes en el pecho! Lo que quiero que hagas es que salgas al mundo a disfrutar de tu vida.
- Quiero que goces, que cantes, que te diviertas y que disfrutes de todo lo que he hecho para ti.
- ¡Deja ya de ir a esos templos lúgubres, obscuros y fríos que tú mismo construiste y que dices que son mi casa!
Mi casa está en las montañas, en los bosques, los ríos, los lagos, las playas.
Ahí es en donde vivo y ahí expreso mi amor por ti.
- Deja ya de culparme de tu vida miserable, yo nunca te dije que había nada mal en ti o que eras un pecador, o que tu sexualidad fuera algo malo.
El sexo es un regalo que te he dado y con el que puedes expresar tu amor, tu éxtasis, tu alegría.
Así que no me culpes a mí por todo lo que te han hecho creer.
- Deja ya de estar leyendo supuestas escrituras sagradas que nada tienen que ver conmigo. Si no puedes leerme en un amanecer, en un paisaje, en la mirada de tus amigos, en los ojos de tu hijito ¡No me encontrarás en ningún libro!
- Confía en mí y deja de pedirme ¿me vas a decir a mí como hacer mi trabajo? Deja de tenerme tanto miedo. Yo no te juzgo, ni te critico, ni me enojo, ni me molesto, ni castigo.
¡Yo soy puro amor!
- Deja de pedirme perdón, no hay nada que perdonar. Si yo te hice... yo te llené de pasiones, de limitaciones, de placeres, de sentimientos, de necesidades, de incoherencias... de libre albedrío, ¿Cómo puedo culparte si respondes a algo que yo puse en ti? ¿Cómo puedo castigarte por ser como eres, si yo soy el que te hice? ¿Crees que podría yo crear un lugar para quemar a todos mis hijos que se porten mal por el resto de la eternidad?
¿Qué clase de dios loco puede hacer eso?
- Olvídate de cualquier tipo de mandamientos, de cualquier tipo de leyes, esas son artimañas para manipularte, para controlarte que sólo crean culpa en ti. Respeta a tus semejantes y no hagas lo que no quieras para ti.
Lo único que te pido es que pongas atención en tu vida, que tu estado de alerta sea tu guía.
- Amado mío, esta vida no es una prueba, ni un escalón, ni un paso en el camino, ni un ensayo, ni un preludio hacia el paraíso. Esta vida es lo único que hay aquí y ahora y lo único que necesitas.
Te he hecho absolutamente libre, no hay premios ni castigos, no hay pecados ni virtudes, nadie lleva un marcador, nadie lleva un registro. Eres absolutamente libre para crear en tu vida un cielo o un infierno.
- No te podría decir si hay algo después de esta vida pero te puedo dar un consejo.
Vive como si no lo hubiera.
Como si esta fuera tu única oportunidad de disfrutar, de amar, de existir.
- Así, si no hay nada, pues habrás disfrutado de la oportunidad que te di.
- Y si lo hay, ten por seguro que no te voy a preguntar si te portaste bien o mal, te voy a preguntar:
¿Te gustó?
¿Te divertiste?
¿Qué fue lo que más disfrutaste?
¿Qué aprendiste?
- Deja de creer en mí, creer es suponer, adivinar, imaginar. Yo no quiero que creas en mí, quiero que me sientas en ti. Quiero que me sientas en ti cuando besas a tu amado, cuando arropas a tu hijita, cuando acaricias a tu perro, cuando te bañas en el mar.
- Deja de alabarme, ¿Qué clase de Dios ególatra crees que soy? Me aburre que me alaben, me harta que me agradezcan.
¿Te sientes agradecido?
Demuéstralo cuidando de ti, de tu salud, de tus relaciones, del mundo.
¿Te sientes mirado, sobrecogido?
¡Expresa tu alegría! Esa es la forma de alabarme.
- Deja de complicarte las cosas y de repetir como perico lo que te han enseñado acerca de mí. Lo único seguro es que estás aquí, que estás vivo, que este mundo está lleno de maravillas.
¿Para que necesitas más milagros?
¿Para qué tantas explicaciones?
No me busques afuera, no me encontrarás. Búscame dentro... ahí estoy latiendo en ti.
Baruch Spinoza.
Usted es Libre AHORA Reproducimos aquí un fragmento del libro “Yo Soy Eso” de Sri Nisargadatta Maharaj, preguntas y respuestas se ensartan para mostrarnos un camino para llegar a nuestra verdadera realidad.
Yo Soy Eso es una carga de profundidad que remueve nuestros cimientos; Sri Nisargadatta Maharaj es preciso y contundente en sus respuestas, y lo que es más importante, no habla con el apoyo de los textos o de la tradición, sino lo que le avala es su vivencia-experiencia.
Sin embargo, ningún libro de enseñanzas espirituales puede reemplazar la presencia del maestro mismo. Sólo las palabras habladas directamente para usted por el Gurú (aquel que da luz en la oscuridad) desalojan su opacidad completamente. En la presencia del Gurú los últimos límites erigidos por la mente se desvanecen. Sri Nisargadatta Maharaj es ciertamente tal Gurú. Él no es un predicador, pero proporciona precisamente esas indicaciones que el buscador necesita. La realidad que emana de él es inalienable y Absoluta. Es auténtica.
Interlocutor: Hay tantas teorías sobre la naturaleza del hombre y del universo. La teoría de la creación, la teoría de la ilusión, la teoría del sueño -un gran número de ellas-. ¿Cuál es la verdadera?
Maharaj: Todas son verdaderas, todas son falsas. Puede usted escoger la que más le guste.
Int: Usted parece favorecer la teoría del sueño.
Mah: Todas estas teorías son maneras de juntar palabras. Algunos favorecen a una manera, otros favorecen a otra. Las teorías no son ni acertadas ni erróneas. Son intentos de explicar lo inexplicable. No es la teoría lo que importa, sino la manera en que se la pone a prueba. Es la prueba de la teoría lo que la hace fructífera. Experimente usted con cualquier teoría que sea de su agrado -si usted es verdaderamente serio y honesto, el logro de la realidad será suyo-. Como un ser vivo usted está atrapado en una insostenible y penosa situación y usted está buscando una salida. Se le están ofreciendo a usted varios planos de su prisión, ninguno de ellos completamente verídico. Todos ellos son de algún valor, pero solo si usted es presa de una seriedad verdadera. Es la seriedad la que libera y no la teoría.
Int: La teoría puede ser extraviadora y la seriedad ciega.
Mah: Su sinceridad le guiará a usted. La devoción a la meta de la liberación y de la perfección le hará a usted abandonar todas las teorías y sistemas y vivir por la sabiduría, la inteligencia y el amor activo. Las teorías pueden ser buenas como puntos de partida, pero deben ser abandonadas, cuanto antes mejor.
Int: Hay un Yogui que dice que para la realización no es necesario el óctuple Yoga; que basta únicamente con el poder de la voluntad. Es suficiente concentrarse sobre la meta con plena confianza en el poder de la voluntad pura para obtener sin esfuerzo y rápidamente lo que a otros les lleva décadas lograr.
Mah: ¡Concentración, plena confianza, pura voluntad! Con tales recursos no hay que sorprenderse de que uno tenga éxito inmediatamente. Este Yoga de la voluntad es idóneo para el buscador maduro, que se ha deshecho de todos los deseos excepto uno. Después de todo, ¿qué es la voluntad sino la firmeza del corazón y de la mente? Dada una firmeza semejante todo puede lograrse.
Int: Siento que ese Yogui no quería significar mera firmeza de propósito, con el resultado de una persecución y aplicación incesantes. Quiere decir que con la voluntad fijada sobre la meta no se necesita ninguna persecución ni aplicación. El mero hecho de querer atrae a su objeto.
Mah: Sea cual fuere el nombre que usted le dé: voluntad, o propósito firme, o concentración de la mente en un solo punto, usted vuelve de nuevo a la seriedad, a la sinceridad, a la honestidad. Cuando usted es presa de una seriedad verdadera, usted pliega cada incidente, cada segundo de su vida a su propósito. Usted no gasta tiempo ni energía en otras cosas. Usted está totalmente dedicado, llámelo usted voluntad, o amor, o simplemente honestidad. Nosotros somos seres complejos, en guerra adentro y afuera. Nos contradecimos a nosotros mismos a cada instante, deshaciendo hoy el trabajo de ayer. No hay que sorprenderse de que no avancemos. Un poco de integridad supondría una gran diferencia.
Int: ¿Qué es más poderoso, el deseo o el destino?
Mah: El deseo da forma al destino.
Int: Y el destino da forma al deseo. Mis deseos están condicionados por la herencia y las circunstancias, por las oportunidades y los accidentes, por lo que nosotros llamamos destino.
Mah: Sí, usted puede decirlo así.
Int: ¿En qué punto soy libre para desear lo que quiero desear?
Mah: Usted es libre ahora. ¿Qué es eso que usted quiere desear? Deséelo.
Int: Por supuesto, yo soy libre para desear, pero no soy libre para actuar según mi deseo. Otros impulsos me descarrían. Mi deseo no es suficientemente fuerte, incluso si tiene mi aprobación. Otros deseos, que desapruebo, son más fuertes.
Mah: Quizás usted se está engañando a usted mismo. Quizás usted está dando expresión a sus deseos reales, y los que usted aprueba se mantienen en la superficie solo por causa de la respetabilidad.
Int: Puede que sea como usted dice, pero esto es otra teoría. El hecho es que yo no me siento libre para desear lo que pienso que debería desear, y cuando me parece que deseo justamente, no actúo en consecuencia.
Mah: Todo se debe a la debilidad de la mente y a la desintegración del cerebro. Recoja y fortalezca su mente y usted encontrará que sus pensamientos y sentimientos, palabras y acciones se alinearán por sí solas en la dirección de su voluntad.
Int: ¡De nuevo un consejo de perfección! ¡Integrar y fortalecer la mente no es una tarea fácil! ¿Cómo comienza uno?
Mah: Usted puede comenzar sólo desde donde usted es. Usted es aquí y ahora, usted no puede salir de aquí y ahora.
Int: ¿Pero qué puedo hacer aquí y ahora?
Mah: Usted puede ser consciente de su ser -aquí y ahora-.
Int: ¿Eso es todo?
Mah: Eso es todo. No hay nada más que hacer.
Int: Durante toda mi vigilia y mis sueños, yo soy consciente de mí mismo. Eso no me ayuda mucho.
Mah: Usted era consciente del pensamiento, del sentimiento, de los hechos. Usted no era consciente de su Ser.
Int: ¿Cuál es el nuevo factor en el cual usted quiere introducirme?
Mah: En la actitud de la presenciación pura, de la observación de los acontecimientos sin tomar parte en ellos.
Int: ¿Qué me hará eso a mí?
Mah: La debilidad de la mente se debe a una falta de inteligencia, de comprensión, que a su vez es el resultado de una no presenciación. Al esforzarse en la presenciación usted recoge la mente y la fortalece.
Int: Yo puedo ser plenamente consciente de lo que está pasando, y sin embargo ser completamente incapaz de influenciarlo de ninguna manera.
Mah: Usted está equivocado. Lo que está pasando es una proyección de su mente. Una mente débil no puede controlar sus propias proyecciones. Por lo tanto, sea consciente de su mente y de sus proyecciones. Usted no puede controlar lo que usted no conoce. Por otra parte, el conocimiento da poder. En la práctica es muy simple. Para controlarse a usted mismo conózcase a usted mismo.
Int: Quizás pueda llegar a controlarme a mí mismo, ¿pero seré capaz de tratar el caos en el mundo?
Mah: No hay ningún caos en el mundo, excepto el caos que su mente crea. Es autocreado en el sentido de que en su centro mismo está la falsa idea de uno mismo como una cosa diferente y separada de las demás cosas. En realidad, usted no es una cosa, ni está separado. Usted es la potencialidad infinita, la posibilidad inagotable. Debido a que usted Es, todo puede ser. El universo es solo una manifestación parcial de su ilimitada capacidad de devenir.
Int: Encuentro que estoy totalmente motivado por el deseo del placer y el miedo del sufrimiento. Por muy noble que sea mi deseo y por muy justificado que esté mi miedo, el placer y el sufrimiento son los dos polos entre los cuales oscila mi vida.
Mah: Vaya usted a la fuente de ambos, del sufrimiento y del placer, del deseo y del miedo. Observe, investigue, intente comprender.
Int: Ambos, el deseo y el miedo son sentimientos causados por factores físicos o mentales. Están ahí, son fácilmente observables. ¿Pero por qué están ahí? ¿Por qué deseo el placer y tengo miedo del sufrimiento?
Mah: El placer y el sufrimiento son estados de la mente. Mientras usted piense que usted es la mente, o más bien, el cuerpo-mente, usted está obligado a formular tales preguntas.
Int: Y cuando me dé cuenta que yo no soy el cuerpo, ¿estaré libre del deseo y del miedo?
Mah: Mientras haya un cuerpo y una mente para proteger al cuerpo, operarán las atracciones y las repulsiones. Estarán ahí, dentro del campo de los acontecimientos, pero a usted no le concernirán. El foco de su atención estará en otra parte. Usted no será distraído.
Int: Sin embargo estarán ahí. ¿Nunca será uno completamente libre?
Mah: Usted es completamente libre incluso ahora. Lo que usted llama destino (karma) es solo el resultado de su propia voluntad de vivir. Cuan fuerte es esta voluntad, usted puede juzgarlo por el horror universal de la muerte.
Int: Las gentes mueren voluntariamente muy a menudo.
Mah: Solo cuando la alternativa es peor que la muerte. Pero tal disposición a morir fluye de la misma fuente que la voluntad de vivir, una fuente más profunda incluso que la vida misma. Ser un ser vivo no es el estado último; hay algo más allá, mucho más maravilloso, que no es ni ser ni no ser, ni vivir ni no vivir. Es un estado de presenciación pura, más allá de las limitaciones del espacio y del tiempo. Una vez que se abandona la ilusión de que el cuerpo-mente es uno mismo, la muerte pierde su terror, deviene una parte del vivir.
Video sobre Sri Nisargadatta Maharaj.
Sri Nisargadatta Maharaj.
El miedo a la muerteEste pequeño texto ha sido extraído del libro “Vipassana, El camino de la Meditación Interior”, editado en España por la editorial Kairós, cuyos autores son:
Joseph Goldstein es uno de los primeros maestros americanos de Vipassana. Cofundador de la Sociedad de meditación de Insight (IMS) con Jack Kornfield y Sharon Salzberg. Es autor de numerosos libros sobre el budismo, profesor residente en IMS y líder en retiros en todo el mundo de la meditación Vipassana.
El otro autor es Jack Kornfield que se formó como monje budista en Tailandia, Birmania e India, y enseña, desde 1974, meditación en distintos países del mundo. Es uno de los maestros más relevantes en la introducción en Occidente del budismo Theravada.
Otro aspecto de nuestra vida que no solemos dejar que aflore a la conciencia es el carácter transitorio de toda experiencia. Cada faceta, cada aspecto de nuestro cuerpo y de nuestra mente -las sensaciones, los pensamientos, las impresiones sensoriales, las emociones, las fantasías y todos los elementos que componen nuestro mundo- se hallan sometidos a un proceso de cambio y flujo constante; todo está sujeto al nacimiento, la decadencia y la muerte. Pero, en la cultura occidental, no solemos mirar cara a cara a la muerte, no nos agrada observar el proceso de la enfermedad y de la vejez y rara vez tenemos la oportunidad de ver un cadáver. Una de las meditaciones tradicionales del budismo consiste en contemplar cadáveres en diversos estadios de descomposición. A primera vista, esto tal vez nos parezca morboso pero lo cierto es que constituye una forma incuestionable de hacernos conscientes de la realidad de la muerte, de abrirnos a la verdad de lo que le ocurre a nuestro cuerpo y de permitirnos trascender cualquier ilusión a este respecto. Casi todo el mundo tiene miedo a la muerte pero ese miedo, en realidad, se debe fundamentalmente al hecho de que no comprendemos con claridad la naturaleza de nuestra mente y de nuestro cuerpo. Por otra parte, el miedo y la resistencia a mirar de frente a la enfermedad y a la muerte pueden ser extraordinariamente poderosos. Creemos que nuestro cuerpo-mente es algo sólido y seguro y no sólo eso sino que solemos identificarnos con ello. Obviamente, desde ese punto de vista, la posibilidad de la muerte del “yo”, de la muerte del ego, resulta aterradora y suele ser experimentada como una traición a nuestras creencias más arraigadas sobre quiénes somos y sobre quién es el que controla la situación.
No obstante, cuando nos abrimos a la naturaleza del proceso de nuestra mente y de nuestro cuerpo descubrimos que éste se halla -literalmente y no un modo metafórico- naciendo y muriendo a cada instante. Entonces nos damos cuenta de que no existe nada sólido, estático ni estable que perdure año tras año, mes tras mes o instante tras instante. Nuestro cuerpo y nuestra mente están creándose y disolviéndose a cada momento. Démonos cuenta de que todas nuestras experiencias -imágenes, sonidos, pensamientos, emociones, sensaciones, olores o sabores- tienen una existencia meramente transitoria. Momento a momento, nuestras experiencias aparecen y se desvanecen, nacen y mueren. Lo único que existe es un proceso de trasformación constante, inmediato y continuo. Y, por más desesperadamente que lo intentemos, no tenemos la menos posibilidad de detener este proceso. Cuando experimentamos directamente este proceso de trasformación, el miedo a la muerte comenzará a desvanecerse porque, en ese mismo instante, comprenderemos que jamás ha existido nada sólido a lo que aferrarse, dejaremos de considerar a la muerte como una especie de error del orden natural de las cosas y podremos llegar a descansar en paz.
J. Goldstein y J. Kornfield.
La actitud de la visión mentalMitsugi Saotome Sensei, alumno directo del fundador del Aikido, tiene su Dojo central en Washington, USA.
El fragmento que presentamos en nuestro blog es de su libro “Los Principios del Aikido”, editado por Paidotribo (www.paidotribo.com) en España.
A menudo, tras haber mostrado una técnica mientras doy una clase y observo cómo practican mis estudiantes, veo que ejecutan movimientos que son completamente distintos de los que les he enseñado. No han observado la sutil pero esencial diferencia entre lo que han visto antes y lo que les he mostrado. Aprender a observar claramente y de verdad no es tan fácil como podría parecer. Incluso a nivel puramente físico, los conceptos preadquiridos de un estudiante pueden vendarle los ojos. Si la gente puede tener tantas dificultades para ver lo que tiene delante de sus ojos, podemos imaginar cuánto más difícil es ser receptivo a las motivaciones mucho más sutiles y elusivas que informan el movimiento físico. La primera tarea del estudiante principiante de Aikido debe ser aprender a ver, a observar con una mente abierta lo que los ojos le dicen y a mantener su espíritu receptivo al significado más profundo que se halla detrás de la técnica.
Creo que adiestrarnos en el arte de la percepción precede a la capacidad para instruirnos con éxito en la técnica básica. Debemos esforzarnos por afilar no solo nuestra capacidad para observar claramente el movimiento físico, sino también nuestra agudeza mental y espiritual. Debemos ser capaces de desarrollar nuestro sentido intuitivo de la intención y del significado que hay detrás de los movimientos que nos muestra el profesor y de ver las cualidades mentales y espirituales que posea. Nunca insistiré bastante en la importancia de seguir estrechamente las instrucciones de nuestro maestro.
Lo que hayamos observado debemos pulirlo mediante la repetición. La repetición es un gran maestro y nos mostrará nuestros errores. Por ejemplo, si estamos practicando suburis, o cortes repetidos, con la espada, no podremos balancear la espada bien si sólo cortamos cinco veces. Hacer mil cortes mal es imposible; nuestro cuerpo se cansará mucho antes de haberlos acabado. Pero si persistimos en nuestra determinación de hacer mil cortes sin detenernos, al final aprenderemos el modo correcto y eficiente de usar la espada, puesto que ejecutar correctamente el movimiento es el único modo posible de lograr llevar a cabo un número tan grande de repeticiones. Sólo mediante la práctica aumentará nuestro nivel de comprensión de las técnicas. El maestro no puede responder con el intelecto a las preguntas de nuestro cuerpo. Para aprender Aikido, debemos ejecutar los movimientos que se nos muestran una y otra vez hasta que nuestro cuerpo nos enseñe cuál es la forma acertada y natural del movimiento y nos permita absorber el conocimiento que nos da nuestro instructor.
Mitsugi Saotome.
Si se desea adquirir este texto, haga clic.
El Poste Universal
Este poema se asocia a un ejercicio que no incluye movimientos, lo enmarcamos dentro del estilo de Chi-Kung Zhan Zhuang o del Tai Chi Chuan. Se practica en una postura estática que se mantiene durante una hora después de la práctica diaria.
Es un tipo de meditación que se realiza de pie y representa la mente sobre el cuerpo.
Es un tipo de meditación que se realiza de pie y representa la mente sobre el cuerpo.
El poste universal es una forma mística de arte marcial.
Nunca se puede comprender cómo se practica en su totalidad.
Aparece como un abrazo, con una sonrisa en la cara.
Aplicando un vigor interior.
Estoy relajado, sin recurrir a la fuerza.
Como nubes flotando al viento por todas partes.
Uso fuerzas del universo, y mi fuerza se hace sólida.
La potencia viene de la respiración.
Sin afirmarme, dejando mucho espacio para moverme.
Sin ceder ante fuerzas mayores.
Con motivos tan suaves, tan naturales.
Ni la respiración, ni los movimientos de las extremidades se verán bloqueados.
Es como moverse en el vacío.
Yendo y viniendo por las más altas cumbres, entre las nubes.
Deslizándome por el aire y por las nubes.
Flotando con el viento.
Con gracia, aunque sosegado.
Siempre mantengo mi calma, mi paz.
La cabeza erguida, con dignidad.
Abrazo al mundo que tengo debajo.
Tan claro y puro como un arroyo subterráneo.
Como plomo trasformado en oro, enfilando hacia la luna.
Me miro en un espejo antiguo, para ver mi alma con detalle.
Mi copa está llena hasta rebozar.
Totalmente liberado de obstáculos, liberado de mí ser.
Puedo volar como si tuviera alas.
De cara hacia horizontes sin límites.
Como lanzando un guijarro al agua.
Los círculos se hacen más y más grandes.
Con mis manos puedo descubrir los límites del Universo.
El abrazo viene del interior.
El Cielo, la Tierra y los diez mil seres cautivan mi imaginación.
Con los ojos mirando al exterior, con determinación.
Hacia arriba y hacia abajo, mi fuerza fluye.
Empujo y abrazo sin cesar.
Mis pensamientos serán puros.
Así mi mente será clara.
Así se eliminarán todas las enfermedades.
Siempre regresando al centro.
Atacando o defendiendo espontáneamente.
Mi voluntad será como el acero.
El precepto es fortalecerse.
Ir en busca de la felicidad y la salud.
Mi cuerpo se beneficia de ello.
Esto ha sido legado por los antiguos.
Esta forma de ejercicio proporcionará beneficios ilimitados.


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