Textos para Reflexionar

Con este apartado en nuestro Blog, pretendemos hacer reflexionar a nuestros lectores con pequeños fragmentos de textos tanto marciales como espirituales.

Son pequeños destellos de sabiduría encaminados a despertar nuestra comprensión en el Camino de la Vía.



 Comenzamos una sección dedicada a sentencia de samuráis famosos. En esta primera entrega pondremos una serie de citas de: Shiba Yoshimasa (1349-1410), pertenecía al clan de los Minamoto, que fueron los líderes en el shogunato de Kamakura. Shiba en estas sentencias pretende el desarrollo de la moral y del aspecto psicológico del guerrero como fortaleza interior, para ello utiliza los conceptos del budismo, el sintoísmo y el confucionismo.
 
El segundo es Ichijo Kaneyoshi (1402-1481), perteneciente al clan Fujiwara. Ichijo era un experto en sintoísmo y budismo, y su tendencia es aplicar los valores de estas religiones para suavizar las restricciones producidas por la fuerte jerarquizaciones dentro del clan.

Y el tercero de esta primera entrega es Nakae Toju (1608-1648), personaje curioso por su forma de actuar, ya que en un momento de su vida decidió no servir a ningún señor feudal, lo cual hizo que llevara una vida bastante frugal porque carecía de fuentes de ingresos. Pero quizás eso le dio el tiempo para dedicarse a la enseñanza local, que era si verdadera pasión, de ahí su insistencia en lo paralelo de la cultura y la milicia.

Esperamos que con estas gotas de sabiduría vista desde distintas ópticas les inviten a la reflexión del Camino.

Sentencias de samuráis famosos, 1ª parte

Shiba Yoshimasa (1349-1410).

 - Los guerreros no deben ser nunca irreflexivos ni distraídos, sino que deben llevar las cosas con previsión.
        - El carácter y el corazón de las personas saltan a la vista en su conducta constante; por eso, aunque no te vea nadie, piensa que las paredes tienen ojos y no bajes la guardia.
        - Antes debes emular a un mal padre que a un buen extraño; así se transmite la cultura de una familia y de esta forma se da a conocer como el legado de una persona.
        - El mal carácter es la mayor deshonra en una persona. Por mucho que te irrites, lo primero que debes pensar es en calmar la mente y distinguir la razón de la sinrazón. Si ves que tú tienes la razón, es justo que te enfades.
        - Es bueno estar dispuesto a cambiar cuando no tienes la razón.
        - Es mejor criticar lo que merece criticarse, aun conservando la tranquilidad mental, y decir lo que hay que decir, sin que te tomen por una persona ignorante y sin opinión propia.
        - Las personas dotadas de sabiduría y de inteligencia tienen perspicacia a la hora de emplear a los demás.
        - Los que practican la meditación sentada, como hacen los monjes, son brillantes en todos los asuntos, aunque ellos no sean agudos por su naturaleza.
        - Para que perdure el resentimiento hay que ser una persona retorcida.
        - No debes intentar nunca evitar el trabajo del momento solo porque sea peligroso.
        - En términos generales, cuando el combate tiene posibilidades de ser fácil, deja que el otro bando dé el primer paso. Cuando va a ser difícil, debes considerar que es solo tarea tuya, aunque requiera un centenar de intentos.
        - La conducta engañosa es particularmente mala en el combate.

Ichijo Kaneyoshi (1402-1481).

 - No hay nadie, por exaltado o modesto que sea su origen, que no tenga padres.
        - Como hijos de alguien que somos, ya que nuestros padres nos han confiado nuestro propio cuerpo, cuidar el mismo y comportarse de modo que no suframos heridas ni enfermedades sería un acto de conducta filial.
        - La sinceridad no solo significa una mente recta. Si la mente se distorsiona, toda la conducta se distorsiona.
        - La bondad es el deseo de aliviar el sufrimiento; la compasión es el deseo de dar felicidad.
        - En los discursos de Confucio se lee que el vino, en sí mismo, no tiene medida concreta, salvo la de no llegar a la conducta desordenada.
        - Los que se han apoderado por la fuerza de las tierras de los monasterios y de los santuarios se han dejado llevar por el vicio, despreocupándose, al parecer, de su reputación en las generaciones futuras.
        - Como la administración supone miles de asuntos, no se puede tolerar ni un día ni dos de descuido. Abandonarlos del todo sería una perversión.

Nakae Toju (1608-1648).

 - La cultura y la milicia son un carácter unitario, no son cosas separadas. Así como la fuerza creativa del universo es una energía única en la que se distingue en Yin y el Yang, del mismo modo la sensibilidad y la eficacia de la naturaleza humana son una cualidad única en la que se distingue lo cultural y lo marcial. La cultura sin milicia no es cultura verdadera; la milicia sin cultura no es milicia verdadera.
        - El ideograma que representa la palabra “guerrero” está compuesto de una combinación de dos caracteres que significan “arma” y “detener”. Como la milicia está al servicio de la cultura, la raíz de la guerra del militar es la cultura.
        - La cultura es otra manera de llamar al camino del humanitarismo; la milicia es otra manera de llamar al camino de la justicia.
        - La cultura como la milicia tienen raíz y tienen rama, a saber, la virtud y el arte.
        - Cuando te esfuerces aprender primero la virtud, la raíz fundamental, para practicar después las artes derivadas.
        - Hay personas que parecen blandas, tranquilas y despreocupadas, pero tienen ánimo y arrojo en la acción militar. Esto es lo que se llama valor oculto.
        - Por otra parte, hay personas que tienen una apariencia feroz y severa como demonios, pero resultan de una cobardía excepcional.
        - Si vistes a una oveja con una piel de tigre, puede tener un aspecto feroz, pero, como debajo hay una oveja, su conducta, a diferencia de su aspecto, es mansa.
        - Pretender aprender las ramas sin la raíz sería un desequilibrio.
        - Es mejor pasar por alto las derivaciones y aprender los fundamentos.
        - El valor de la sed de sangre no distingue entre razón y fuerza, entre justicia e injusticia.


 Desiderata, del latín plural de desideratum. De acuerdo con la definición dada por el diccionario de la Real Academia Española, la voz desiderata significa "conjunto de las cosas que se echan de menos y se desean". En este caso debemos entenderlo como "las cosas que son deseables para nuestro bienestar". No queda duda del acierto en el nombre del trabajo.

 Max Ehrmann, 1872-1945, abogado y filósofo estadounidense formado en Harvard. Luego de su muerte, en 1948, su viuda publicó el libro "Los poemas de Max Ehrmann" que incluía la Desiderata.

En 1912 abandonó la abogacía para volcarse íntegramente en la literatura. Habitando -junto a su esposa- una cómoda casa, donde pasó sus últimos 33 años como poeta y filósofo. A los 55 años, habría escrito el afamado texto que aquí les presentamos.

El origen -ya que no existe evidencia contundente-, las discusiones se hallan en torno de tres probables orígenes:

 1. Encontrado en la vieja iglesia de Saint Paul, Baltimore. Fechado en 1692.

 2. Escrito por Max Ehrmann en 1927 y hecho el depósito de propiedad intelectual en 1948 por su viuda, Betty.

3. Escrito en latín en la pared de piedra de la torre de la campana de la iglesia de St. Paul. La contribución de Ehrmann fue la de traducir al inglés y publicitar el material. Betty Ehrmann registró legalmente la obra para ganar control económico sobre su distribución.

De lo que no caben dudas es sobre el registro realizado por la viuda ya que en 1975 la iglesia anglicana ganó un pleito que devolvió la Desiderata al dominio público. Hay plena constancia del suceso legal. Durante años el documento se vendió y se vende como anónimo encontrado en la Iglesia de Saint Paul, Baltimore, 1693.

El reverendo Frederick W. Kates, rector desde 1956 a 1961 de la iglesia de Saint Paul, Baltimore, Maryland, incluyó el texto en una colección de poemas de su congregación y con esto, al parecer, comenzó a difundirse masivamente.

Lo importante es que el bello resultado de la Desiderata está para que lo disfrutemos a cada momento, y tal vez, por esas cosas extrañas del destino, tenga varios orígenes al mismo tiempo.

Desiderata

  Camina plácidamente entre el ruido y la prisa
        y piensa en la paz que se puede encontrar en el silencio.

 En cuanto sea posible y sin rendirte,
        Mantén buenas relaciones con todas las personas.

Enuncia tu verdad en una manera, serena y clara;
        y escucha a los demás, incluso al torpe e ignorante,
        también ellos tienen su propia historia.

Esquiva a las personas ruidosas y agresivas,
        Pues son un fastidio para el espíritu.

 Si te comparas con los demás,
        te volverás vano y amargado
        pues siempre habrá personas más grandes y más pequeñas que tu.

Disfruta de tus éxitos lo mismo que de tus planes.
        Mantén el interés en tu propia carrera,
        que por humilde que sea,
        ella es un verdadero tesoro en el fortuito cambiar de los tiempos.

Sé cauto en los negocios,
        pues el mundo está lleno de engaños,
        más no dejes que esto te vuelva ciego para la virtud que existe.

Hay muchas personas que se esfuerzan por alcanzar nobles ideales.
        La vida está llena de heroísmo.

 Sé sincero contigo mismo,
        en especial no finjas en el afecto y no seas cínico en el amor,
        pues en medio de todas las arideces y desengaños, es perenne como la hierba.

Acata dócilmente el consejo de los años,
        abandonando con donaire las cosas de la juventud.

Cultiva la firmeza del espíritu para que te proteja en las adversidades repentinas.

Muchos temores nacen de la fatiga y la soledad.
        Sobre una sana disciplina, sé benigno contigo mismo.

Tu eres una criatura del Universo, no menos que las plantas y las estrellas, tienes derecho a existir.

Y sea que te resulte claro o no,
        Indudablemente el Universo marcha como debiera.

Por eso debes estar en paz con Dios,
        cualquiera sea tu idea de Él,
        y sean cualesquiera tus trabajos y aspiraciones.

Conserva la paz con tu alma en la bulliciosa confusión de la vida,
        que aun con toda su farsa, penalidades y sueños fallidos, el mundo es todavía hermoso.

Sé cauto.

 ¡Esfuérzate por ser feliz¡

Desiderata, en inglés


        Go placidly amid the noise and the haste,
        and remember what peace there may be in silence.
        
        As far as possible, without surrender,
        be on good terms with all persons.
        Speak your truth quietly and clearly;
        and listen to others,
        even to the dull and the ignorant;
        they too have their story.
        Avoid loud and aggressive persons;
        they are vexatious to the spirit.
        
        If you compare yourself with others,
        you may become vain or bitter,
        for always there will be greater and lesser persons than yourself.
        Enjoy your achievements as well as your plans.
        Keep interested in your own career, however humble;
        it is a real possession in the changing fortunes of time.
        
        Exercise caution in your business affairs,
        for the world is full of trickery.
        But let this not blind you to what virtue there is;
        many persons strive for high ideals,
        and everywhere life is full of heroism.
        
        Be yourself. Especially do not feign affection.
        Neither be cynical about love,
        for in the face of all aridity and disenchantment,
        it is as perennial as the grass.
        
        Take kindly the counsel of the years,
        gracefully surrendering the things of youth.
        Nurture strength of spirit to shield you in sudden misfortune.
        But do not distress yourself with dark imaginings.
        Many fears are born of fatigue and loneliness.
        
        Beyond a wholesome discipline,
        be gentle with yourself.
        You are a child of the universe
        no less than the trees and the stars;
        you have a right to be here.
        And whether or not it is clear to you,
        no doubt the universe is unfolding as it should.
        
        Therefore be at peace with God,
        whatever you conceive Him to be.
        And whatever your labors and aspirations,
        in the noisy confusion of life,
        keep peace in your soul.
        
        With all its sham, drudgery, and broken dreams,
        it is still a beautiful world.
        Be cheerful. Strive to be happy.


 Las enseñanzas de Krishnamurti (1895-1986) ilumina -con extraordinaria riqueza de enfoques- algo que es de suma importancia: cada ser humano puede resolver sus diversos problemas solamente por sí y para sí mismo. Es éste un mensaje que nuestro mundo actual necesita comprender profundamente.

Krishnamurti no ofrecía un “filosofía”, sino la posibilidad de que el ser humano quedara libre de todos los sistemas, de las cadenas de la ideología y de las opiniones populares, de las religiones organizadas, de la tiranía de la mente y de la del cuerpo.

        Esta dominación se ve muy bien en esta charla sobre “Qué es el pensar”, donde hace un profundo análisis sobre esa acción, tan simple, pero a la vez tan compleja que condiciona toda nuestra existencia.

¿Qué es el pensar?

Veamos ahora qué es el pensar, la importancia de ese pensamiento que debe emplearse con cuidado, con lógica y cordura (es nuestro trabajo diario), y aquel que no tiene importancia alguna. A menos que conozcamos bien ambas clases, no podremos comprender algo mucho más profundo que el pensamiento no puede tocar. Tratemos, pues, de comprender toda esta compleja estructura de lo qué es el pensar, qué es la memoria, cómo se origina el pensamiento y cómo condiciona todas nuestras acciones. Al comprender todo esto tal vez lleguemos a encontrarnos con algo que el pensamiento nunca ha descubierto, y a lo cual no puede abrirle la puerta.

        ¿Por qué ha llegado a ser el pensamiento tan importante en nuestras vidas, el pensamiento que es sólo ideas, que es la respuesta a los recuerdos acumulados en las células del cerebro? Tal vez muchos de ustedes ni siquiera se han formulado tal pregunta, o si lo han hecho puede que hayan dicho: “Es de muy poca importancia; lo importante es la emoción”. Pero yo no veo cómo pueden separarse los dos. Si el pensamiento no da continuidad al sentimiento, éste muere con gran rapidez. Entonces, ¿por qué en nuestras vidas diarias, nuestras vidas rutinarias, aburridas y atemorizadas, ha asumido el pensamiento importancia tan desmedida? Pregúnteselo usted mismo, como yo me lo estoy preguntando: “¿Por qué es uno esclavo del pensamiento, del sagaz e ingenioso pensamiento, que puede organizar las cosas, ponerlas en marcha, que ha inventado tanto, engendrado tantas guerras, creado tanto temor, tanta ansiedad, que está siempre formando imágenes y yendo y viniendo de un lado para otro inútilmente; el pensamiento que ha disfrutado el placer del ayer, dándole continuidad en el presente y también en el futuro; el pensamiento que siempre está activo, parloteando, cambiando, creando, añadiendo, quitando, suponiendo?”.

        Las ideas se han vuelto mucho más importantes para nosotros que la acción; las ideas tan ingeniosamente expresadas en libros por los intelectuales de todas las esferas. Cuanto más artificiosas y sutiles son esas ideas, más culto les rendimos, así como a los libros que las contienen. Nosotros somos esos libros, somos esas ideas, porque hemos sido profundamente condicionados por ellos. Siempre estamos discutiendo ideas e ideales y ofreciendo opiniones con convencimiento. Toda religión tiene su dogma, su fórmula, su propio andamiaje para llegar a los dioses. Y cuando inquirimos acerca del origen del pensamiento, estamos cuestionando la importancia de toda esta estructura de ideas. Hemos separado las ideas de la acción, porque las ideas son siempre del pasado, y la acción es siempre del presente. Es decir, el vivir es de manera invariable el presente. Tenemos miedo a vivir, y por eso el pasado -o sea, las ideas- se han vuelto tan importantes para nosotros.

        En realidad es muy interesante observar el funcionamiento de nuestro propio pensar, simplemente observar cómo se piensa, de dónde nace esa reacción a la que llamamos pensar. Es evidente que viene de la memoria. ¿Hay realmente un origen del pensamiento? Si lo hay, ¿podemos descubrir ese origen, es decir, el de la memoria? Porque si no tuviéramos memoria no tendríamos pensamiento.

        Hemos visto cómo el pensamiento alimenta y da continuidad a un placer que tuvimos ayer, y cómo lo contrario del placer, que es el dolor y el temor, también se nutren del pensamiento. De modo que el experimentador, que es el pensador, es el placer y el dolor y, asimismo, la entidad que nutre al placer y al dolor. El pensador separa el placer del dolor. No ve que con la misma búsqueda del placer está atrayendo al dolor y al temor. En las relaciones humanas el pensamiento está siempre exigiendo placer, que encubre con diferentes palabras, tales como lealtad, ayuda, donación, sostenimiento, servicio. Yo me pregunto por qué queremos servir. El surtidor de gasolina ofrece buen servicio. ¿Qué significan las palabras ayudar, dar, servir? ¿Qué hay en todo esto? ¿Acaso una flor llena de belleza, luz y encanto dice: “Estoy dando, ayudando, sirviendo”? ¡Ella está ahí! Y porque no está tratando de hacer nada, su belleza cubre la Tierra.

        El pensamiento es tan astuto, tan ingenioso, que distorsiona todo para su propia conveniencia. La urgencia de placer lo lleva a su propia esclavitud. El pensamiento engendra dualidad en todas nuestras relaciones. En nosotros está la violencia que nos da placer, pero hay también deseo de paz, de ser amable y cortés. Esto es lo que sucede siempre en nuestras vidas. El pensamiento no sólo engendra esta dualidad en nosotros, esta contradicción, sino que también acumula los innumerables recuerdos placenteros y dolorosos que hemos tenido, y nace de nuevo en virtud de los recuerdos. Así pues, el pensamiento es el pasado, el pensamiento es siempre viejo, como ya he dicho antes.

        Como nos enfrentamos a todos los retos en función del pasado -cuando el reto es siempre lo nuevo-, ese enfrentamiento es algo totalmente inadecuado y en consecuencia lo que cosechamos es contradicción, conflicto, desdicha y dolor.

        Nuestro pequeño cerebro está en conflicto con todo lo que hace. Ya sea que aspire, imite, se reprima, se adapte, se ensalce, tome drogas para expansionarse, haga lo que haga, se encuentra en estado de conflicto y producirá conflictos.

        Aquellos que piensan mucho son muy materialistas, porque el pensamiento es materia. Es materia como lo son el suelo, la pared o el teléfono. La energía que funciona dentro de un patrón se vuelve materia. Existe la energía y la materia: eso es todo lo que constituye la vida. Podemos pensar que el pensamiento no es materia, pero sí lo es. El pensamiento es materia, lo mismo que la ideología. Donde hay energía, ésta se vuelve materia. La materia y la energía están relacionadas entre sí. La una no puede existir sin la otra, y mientras más armonía hay entre las dos, más equilibrio y más actividad hay en las células del cerebro. El pensamiento ha establecido esta pauta de placer, dolor, temor, y dentro de ella ha estado actuando durante miles de años. No puede romper la pauta porque él la ha creado.

        El pensamiento no puede ver un hecho nuevo. Puede comprenderlo más tarde, verbalmente, pero la comprensión de un hecho nuevo no es una realidad para él. Jamás puede resolver el pensamiento un problema psicológico. Por listo, astuto, erudito que sea, no importa la estructura que haya creado por medio de la ciencia o por un cerebro electrónico, o a través de la compulsión o la necesidad, el pensamiento nunca es nuevo y, por tanto, jamás podrá dar respuesta a una pregunta que sea realmente importante. El viejo cerebro no puede resolver el gigantesco problema del vivir.

        El pensamiento es tramposo porque puede inventar cualquier cosa, y ver cosas que no son. Puede hacer funcionar los trucos más extraordinarios y, por tanto, no podemos confiar en él. Pero si usted comprende toda la estructura de cómo piensa, por qué piensa, las palabras que usa, la manera en que se conduce en la vida diaria, la forma de hablar y de tratar a la gente, sus hábitos de caminar, de comer; si usted se da cuenta de todas estas cosas, su mente no le engañará; entonces no hay engaño posible. La mente, entonces, no es algo que exige, que subyuga; se vuelve extraordinariamente serena, flexible, solitaria, y en ese estado no habrá decepción alguna.

        ¿Ha notado usted alguna vez que cuando se halla en estado de completa atención cesa el observador, el pensador, el centro, el “yo”? En ese estado de atención, el pensamiento empieza a desvanecerse.

        Si quiere ver una cosa con mucha claridad, la mente debe estar muy serena, sin prejuicios, sin el parloteo, el diálogo, las imágenes y las representaciones; todo eso hay que desecharlo para observar. Y únicamente en el silencio puede usted observar el origen del pensamiento, no cuando está buscando, haciendo preguntas, esperando respuestas. Así pues, solamente cuando usted esté en completo silencio, en todo su ser, y después de que se haya preguntado: “¿Cuál es el origen del pensamiento?”, será cuando comenzará a ver, desde ese silencio, cómo se va formando el pensamiento.

Jiddu Krishnamurti.

 Entrevista a Krishnamurti en 1968: ¿Es posible vivir con total lucidez? Por Dr. Huston Smith.

        


  Redes Neurociencias (Cómo construimos los recuerdos) Eduard Punset.

        


 Jâtaka en pâli significa nacimiento, pero designa también un género literario dotado de forma específica: las narraciones de los nacimientos anteriores del Buddha Gotama, y aun, por extensión, cada una de estas narraciones. El Jâtaka es una de las colecciones más antiguas de relatos budistas, y está fechado hacia los siglos II y III A.C.

En este caso nosotros presentamos tres cuentos, con una enseñanza propia cada uno de ellos.

Jâtaka.

 La tortuga y los gansos

 - Ven con nosotros, amiga tortuga.

 Dijeron un día dos gansos salvajes a una vieja tortuga que vivía en una charca del Himalaya.

 - Tenemos una bonita vivienda en una cueva de oro de la montaña Cittakuntta.

 - No tengo alas, -contestó la tortuga-, ¿cómo podría llegar a vuestra casa?

  - ¿Puedes mantener la boca cerrada? -preguntaron los gansos-.

  - Desde luego que sí, -contestó-.

 - Sostén este palo, pues, entre los dientes, -dijeron los gansos-, y nosotros tomaremos cada uno de los extremos con nuestros picos y te llevaremos por el aire.

Y se fueron volando por encima de las cumbres de las montañas, con el mundo entero extendiéndose bajo ellos. Después de algún tiempo, volando sobre los tejados de Benarés.

 - “¡Que extraño! -Exclamaron riendo unos niños que los veían pasar-: unos gansos llevan por el aire a una tortuga”.

Doña Tortuga, oyendo estas palabras, se puso muy agitada y un pequeñito fuego de ira empezó a arder en su corazoncito.

  - “¿Qué importa si me llevan por el aire?”, -gritó-.

Naturalmente no pudo hablar sin abrir la boca; sus dientes dejaron de agarrar el palo y la pobre Doña Tortuga cayó, yendo a parar al patio del palacio del rey. En un instante, toda la corte se movilizó. Ministros, nobles y guardias reales se asomaron por todas las ventanas, por todas las puertas. La nueva fue llevada al rey, quien se levantó de su trono y fue hasta el patio con su consejero, un prudente hombre de la corte.

 - “¡Pobre tortuga!, -exclamó el rey-, ¿cuál es la causa de que cayera en este patio y se rompiera el bello caparazón verde? Dime -dijo a su consejero-, ¿de dónde ha caído y por qué?”.

Ahora bien, se daba la circunstancia de que el rey tenía la costumbre de hablar mucho. Era bondadoso y de buen corazón, pero en su presencia era difícil que alguien consiguiera decir una sola palabra. Así, el consejero, que conocía la razón de la caída de la tortuga, pensó: “Aquí tengo la ocasión de darle una lección a nuestro hablador rey”.

 - “Señor, dijo, unas aves llevaban a la tortuga por el aire sosteniendo un palo con sus picos, al cual ella se agarraba con sus dientes. La tortuga oyó a los niños de la ciudad que se reían de ella. Esto, sin duda, la irritó y no pudo contenerse de replicarles, con lo cual se desasió del palo y cayó. Esta es la suerte que les está reservada a los que no pueden refrenar su lengua”.

Estas palabras penetraron en el corazón del rey; sabía que la lección iba dirigida a él, y desde aquel día, sus palabras fueron pocas y prudentes: hablaba sólo cuando era el momento de hablar, y vivió feliz por siempre jamás.

 La prueba del maestro

 - “Soy pobre y débil, dijo un día un maestro a sus discípulos, pero vosotros sois jóvenes, y yo os enseño: es deber vuestro, por lo tanto, conseguir el dinero que vuestro viejo maestro necesita para vivir”.

  - “¿Cómo podemos hacer eso? -preguntaron los discípulos-. La gente de esta ciudad son tan poco generosas que sería inútil pedirles ayuda”.

 - “Hijos míos, -contestó el maestro-, existe un modo de conseguir dinero, no pidiéndolo, sino cogiéndolo. No sería pecado para nosotros robar, pues merecemos más que otros el dinero. Pero, ¡ay!, yo soy demasiado viejo y débil para hacerlo”.

 - “Nosotros somos jóvenes -dijeron los discípulos- y podemos hacerlo. No hay nada que no hiciéramos por usted, querido maestro. Decidnos sólo cómo hacerlo y nosotros obedeceremos”.

 - “Sois jóvenes -dijo el maestro- y es poca cosa para vosotros el apoderaros de la bolsa de algún hombre rico. Así es cómo debéis hacerlo: escoged algún lugar tranquilo donde nadie os vea, y luego agarrad a un transeúnte y coged su dinero, pero no lo lastiméis”.

- “Vamos inmediatamente”, dijeron todos los discípulos excepto uno, que había estado callado, con la mirada baja.

 El maestro miró a ese joven discípulo y dijo:

 - Mis otros discípulos son valientes y están deseosos de ayudarme, pero a ti poco te preocupa el sufrimiento de tu maestro.

 - Perdonadme, maestro, -contestó-, pero el plan que nos habéis explicado me parece irrealizable; éste es el motivo de mi silencio.

 - ¿Por qué es irrealizable? -preguntó el maestro-.

 - Porque no existe lugar alguno en el que no haya nadie que nos vea, -contestó el discípulo-; incluso, cuando estoy solo mi Yo me observa. Antes cogería una escudilla e iría a mendigar que permitir que mi Yo me viera robar.

 A estas palabras, el rostro del maestro se iluminó de gozo. Estrechó a su joven discípulo entre sus brazos y le dijo: “Me doy por dichoso si uno solo de mis discípulos ha comprendido mis palabras”.

Sus otros discípulos, viendo que su maestro había querido ponerlos a prueba, bajaron la cabeza avergonzados.

 Y desde aquel día, siempre que un pensamiento indigno les venía a la mente, recordaban las palabras de su compañero: “Mi Yo me ve”.

Así se convirtieron en grandes hombres, y todos ellos vivieron felices por siempre jamás.

La riña de las codornices

¡Oíd esos gritos lastimeros que atraviesan cada día el silencioso bosque! ¡Ah!, son los gemidos de seis mil codornices. ¡Pobres aves! Cada día llega un hombre del pueblo y las cubre con una red cuando se posan en el suelo. Después de arrojar la red, la recoge, atrapando así a centenares de codornices, que lleva al pueblo para venderlas.

Ahora bien, un día la reina Codorniz dijo: “No lloréis más, pequeñas mías. Si hacéis caso de las palabras de vuestra reina, no os atrapará nunca. Cuando arrojen la red sobre vosotras, pasad las cabezas por los agujeros y levantad el vuelo todas juntas, elevando así la red en el aire. Si entonces os posáis sobre una montaña erizada de púas, éstas mantendrán la red por encima del suelo y vosotras podréis escapar por debajo antes de que el aldeano llegue a la montaña. Hacedlo como yo os digo, y todas os salvaréis. Pero si algún día se levanta una riña entre vosotras, y empezáis a pelearos, ese día, ¡ay!, os atraparan y nunca más volveréis a ver el bosque”.

Las codornices hicieron tal como su reina les había aconsejado, y cada día, el aldeano volvía a su casa sin un real, y su mujer se enfadaba muchísimo.

 - “No te preocupes -le dijo una noche a su mujer-. Esas perversas codornices se pelearán un día de éstos, y entonces las atraparé fácilmente”.

Y sucedió que un día una codorniz le pisó la cabeza a otra.

 - “¡Te voy a dar lo que te mereces!”, gritó enfurecida la codorniz lastimada, saltando sobre la otra y golpeándole en las alas. “Fuera de aquí, fuera”, gritaba.

La reina Codorniz, viendo la pelea, dijo a las demás: “No nos quedemos aquí. Estas dos infelices seguro que acabarán mal”. Y se fue volando con ellas que hicieron caso de su advertencia.

Y mientras las dos codornices seguían peleándose, una extraña nube oscura cayó sobre sus cabezas: ¡era la red!

Muchas más fueron atrapadas con ésta y llevadas al pueblo para ser sacrificadas. Pero la prudente reina Codorniz y aquellas que escucharon su consejo nunca fueron atrapadas. Y en el pequeño y silencioso bosque, vivieron todas felices por siempre jamás.

Jâtaka.



Esta selección de pensamientos que hemos realizado a nuestro libre albedrío sobre la obra de Séneca no parece que sea de casi 25 siglos atrás. Da la sensación como si fuera nuestro vecino de al lado quien nos lo comenta; más que nada por los “cultos modernos” tan en boga actualmente, como por ejemplo el de juzgar a las personas por lo que tienen: “El mayor de los necios quien estima al hombre por su ropa o por su condición social”. Pero no queda ahí, en estos tiempos de crisis profunda y que todos nos lamentamos echando la culpa al de al lado también es tajante: “Cosas son de los hombres y no de los tiempos. Ninguna edad estuvo libre de culpa”.

 Otro aspecto producto de nuestro trajín en esta sociedad moderna es el creernos que basando nuestra existencia en poseer cosas es nuestro “vivir pleno”, ahí también golpea sin piedad: “Todos quieren vivir felices, pero en cuanto a enterarse de qué sea lo que hace feliz la vida andan a ciegas”.

Es nuestro deseo que con todas estas sentencias de Séneca se produzca en nuestros lectores una catarsis, y como tal, una toma de autoconciencia nueva para disfrutar más nuestro día a día: “Aprender las virtudes es desprender los vicios”.

Pensamientos, por Lucio Anneo Séneca.

Diré cosas provechosas aun para los que no quieran oírlas.

Nadie hay que, cuando favorece a otro, no se favorezca a sí mismo.

 Es menester vivir con más rectitud para vivir más felizmente.

A muchos les parece que los filósofos prometemos cosas mayores que las que caben en la condición humana; pero esto lo piensan esos tales porque sólo atienden al cuerpo. ¡Vuelva su atención al alma y juzgará al hombre a la medida de Dios!

Así como es tonto quién, habiendo de comprar un caballo, no examina el caballo mismo, sino sus arreos, así también es el mayor de los necios quien estima al hombre por su ropa o por su condición social, que a modo de ropa le rodea.

Te equivocas si piensas que la corrupción y el olvido de las buenas costumbres y todo lo que cada cual reprocha a su época se han de achacar a nuestro siglo. Cosas son de los hombres y no de los tiempos. Ninguna edad estuvo libre de culpa.

 Esté el hombre preparado a afrontar cualquier fortuna; sea el artífice de su propia vida.

 Lo que evidencia nuestra estupidez es que creemos comprar sólo las cosas por las que soltamos dinero y llamamos gratuitas a aquellas por las que nosotros mismos nos gastamos.

 Lo que sobre todo nos impide alcanzar la perfección es que enseguida estamos contentos de nosotros mismos.

Tal es el lenguaje de los hombres cual es su vida.

No creen que se haga nunca lo que ellos son incapaces de hacer: según su propia flaqueza juzgan la virtud.

 Los hombres, a un tiempo, aman sus vicios y los odian.

 Hay que decidir qué es lo que queremos hacer y perseverar en ello.

 A esos que dicen: “¿Hasta cuándo siempre lo mismo?”, respóndeles: “¿Hasta cuándo seguiréis cometiendo las mismas faltas?”.

Al hombre laborioso ningún día se le hace largo.

 No porque sean difíciles no nos atrevemos a algunas cosas, sino que son difíciles porque no nos atrevemos a ellas.

 El no querer es la causa; el no poder, el pretexto.

Todos quieren vivir felices, pero en cuanto a enterarse de qué sea lo que hace feliz la vida andan a ciegas.

 ¡Quieres vivir!, pero, ¿acaso sabes vivir?

 Hay que aprender mientras se ignore… así que, mientras vivas, habrás de aprender la manera de vivir.

 El hombre agobiado por sus quehaceres en nada se ocupa menos que en vivir, y eso que la ciencia del vivir es la más difícil.

Siempre está a la espera del futuro quien no sabe aprovechar el presente.

 Algunos no viven, sino que están siempre a la espera de vivir: todo lo aplazan.

 Algunos comienzan cuando ya es hora de acabar; ¡terminaron de vivir antes de haber empezado!

 Lo que haya de durar mi vida no depende de mí; que durante ese tiempo viva yo realmente, esto sí que depende de mí.

 ¿De qué le sirve a uno ochenta años basados en la desidia? Ese tal no ha vivido, sino que ha pasado inerte por la vida; ni puede decirse que ha muerto tarde, sino que ha estado muerto durante mucho tiempo. No vivió, sino que duró ochentas años; a no ser que digas que vivió como se dice que viven los árboles.

 Tampoco creas que alguien haya vivido mucho porque tenga canas o arrugas: no ha vivido mucho, sino que ha durado mucho.

 En cuanto a la brevedad de nuestras vidas, comparadas con la eternidad, todos, jóvenes y viejos, somos iguales… y este tiempo que vivimos es próximo a la nada; sin embargo, ¡oh locura nuestra!, disponemos de él con despreocupación.

Cuesta toda la vida aprender a vivir y, lo que quizás te extrañe más aún, aprender a morir.

Nos engañamos al mirar la muerte como cosa futura: gran parte de ella ya ha pasado. Cuanto de nuestra vida quedó atrás pertenece a la muerte. Aun alargándose su duración, la vida pasa corriendo.

Cada día morimos: cada día se nos quita alguna parte de la vida, e incluso cuando crecemos nuestra vida decrece.

 Los más fluctúan míseros entre el miedo a la muerte y el miedo a los tormentos de la vida, y ni quieren vivir ni saben morir.

 Impongamos serenidad a nuestro ánimo y paguemos sin queja el tributo de la mortalidad.

 Tú estás ocupado; la vida pasa deprisa; llegará entre tanto la muerte y, para ella, quieras o no, tendrás que vacar de tus quehaceres.

 ¡Infeliz, que eres esclavo de los hombres y de las cosas, que eres esclavo de la vida, puesto que la vida, si no hay valor para morir, es una esclavitud!

 Cada día y a cada instante nos vamos muriendo.

   Ese día “de la muerte”, que cual último temes tanto, es el de tu eterno natalicio.

Lucio Anneo Séneca.




En este mismo apartado ya hemos publicado sobre Saotome Sensei. En este caso, este corto pero revelador fragmento del texto: “Aikido o la Armonía de la Naturaleza”, que fue publicado por la editorial Kairós 1994 en España.

Hemos elegido un trozo del capítulo once que hemos titulado “Kihon Waza”, la razón de ello es que es muy revelador para la formación básica, tanto en el papel del tori como del uke. Los consejos que ofrece el Sensei Saotome son inestimables para los que comienzan, y por qué no, también para los veteranos o experimentados, -para no olvidar-.

 Si cualquier alumno tiene presente este pequeño fragmento tendrá la inmunidad que ofrece la tradición para asegurar su correcta evolución, no solo en la técnica, si no en la actitud, que es lo realmente importante.

Kihon Waza, por Mitsugi Saotome.

Aikido es tan vasto como el mismo Universo. Cada técnica de base tiene muchas aplicaciones y métodos de practicarla con vista a producir resultados diferentes. Por ejemplo, si se insiste en el control del espacio, Ikkyo no tendrá su forma de base puramente técnica y será ejecutada de un punto de vista diferente.

 La enseñanza de O Sensei evolucionaba y cambiaba sutilmente día a día, de año en año. La experiencia, la práctica diaria, expandía el campo del saber. Sin embargo, al comparar dos Ikkyos enseñados con diez años de intervalo, la diferencia era enorme, aun cuando la técnica pudiera parecer idéntica. Se perfeccionaba su espíritu y su filosofía. En la práctica cotidiana, ponía toda su energía, su experiencia, su visión, sus oraciones. Quienes sólo se interesaban por la forma no llegaban a percibir la evolución interior. Para interpretar la enseñanza de un maestro se debe poseer una percepción particular, ver más allá de la forma, llegar hasta el corazón. Los Kihon Waza presentan ciertas dificultades, para comprenderlos es necesario descubrir y verificar personalmente la verdad de sus principios. El estudio de las propiedades y las reacciones de la energía, así como de la evolución de la fuerza física en el propio cuerpo, permite comprender más profundamente los principios. Cada movimiento de los Kihon Waza es el elemento de base que sirve para catalizar la evolución espiritual.

En tanto no sepáis atacar correctamente, vuestra reacción ante un ataque no será apropiada. Sólo la adaptación a la técnica permite estudiar las reacciones y la dinámica de la energía. Al atacar, dais a vuestro compañero la oportunidad de reaccionar y perfeccionar su técnica. A su vez, podéis obtener enseñanzas preciosas y detectar sus puntos fuertes y débiles. A medida que progresáis, iréis comprendiendo las razones por las cuales un movimiento no resulta efectivo y cómo, a través de un cambio sutil, puede convertirse en una herramienta eficaz. Todos los errores, los propios y los ajenos, ayudan a progresar.

 En el marco de una clase, el profesor enseña técnicas y los alumnos trabajan el mismo movimiento con el fin de asimilar el mecanismo de defensa adecuado. Al saber lo que debe hacer, el uke (el que recibe la técnica, -el que ataca-) no tiene dificultades en anticiparse y detener el movimiento. No obstante, dicha forma de trabajo es ímproba y debería desecharse. Cada técnica ha sido concebida para el estudio de una dirección particular. La técnica depende de la asimilación de la fuerza del atacante. Si el uke resiste, no hay posibilidad de cambio y no puede explotarse la aplicación de la técnica. El ataque debe ser franco y sincero, debe emanar del centro de dos compañeros con un espíritu totalmente fresco y lúcido. El ataque debe ejecutarse con suma concentración, como si se tratase del primero y el último. Solo cuenta el momento presente.

En Jiu Waza (es el trabajo libre que se realiza sobre una técnica) se acentúa la importancia de la espontaneidad. En efecto, cualquier ataque es bueno en tanto sea sincero. Pero los Kihon Waza constituyen la base de todo movimiento espontáneo y, por tanto, debe observarse estrictamente el proceso de práctica.

 En las clases de un nivel más elevado, la resistencia se convierte en un elemento importante de la práctica. No se trata de desarrollar un espíritu competitivo. La resistencia debe manifestarse en el momento oportuno, con honradez total, de lo contrario es peligrosa y perjudicial. El arte de la esquiva del ukemi (la técnica de rodamiento para hacer la práctica segura) es el primer paso en el estudio del Aikido. A menudo he visto a practicantes bloquear en el momento menos favorables, revelando sus puntos débiles, exponiéndose así a atemis (golpes) en los costados o la cara y resistiendo fuerzas que fácilmente pueden dislocar un hombro, el codo o romper la muñeca. Esto no tiene ninguna relación con la autodefensa o la práctica, es una expresión de estupidez ciega.

Corresponde al uke no dejar aberturas y protegerse. Para lograrlo, debe llevar el ataque hasta el final y aceptar el ukemi, estar disponible y consciente de lo que sucede a su alrededor, presto a reaccionar al de-ai siguiente. Hace falta mucha experiencia para sacar provecho de la resistencia, es necesario aprender a andar antes de echarse a correr.

 El trabajo del ukemi se concibe de forma que el impacto del rodamiento no recaiga exclusivamente sobre una parte del cuerpo. El contacto se hace desde el hombro a la cadera opuesta bajo la forma de una voltereta. En lugar de caer sobre la espalda, en una posición vulnerable, uno puede levantarse enseguida en posición de hanmi. En contraste con las caídas brutales de Judo, el movimiento circular utilizado en Aikido protege los riñones y la zona del hígado. Los rodamientos constituyen, de hecho, un masaje y una flexibilización de los hombros, la espalda y los muslos. A veces, incluso pueden resolver problemas de lordosis y escoliosis. Contribuye a la estimulación sanguínea y, al esparcirse la energía por todo el cuerpo, se eliminan toxinas. Además, es un ejercicio excelente para desarrollar el campo visual y el sentido del equilibrio. En general, los mejores ukes son los mejores técnicos (nage).

 Para convertirse en un buen uke es necesario, ante todo, saber evaluar las capacidades del compañero. Atacar con una fuerza desmesurada a un principiante es una aberración. No podrá reaccionar a tiempo y, técnicamente, no habrá obtenido ningún provecho. Atacar con una fuerza superior a la que es capaz de soportar como uke, es igualmente desaconsejable. Un buen ataque no es forzosamente veloz o fuerte sino que debe ser sincero y estar bajo control, adaptado a la situación del compañero.

Nage es quien ejecuta la técnica, quien realiza el acto de arrojar. Es quien asume la mayor responsabilidad en el control. Debe aprender a conocer el umbral de dolor de su compañero y ajustar el movimiento. En este momento se aprende el significado de la práctica del Budo, “proteger el karma del enemigo”. Se trata de proteger al individuo que amenaza nuestra vida y que, al mismo tiempo, os brinda la oportunidad de perfeccionar vuestra técnica.

En el fragor de una acción marcial es esencial transcender el “yo”. Cada movimiento ofrece la ocasión de una autorrevisión. Es la lucha interior lo que el principiante se retrasa en percibir. No se trata de desafiar al compañero sino de desafiarse a uno mismo, por ello es necesario percibir las vibraciones del compañero. El movimiento debe ser la aplicación intuitiva de la energía universal.

Mitsugi Saotome.



Cicerón, personaje controvertido, dado que se podría decir de él que no atinó a dar con el lugar y las alianzas adecuadas cuando vivía. Su época, que muchos podrían identificar con la nuestra: transición política, agitaciones sociales, de trasformación ideológica, etc., solo le permitió refugiarse en la escritura. Quizás para buscar tanto para sí mismo como para sus conciudadanos una guía para esos momentos tan difíciles.

Su influjo en el humanismo, movimiento que inaugura la Edad Moderna, se deja notar en todos los campos, donde todavía permanece. Conceptos que nos parecen tan actuales -y que, en efecto, lo son- como la solidaridad, tan necesaria en estos tiempos de crisis profunda de ese humanismo que hemos olvidado, y que Cicerón consideraba inherente a la condición humana.

La selección que hemos hecho entre algunos de sus escritos, -subjetiva y que hemos titulado “Sentencias”-, esperamos que dejen huella entre todos nuestros lectores.

Marco Tulio Cicerón. Sentencias.

 La filosofía de la antigüedad sostiene que la felicidad radica únicamente en la virtud, pero la felicidad no es absoluta si no se suman a ella los bienes corporales y todos los otros necesarios para poder ejercerla. (Cuestiones académicas, I. VI).

 Nadie es virtuoso si no ejerce la virtud de continuo. (Cuestiones académicas, I. X).

Si es que la sabiduría se puede alcanzar, dediquémonos no sólo a perseguirla, sino también disfrutemos de ella. (Sobre los límites de los bienes y de los males, I. I).

Si nos gusta escribir, ¿quién nos querrá tanto mal que nos haga desistir de ello? (Sobre los límites de los bienes y de los males, I. I).

El sabio siempre se guía en estos asuntos de la siguiente forma: rechaza el placer para conseguir otros mayores, o bien soporta males para evitar otros peores. (Sobre los límites de los bienes y de los males, I. X).

Los deseos son insaciables: son causa de ruina no sólo de individuos, sino de familias enteras; incluso, con frecuencia sacuden los cimientos del estado. (Sobre los límites de los bienes y de los males, I. XIII).

Y los deseos no sólo se exhiben hacia fuera, ni únicamente se lanzan ciegos a luchar contra los otros, sino que encerrados en el corazón surge entre ellos la discordia y el combate: (Sobre los límites de los bienes y de los males, I. XIV).

El aprecio y el afecto son gratificantes porque hacen la vida más segura y más plena de placeres. (Sobre los límites de los bienes y de los males, I. XVI).

Si las alegrías de la vida se ven disminuidas por las enfermedades más graves del cuerpo, ¡cuánto más deberán verse menguada por las enfermedades del alma! (Sobre los límites de los bienes y de los males, I. XVIII).

 La codicia vana y sin tasa de riquezas, de fama, de poder, de placeres libidinosos no es sino enfermedad del espíritu. (Sobre los límites de los bienes y de los males, I. XVIII).

Los codiciosos no recuerdan los bienes pasados ni disfrutan de los presentes; sólo esperan los futuros, que como resultan por la fuerza inciertos, les llevan a consumirse de angustia y temor. (Sobre los límites de los bienes y de los males, I. XVIII).

 Aunque el dolor es un mal, carecer de dolor no es suficiente para vivir bien. (Sobre los límites de los bienes y de los males, II.XIII).

 La naturaleza ha engendrado en el hombre también el deseo de contemplar la verdad. (Sobre los límites de los bienes y de los males, II. XIV).

 Si el provecho es la causa de la amistad, el provecho la destruirá. (Sobre los límites de los bienes y de los males, II. XXIV).

Pero la cuestión no es qué comportamiento concuerda con tu carácter, sino con tus principios. (Sobre los límites de los bienes y de los males, II. XXV).

El entero objetivo de la filosofía es la consecución de la felicidad. (Sobre los límites de los bienes y de los males, II. XXVII).

La opinión estoica es que la felicidad, que implica vivir en armonía con la naturaleza, es cuestión de aprovechar la ocasión. (Sobre los límites de los bienes y de los males, III. XVIII).

Es menester que el hombre, por la humanidad compartida, sienta que nada de otro hombre le es ajeno. (Sobre los límites de los bienes y de los males, III. XIX).

De igual modo que empleamos los miembros de nuestro cuerpo antes de haber aprendido para qué los tenemos, así estamos unidos y aliados por naturaleza en una comunidad civil. (Sobre los límites de los bienes y de los males, III. XX).

 Debemos reflexionar quiénes somos para mantenernos fieles a nuestro propio carácter. (Sobre los límites de los bienes y de los males, IV. X).

 Pensaba que para ser digno de la filosofía y de nosotros mismos, particularmente cuando tratamos del sumo bien, deberíamos enmendar nuestra vida, nuestras inclinaciones y nuestras voluntades, no corregir la terminología. (Sobre los límites de los bienes y de los males, IV. XIX).

 ¿Qué es más evidente que el hombre no sólo se quiere a sí mismo, sino que se quiere con todas sus fuerzas? (Sobre los límites de los bienes y de los males, V. XI).

El oráculo de Apolo nos demanda que nos conozcamos a nosotros mismos, pero la única vía para ello es conocer nuestras propias fuerzas, del cuerpo y la mente, y seguir esa vida que las haga emplear a fondo. (Sobre los límites de los bienes y de los males, V. XVI).

Transgredir es traspasar la línea, lo cual una vez hecho supone haber cometido una falta. (Paradojas de los estoicos, III. 20).

 En nuestra vida deberíamos considerar no qué pena corresponder a cada falta, sino cuánto le está permitido a cada uno. (Paradojas de los estoicos, III. 25).

 ¿Distingues al conciudadano del extranjero por su raza y procedencia en lugar de por su carácter y sus acciones? (Paradojas de los estoicos, IV. 29).

Marco Tulio Cicerón.




Fragmentos del prefacio del primer Doshu, Kisshomaru Ueshiba, para la edición del texto: “Aikido, Etiqueta y Transmisión”.

 ...Uno de los más prestigiosos Shihanes de aikido del mundo, Tamura Nobuyoshi, publica una obra consagrada al corazón (Kokoro) y a la etiqueta, destinada a todos los practicantes que reciben su enseñanza. Este libro llega justo en el momento para responder a aquellos que se interrogan por la profunda naturaleza humana y que se interesan de forma más precisa por el aikido.

  …Estoy convencido de que la obra del Maestro Tamura, un libro venido del corazón, lleno de fuerza porque está impregnado de aikido, no sólo se dirige a los practicantes de aikido sino también a los hombres de corazón, para lo que su lectura será de lo más edificante. Mi mayor deseo es que cada uno lo lea.

El enseñante.

 Huelga decir que lo principal cuando se enseña el aikido es ser un buen profesor. El enseñante debe trabajar de forma técnica, pero también es necesario que se esfuerce por progresar espiritual y moralmente, para abrir de forma correcta los ojos del corazón y así convertirse en un buen ejemplo ante la mirada de sus alumnos. A continuación se señalan unos cuantos puntos para meditar sobre ellos.

La pasión

 Hay que corregir los defectos técnicos y espirituales de los alumnos como si fueran sus hijos, como si fuera usted mismo, ayudarles a avanzar en la dirección correcta y consagrarse a ella en cuerpo y alma. Sepa que nada se puede conseguir sin pasión.

Formar una unidad con los alumnos

 Es importante conocer los deseos de los alumnos, sus necesidades y lo que se les ha de aportar.

 Es innecesario decir que hace falta un profundo amor para que este espíritu se pueda desarrollar. Hay que unir el espíritu de uno mismo al de los alumnos y tratar de progresar conjuntamente, procurando practicar con alegría e intensidad.

La delicadeza

 Enseñar es aprender, pero para aprender hay que enseñar con sinceridad. Hay que enseñar con esa delicadeza que hace que nos alegremos de la enseñanza recibida y se experimente el agradecimiento.

Dar un ideal y confianza en sí mismo

 Enseñar es dar un modelo técnico y espiritual ideal y, sobre todo, trasmitir a todos las ganas de alcanzarlo.

El agradecimiento

 ¡Alégrese de los progresos técnicos, del desarrollo físico y espiritual de sus alumnos!

 ¡Alégrese de que en la práctica diaria no se hayan producidos lesiones ni daños!
 Esté agradecido por lo que su posición de enseñante le ha llevado a reflexionar, a estudiar y progresar técnica y espiritualmente. Agradezca también a los alumnos que han hecho posible sus progresos.

Desarrollar el carácter positivo

  Es preferible variar la enseñanza sin por ello enseñar todo ni cualquier cosa, haciéndolo de tal manera que el alumno no sienta hastío ni aburrimiento, sino que encuentre sin cesar alimentos nuevos.

 Es bueno despertar en el principiante las ganas de trabajar sin desalentarlo por el riesgo de lesionarse o por dolores excesivos, sino más bien interesándolo progresivamente por la práctica.

Las buenas relaciones y la búsqueda conjunta entre los enseñantes

Los enseñantes deberían reunirse para intercambiar sus experiencias y el resultado de sus investigaciones sin prejuicios ni ideas preconcebidas.

 Es ridículo que la gente que enseña la Vía de la armonía y la paz se dedique a disputas mezquinas entre ellos. Los problemas de ejecución de las técnicas o de fuerza relativa carecen de todo interés. ¡Lo que importa no es la fuerza de ejecución, sino la adecuación al principio!
 Una técnica que sólo pueda ejecutarse por una persona fuerte no tiene ningún interés general. No hay que olvidar que a una técnica le corresponden varias maneras de ejecución, y que las condiciones de ejecución varían con el ataque del adversario.

Captar y transmitir correctamente el principio del aikido

 No se puede decir que el buen profesor sólo sea aquel que físicamente es más fuerte que los demás o aquel que posee técnicas buenas. Mediante una enseñanza basada en una comprensión justa y clara del principio se podrá guiar los alumnos sin equivocación.

Tamura Nobuyoshi.




 Marco Aurelio nace el 26 de abril del año 121 d.C. en el seno de una familia aristocrática que cuenta con la confianza del emperador. Desde su primera infancia parece destinado a ocupar puestos relevantes en el Imperio y muy temprano comienza a integrarse en lo más alto de la vida ciudadana.

Adoptado como hijo por su tío, el emperador Antonino que había sucedido a Adriano al mando del Imperio, en el l6l, tras la muerte de Antonino, se reparte con su hermano adoptivo Lucio Vero la sucesión imperial.

 Marco Aurelio era frugal en su vida y su tiempo libre lo dedicaba al estudio. Las Meditaciones no nos ilustran sobre los acontecimientos acaecidos en su época de emperador, sino que son breves pinceladas dispersas sobre sus gustos y anhelos, soliloquio espiritual y filosófico de un emperador preocupado por construir una “ciudadela interior” que corriera mejor fortuna que su Imperio.

Lo que el hombre de hoy encuentra en Marco Aurelio no se puede reducir a una sola línea temática, sino que el texto se ofrece a una multitud de mensajes, -aquí presentamos una brevísima muestra-. Estas reflexiones son entorno a un mundo en permanente cambio, a un mundo en crisis, y la necesidad de aferrarse a unos valores constantes, inalterables y propios.

 Sin duda el lector actual aprende, en Marco Aurelio, a sobrevivir, se le invita a abandonar viejos miedos (la muerte, los otros, el bien y el mal) y, en un auténtico alarde, a ser sociable.

Meditaciones.

De mi padre: la mansedumbre y la firmeza serena en las decisiones profundamente examinadas. El no vanagloriarse con los honores aparentes; el amor al trabajo y la perseverancia; el estar dispuesto a escuchar a los que podían hacer una contribución útil a la comunidad. El distribuir sin vacilaciones a cada uno según su mérito. La experiencia para distinguir cuando es necesario un esfuerzo sin desmayo, y cuándo hay que relajarse.(I. 16).

 El alma del hombre se afrenta, sobre todo, cuando, en lo que de ella depende, se convierte en pústula y en algo parecido a una excrecencia del mundo. Porque enojarse con algún suceso de los que se presentan es una separación de la naturaleza, en cuya parcela se albergan las naturalezas de cada uno de los restantes seres. En segundo lugar, se afrenta también, cuando siente aversión a cualquier persona o se comporta hostilmente con intención de dañarla, como es el caso de las naturalezas de los que montan en cólera. En tercer lugar, se afrenta, cuando sucumbe al placer o al pesar. En cuarto lugar, cuando es hipócrita y hace o dice algo con ficción o contra la verdad. En quinto lugar cuando se desentiende de una actividad o impulso que le es propio, sin perseguir ningún objetivo, sino que al azar e inconsecuentemente se aplica a cualquier tarea siendo así que, incluso las más insignificantes actividades deberían llevarse a cabo referidas a un fin. Y el fin de los seres racionales es obedecer la razón y la ley de la ciudad y constitución más venerable. (II. 16).

No consumas la parte de la vida que te resta en hacer conjeturas sobre otras personas, de no ser que tu objetivo apunte a un bien común; porque ciertamente te privas de otra tarea; a saber, al imaginar qué hace fulano y por qué, y qué piensa y qué trama y tantas cosas semejantes que provocan tu aturdimiento, te apartas de la observación de tu guía interior. (III. 4).

 Ni actúes contra tu voluntad, ni de manera insociable, ni sin reflexión, ni arrastrado en sentidos opuestos. Con la afectación del léxico no trates de decorar tu pensamiento. Ni seas extremadamente locuaz, ni polifacético. Más aún, sea el dios que en ti reside protector y guía de un hombre venerable, ciudadano, romano y jefe que a sí mismo se ha asignado su puesto, cual sería un hombre que aguarda la llamada para dejar la vida, bien desprovisto de ataduras, sin tener necesidad de juramento ni tampoco de persona alguna en calidad de testigo. Habite en ti la serenidad, la ausencia de necesidad de ayuda externa y de la tranquilidad que procuran otros. Conviene, por consiguiente, mantenerse recto, no enderezado. (III.5).

Nunca estimes como útil para ti lo que un día te forzará a transgredir el pacto, a renunciar al pudor, a odiar a alguien, a mostrarte receloso, a maldecir, a fingir, a desear algo que precisa paredes y cortinas. Porque la persona que prefiere, ante todo, su propia razón, su divinidad y los ritos del culto debido a la excelencia de ésta, no representa tragedias, no gime, no precisará soledad ni tampoco aglomeraciones de gente. Lo que es más importante: vivirá sin perseguir ni huir. Tanto si es mayor el intervalo de tiempo que va a vivir el cuerpo con el alma unido, como si es menor, no le importa en absoluto. Porque aun en el caso de precisar desprenderse de él, se irá tan resueltamente como si fuera a emprender cualquier otra de las tareas que pueden ejecutarse con discreción y decoro; tratando de evitar, en el curso de la vida entera, sólo eso, que su pensamiento se comporte de manera impropia de un ser dotado de inteligencia y sociable. (III. 7).

Venera la facultad intelectiva. En ella radica todo, para que no se halle jamás en tu guía interior una opinión inconsecuente con la naturaleza y con la disposición del ser racional. (III. 9).

 No hagas nada al azar, ni en desacuerdo con los principios del arte de vivir con perfección. (IV. 2).

Se buscan retiros en el campo, en la costa y en el monte. Tú también sueles anhelar tales retiros. Pero todo eso es de lo más vulgar, porque puedes, en el momento que te apetezca, retirarte en ti mismo. En ninguna parte un hombre se retira con mayor tranquilidad y más calma que en su propia alma; sobre todo aquel que posee en su interior tales bienes, que si se inclina hacia ellos, de inmediato consigue una tranquilidad total. (IV. 3).

No consideres las cosas tal como las juzga el hombre insolente o como quiere que las juzgues; antes bien, examínalas tal como son en realidad. (IV. 11).

No actúes en la idea de que vas a vivir diez mil años. La necesidad ineludible pende sobre ti. Mientras vives, mientras es posible, sé virtuoso. (IV. 17).

Cuánto tiempo libre gana el que no mira qué dijo, hizo o pensó el vecino, sino exclusivamente qué hace él mismo, a fin de que su acción sea justa, santa o enteramente buena. No dirijas la mirada a negros caracteres, sino corre directo hacia la línea de meta, sin desviarte. (IV. 18).

Marco Aurelio.




  Presentamos una primera selección -según nuestra subjetividad- del texto Viveka Chudamani -La Suprema Joya del Discernimiento, de Adi Sankaracharya.

En Sankara se da una paradoja: su vida aparentemente contradice su enseñanza. El Maestro que predicaba la renuncia al mundo, la no-acción; no se encerró en una gruta del Himalaya. El recorrió sin tregua el país, escribió prolíficamente e instruyó a sus discípulos, propagando su doctrina.

 Heredero directo del gran sabio upanishádico Yajñavalkia, Sankara es el símbolo de la acción triunfante. El hizo suyas las declaraciones de la encarnación divina, Krishna, en el Gita, III 22.

“No hay nada en los tres mundos, ¡Oh, Arjuna, que no haya sido hecho por Mí, ni tampoco hay nada que tenga que alcanzar, porque lo tengo todo. Sin embargo; aún actúo.”

Entre los diversos escritos que Sankara legó a la humanidad como prueba póstuma de su sabiduría, el Viveka Chudamani es una de sus obras más relevantes y quizá la más comprensible para el público en general -al cual iba dirigida-, especialmente para aquellos que, sin tener un gran conocimiento del Vedanta y del contenido de los grandes textos sagrados del Shruti y Smriti, sentían un fuerte deseo por alcanzar la realización.

 Los aspirantes al Conocimiento Supremo encontraban en el Viveka Chudamani una guía teórica y práctica para comenzar a dar los primeros pasos en dirección al descubrimiento de la Verdad.

 VIVEKA significa “discriminación o discernimiento”; CHUDA significa “cresta o cima” y MANI significa “Joya”. Por lo tanto la traducción más aproximada sería “La joya suprema del discernimiento”. Igual que la joya que corona la cúspide de una diadema es el más significativo de todos los ornamentos que pueda llevar una dama, de la misma forma, el presente tratado es una obra maestra entre los trabajos conocidos que abordan el discernimiento entre lo Real y lo Irreal.

Viveka Chudamani

Aunque se conozcan todas las escrituras y se realicen todos los cultos y adoraciones a las distintas deidades, de nada vale todo eso a menos de que se experimente identidad con el Atman (Atman: Es la esencia eterna y universal que constituye la verdadera identidad del hombre y que no es otra cosa más que Brahman mismo morando dentro de él, con todas sus cualidades de omnipotencia, omnipresencia y omnisciencia. Es ese Ser real que el Maestro muestra al discípulo al revelarle el Supremo Conocimiento -Raja Vidya-. En el Gita se dice que una vez conocido eso ya no queda nada más por conocer.) a través del Conocimiento Supremo; y de ninguna otra manera se puede experimentar esa identidad ni aunque viviera durante cien Brahmas (Brahmas: Con esto se quiere expresar una gran cantidad de tiempo, pues un día de Brahma equivale a 432 millones de años humanos, y cada Brahma vive cien años divinos) juntos.

No hay esperanza alguna de alcanzar la inmortalidad mediante la acumulación de riquezas, así lo declaran los Vedas. Y también explican muy claramente que las acciones por sí solas no pueden ser la causa de la liberación.

Por eso, el hombre lúcido hace tanto esfuerzo como puede por alcanzar la liberación. Después de renunciar al deseo de placer que provoca en él los objetos externos, acercándose debidamente a un Maestro bueno y generoso, fija su mente en la verdad que él le revela.

Que el sabio y el lúcido, una vez que haya comenzado la práctica del conocimiento del Atman, renuncie a todos los frutos de sus acciones e intente cortar para siempre los lazos que lo atan al nacimiento y la muerte.

Las acciones sólo nos ayudan a purificar la mente, pero no a perseguir la Realidad. La realización de la Verdad se obtiene mediante el discernimiento, jamás mediante la acción; ni aunque realizásemos diez millones de acciones.

 Mediante el discernimiento adecuado se obtiene el conocimiento de qué es la Realidad, del mismo modo que se pone fin al tremendo miedo y angustia que causa en una mente confusa la forma de una soga al confundirla con una serpiente.

El éxito de este camino depende esencialmente de que el aspirante esté bien preparado. El tiempo, el lugar y los demás aspectos de esa índole son factores meramente secundarios.

El hombre que sabe discernir entre lo real y lo irreal, cuya mente se ha apartado de lo irreal haciéndole poseedor de la paz de espíritu y todas las virtudes que ésta conlleva, y siente un profundo anhelo por la liberación; sólo este hombre puede considerarse calificado para hablar sobre Brahman.

 Concerniente a esto, los sabios han hablado de cuatro medios para alcanzar este estado; sólo cuando se poseen estos cuatro medios puede alcanzarse devoción por Brahman, de lo contrario nuestro intento será fallido.

El primero es la capacidad de discriminación (viveka) entre lo real y lo irreal; el siguiente es la renuncia (vairagya) al goce de los frutos de nuestras propias acciones, tanto aquí como en el más allá; después de éste, viene el grupo de los seis atributos, (tranquilidad, ecuanimidad, entrega, constancia, fe y amor); y por último los sabios hablan muy claramente sobre el anhelo sincero por alcanzar la liberación (Mumukshuta).

Vairagya o renunciación es el deseo de renunciar a todos los goces transitorios que se dan dentro del espectro de experiencia perceptible, que va desde el mero hecho de tener un cuerpo vivo, hasta los que se obtienen una vez alcanzado el estado de Brahma, mediante las prácticas espirituales o bien recibiendo instrucciones del Maestro.

La práctica de mantener la mente fija sobre su meta (Brahman), después de haberla separado de los diversos objetos de los sentidos mediante la continua observación de los defectos que éstos tienen, se llama Shama o calma.

 A la práctica del autocontrol se le llama Dama, y consiste en retirar los órganos de la acción (las cuerdas vocales, las manos, las piernas, los órganos genitales y de la evacuación) y también los del conocimiento o percepción (los ojos, la nariz, los oídos, la lengua y la piel) de aquellos objetos que los atraen dirigiendo la energía hacia sus centros respectivos, a lo cual se llama Uparati. El mejor uparati o recogimiento, consiste en no permitir que la mente se excite ante los estímulos de los objetos externos.

El sobrellevar todo tipo de aflicciones sin preocuparse en deshacerse de ellas, permaneciendo al tiempo en una actitud ecuánime, libre de ansiedad o lamentación, es lo que se conoce con el nombre de Titiksha o imperturbabilidad.

 Los sabios llaman Shradha o fe a la verdadera aceptación de las instrucciones contenidas en las escrituras y especialmente las impartidas por el Gurú, una vez comprobada su veracidad a través de la práctica y de la propia experiencia.

Adi Sankaracharya.


 


  Kisshomaru Ueshiba (1921-1999) hijo del fundador del Aikido -Morihei Ueshiba- además fue quien representaba el cargo de Doshu (heredero de la tradición marcial dentro del Aikido).

Nació en Ayabe, prefectura de Kioto (Japón), estudió ciencias económicas en la universidad de Waseda.

Fue el tercer hijo de Morihei Ueshiba y el único que sobrevivió, a la Segunda guerra mundial (1939- 1945) y a diversas enfermedades. En 1942 se hizo cargo de la dirección del Kokuban Dojo. En 1967 lo nombraron presidente del Aikikai. El 14 de junio de 1970 fue nombrado Aiki Doshu, siguiendo con el legado de su padre. Gracias a él, el Aikido tuvo una gran expansión por Europay América. Murió en 1999 a los 77 años, y fue sucedido por el nieto del fundador, su hijo Moriteru Ueshiba.

 Su gran contribución al Aikido, fue el crear el primer currículo estándar para la difusión del arte mediante el sistema de grados Kyu - Dan dentro del Aikikai. Así como dar una perspectiva moderna al arte por medio de sus conferencias, seminarios y publicaciones. Asimismo era experto en el manejo de armas tradicionales japonesas, que incluia entre otras, el manejo del sable o katana, o el bastón medio o jo.

Los jóvenes Practicantes y los Fundamentos del Aikido


El método de instrucción para niños y jóvenes difiere del de los adultos, pero los fundamentos y la progresión son sustancialmente los mismos. Igual que en las clases de adultos, los alumnos comienzan con los preliminares: los ejercicios de funakogi (remar) y furitama (asentamiento del ki), que fueron ideados por el Fundador, cuando comprendió que «este yo no es otro que el universo», como métodos para invitar a la esencia divina a penetrar en el interior de nuestro propio centro.

En el ejercicio de remar, uno está de pie con una pierna adelantada y la otra detrás, apretando ambas manos como si sostuviera unos remos. Las caderas se convierten en el centro de un movimiento repetitivo hacia adelante y hacia atrás que se parece al de remar. Durante todo el movimiento adelante y atrás, el Ki se mantiene en el centro como método para unificar la mente y el cuerpo. Los alumnos disfrutan verdaderamente de los movimientos rítmicos, a pesar de su peculiar nombre y de los gestos que entrañan.

Tras estos preliminares se enseña a los alumnos a caer, rodando hacia delante y hacia atrás, y eventualmente practican ser dirigidos por el movimiento esférico del compañero. Esto se conoce como la práctica del ukemi; al que dirige se le conoce como nage, y al dirigido o lanzado, como uke. Seguidamente se procede a movimientos en posición de rodillas y técnicas de suelo, llamados shikko y suwari-waza. Ya que los japoneses están perdiendo con rapidez la costumbre de sentarse en el tatami al estilo ceremonial, temía que los niños pudieran rebelarse o que encontraran dificultad en realizar tales ejercicios, pero se demostró que esto no era así, y para mi satisfacción les divertía realmente trabajar en el suelo.

Estos ejercicios están basados en el seiza, el estilo tradicional de sentarse. Una vez que esta postura se convierte en un modo natural de sentarse, como se requiere al principio y al final de cada clase de aikido, conduce por sí sola al desarrollo de una adecuada etiqueta.

Desde tiempos antiguos ha sido una máxima del budo: «Comienza con la etiqueta y termina con la etiqueta.» La etiqueta que se enseña en aikido -respeto mutuo, consideración por los demás, aseo- no se les impone a los alumnos mediante adoctrinamiento o amenazas, sino que es la consecuencia natural de aprender a sentarse correctamente en seiza y de dominar los fundamentos del suwariwaza. El cuerpo recto está relacionado con la mente recta, y la clave del asunto radica en el respeto por el alumno individual, el cual deseará, desde su interior y por propia iniciativa, comportarse de acuerdo con las más altas normas de conducta. La etiqueta es un aspecto importante de la práctica para todo alumno de aikido.

La postura seiza de sentarse, una civilizada costumbre ceremonial entre los japoneses desde tiempos antiguos, es la fuente de la etiqueta natural impresa en la mente de la gente. Aunque la costumbre de sentarse en seiza puede estar decayendo en la vida diaria, estoy convencido de que sus raíces éticas y espirituales no desaparecerán fácilmente. Y cuando veo a los niños en el dojo sentados en seiza, con sus espaldas rectas y las dos manos colocadas sobre sus rodillas dobladas, renuevo otra vez mi convicción de que debe seguir ocupando un lugar central en la práctica del aikido, porque es la fuente de la etiqueta correcta, es básica para muchas técnicas y es esencial para el buen entrenamiento.

Tras observar personalmente la práctica de aikido entre niños y jóvenes, llegué a la conclusión de que la decisión de impartir clases para ellos estaba justificada. Al mismo tiempo sentiría la responsabilidad de que no supiéramos transmitirles la esencia moral y espiritual del aikido, máxime cuando hoy especialmente la delincuencia juvenil se está convirtiendo en un problema mundial, y la culpa de este problema no puede depositarse simplemente en los jóvenes, sino que nosotros, los adultos, también debemos cargar con ella.

Con anterioridad he señalado que algunas personas tienen una idea falsa de lo que es el aikido. Ahora debo indicar que hay gente que no comprende el propósito del aikido, especialmente entre los padres cuyos niños no son tan agresivos o tan fuertes como los otros, y entre los cuales existe una tendencia a empujarles hacia el aikido como si ésta fuera la solución a su problema. Pensar que el aikido hará más duros y más fuertes a sus hijos hace injusticia tanto a sus propios hijos como al aikido, pues el aikido rechaza todas las formas de violencia, justificadas o injustificadas. De lo contrario no sería diferente de las formas de artes marciales en las que se comercializan el luchar y el ganar.

Aun a riesgo de parecer reiterativo quiero decir una vez más que el aikido es un camino espiritual, y su ideal es la realización de la armonía y el amor. Por medio del disciplinamiento de la mente y del cuerpo, especialmente de la mente, el aikido conduce a la perfección de la personalidad y de la humanidad. Lo que enseñamos a los niños no es fuerza bruta, ni violencia, sino el cultivo del ki a través de la práctica de la mente-cuerpo, lo que a la larga les aportará confianza, dignidad y la facultad de controlar sus propias vidas.

Así aspiramos a que tanto los niños como los padres comprendan claramente el objetivo del aikido. También el instructor deberá tener siempre en mente el propósito central de nuestro arte y no pensar jamás que los niños son incapaces de captar los fundamentos del aikido. Ellos, los niños, también deberían ser considerados como individuos que aspiran a crecer en el sendero del amor y de la armonía, como lo hace cualquiera de nosotros sin distinción de edad.

Kisshomaru Ueshiba.



Swami Sivananda nació y vivió en India desde 1887 hasta 1963. Su obra literaria es inmensa y enriquecedora. Miles de personas han entrado en contacto con sus casi trescientos libros escritos en todas las lenguas de la India y en las principales europeas y americanas. Estas notas son una primera aproximación a su obra literaria, tan vasta y profunda, pero a la vez tan llena de cuidada y deliberada sencillez, como para llegar a todo tipo de personas, con independencia de su condición intelectual.

Cuando Swami Sivananda estudiaba los textos sagrados (las escrituras) resumía los puntos sustanciales de cada obra, reflexionaba sobre ellos, incorporaba su experiencia personal y luego lo pasaba a texto. No perdía ninguno de sus pensamientos porque los escribía todos. Observaba a sus estudiantes y sus experiencias. Escribía sobre el efecto del Yoga en ellos y luego lo publicaba para que sirviese a todos mediante cartas, artículos y mensajes en periódicos en todas las lenguas. Clasificaba todas sus lecciones y luego las publicaba en forma de panfletos o libros. Esta es una de las razones por las que su obra es tan extensa.

Luz, Poder y Sabiduría

La luz en la vida

La ambición de poder, la codicia material, la sensualidad, el egoísmo, la pasión, el deseo de riquezas y los apetitos bajos han arrancado al hombre de su verdadera vida espiritual y lo han arrojado en la vida materialista. Puede reconquistar su gloria Divina pedida si practica sinceramente los principios de la Bhakti (Yoga de la devoción).

La Bhakti trasmuta la naturaleza animal en Naturaleza Divina y eleva al hombre al pináculo de la gloria y del esplendor divinos.

 ¡Ojalá podáis desarrollar la Bhakti para que así os conduzca a la divinidad o autorrealización o realización en esta misma vida! ¡Ojalá la llama espiritual arda con brillante fulgor en vosotros!

El mundo es vuestro cuerpo

Las acciones producen Samskaras (son las impresiones que quedan en la mente después de experimentar cualquier cosa a través de cualquier sentido) o impresiones en potencia. Las impresiones se unen debido a la repetición y forman tendencias. Las tendencias a su vez forman hábitos y el carácter. La suma total de las tendencias de un hombre es su carácter. El carácter genera la voluntad. Por tanto, si el carácter es puro y fuerte la voluntad será también pura y fuerte y viceversa.

Por consiguiente, sembrar en seguida la simiente de los buenos hábitos. Crecerá poco a poco. Se afirmará para lograr un sitio en el cuerpo y la mente y trabajará sola hasta lograr el éxito. Todos los viejos hábitos mórbidos quedarán destruidos.

Sentid todo el mundo como si fuese vuestro hogar o vuestro cuerpo. Pensad que el Ser mora en todas las criaturas del universo. “Isavasyamidan sarvam”, lograreis al Supremo.

Meditar y lograr fuerza

Conservad toda la energía interna. No perdáis el tiempo el tiempo y la energía discutiendo acaloradamente, guerreando con la lengua y haciendo gimnasia intelectual. Desechad completamente los argumentos y las discusiones. Progresaréis en el sendero espiritual.

 Si meditáis media hora, podréis enfrentar la batalla diaria de la vida con tranquilidad y fortaleza espiritual, y esto lo lograréis por la fuerza de la meditación en una sola semana. Tal es el efecto beneficioso de la meditación. Como tenéis que tratar con diferentes inteligencias de naturaleza peculiar, lograr la fuerza y tranquilidad necesarias de la meditación y libraos de las preocupaciones y turbaciones.

Controlar vuestros pensamientos

 Sed fieles a alguna regla que convenga a vuestra razón. Seguidla con fe y atención. Evolucionaréis y alcanzaréis la morada de la eterna felicidad. Cumplid con nuestros deberes trae la felicidad, una evolución rápida y la libertad.

Los eventos ocurren en sucesión u orden. Existe una perfecta armonía. Las tres cosas, es decir, el deseo, el pensamiento y la acción siempre van juntos. El pensamiento hace actuar al cuerpo. Detrás de cada acción está el pensamiento. Si os entregáis a malos pensamientos, realizaréis malas acciones.

Aprender a volveros sabios. Discriminar. Controlar los pensamientos y deseos. Vigilad estrechamente vuestros pensamientos. No permitáis que ningún mal pensamiento penetre por las puertas de vuestra fábrica mental. Desarrollar la pasión por la realización de vosotros mismos. Lograréis alcanzar la meta de la vida.

Swami Sivananda.




Presentamos en nuestro blog una selección de las analectas de Confucio (Kongzî o Maestro Kong), desde los libros I al XX. Tenemos que aclarar que esta selección es totalmente subjetiva por la redacción del Aiki-Publis.

Estas analectas pertenecen al canon de los “Cuatro Libros”, que es el texto fundamental de la filosofía confuciana, o más exactamente “Rújia” o Escuela de los Letrados.

Esta escuela de pensamiento, a pesar de adscribirse al nombre de Confucio que es su principal representante en su período de primitiva sistematización, no es la obra de una sola persona ni se circunscribe a la época de los textos de referencia, (siglos VII al III a.c.).

Las analectas de Confucio

  “El que cuida lo que sabe de antiguo y aprende cosas nuevas, podrá llegar a ser un maestro”.


“Cada clase de persona incurre en un exceso particular. Mediante la observación de los excesos pueden saberse las virtudes del que los comete”.


“No debe preocupar el no tener un puesto sino el hacerse digno de uno; no debe preocupar el ser desconocido, sino el llegar a tener méritos por los que ser conocidos”.


“Cuando vemos personas ilustres pensemos en igualarlas, cuando vemos personas llenas de defectos, volvámonos hacia adentro y examinémonos”.


“Los antiguos eran remisos en hablar, porque les avergonzaba no llegar con los hechos”.


 “Los que tienen cuidado se equivocan pocas veces”.


 “Cuando las cualidades naturales se imponen sobre las que da la educación, el sujeto en cuestión será un rústico; cuando lo aprendido domina a lo innato, el individuo de que se trate será un vulgar funcionario; cuando lo natural y lo que deriva del estudio están armoniosamente mezclados es cuando nos encontramos ante un hombre superior”.


 “El hombre ha nacido para ser recto. Si un hombre pierde la rectitud, y, aun así, vive, será tan sólo porque su buena suerte le ayuda a evitar la muerte”.


 “Las cosas superiores pueden explicarse a las personas que están por encima de la mediocridad y no a los que están por debajo”.


“No descubro las verdades a quien no está deseoso de descubrirlas, ni hago salir de ninguno nada que la propia persona no quiera exhalar. Yo levanto una de las esquinas del problema, pero si el individuo de que se trate no puede descubrir las otras tres a partir de la primera, yo no lo repito más”.


“No me hace falta ver a un hombre dotado de la máxima excelencia, me contentaría con conocer a un hombre que tuviera constancia”.


 Confucio dijo de pie delante de un río: “¡Siempre corre así, no descansa ni de día ni de noche!”.


“Cuando un gobernante es recto se podrán las cosas en práctica aunque no de órdenes, pero, si él mismo no es resto, aunque dé órdenes nadie le obedecerá”.


Una vez que Confucio iba a Wèi, Rân Yôu le conducía el carro.
                - Confucio dijo: “¡Cuán numerosos son los súbditos!”.
                - Rân Yôu dijo: “Puesto que ya son tan numerosos, ¿qué más habría que hacer por ellos?"
                - Confucio respondió: “Hacerlos prósperos”.
                - Rân Yôu repuso: “Y, una vez que fueran ricos, ¿qué habría que hacer?
                - Confucio respondió: “Instruirlos”.


“Antiguamente, los hombres estudiaban en orden a perfeccionarse a sí mismos, ahora estudian para que lo vean los demás”.


“No tenemos que preocuparnos por que los demás no nos conozcan sino de desarrollar la suficiente capacidad”.


 “El letrado de voluntad firme y, en general, el hombre virtuoso, no busca conservar la vida si ello supone un daño para la virtud. Hay cosos en los que la muerte física es la última perfección de la virtud cívica”.


“El que no piensa en lo que está lejos, con certeza sufrirá con lo que tiene cerca”.


“El que se exige mucho a sí mismo y echa poca responsabilidad sobre los demás, se mantendrá lejos de quejas y murmuraciones”.


“Las palabras hábiles confunden la virtud, la falta de paciencia en lo pequeño altera los grandes planes”.


“Cuando la masa gusta de alguien hay que examinar el porqué, cuando la masa odia a alguien hay que examinar el porqué”.


 “Es el hombre el que ensancha el Camino y no el Camino el que ensancha al hombre”.


 “Tener faltas y no corregirlas es el verdadero error”.


“En la enseñanza hay que distinguir entre diferentes clases de personas”.


 “No es posible que una persona haga planes para otra cuyo camino es totalmente distinto del suyo”.


  “Solo se requiere de las palabras que expresen su significado”.


 “Hay tres faltas que pueden cometerse cuando se está en presencia de un hombre de saber y posición:
                - Hablar cuando no se debe, que es exaltación.
                - No hablar cuando se debe, que es ocultación.
                - Y hablar sin mirar la actitud del rostro del superior, que es ceguera”.


“Hay nueve cosas en las que piensa el hombre superior:
                - Al ver piensa en la luz.
                - Al oír, en la claridad del sonido.
                - Piensa en que su cara tenga una actitud benigna.
                - Que su actitud sea cortés.
                - Que sus palabras sean leales.
                - Que su servicio sea respetuoso.
                - Que si tiene dudas debe preguntar.
                - Que la furia podría ponerle en dificultades y además.
                - Piensa en la justicia cada vez que se encuentra ante una posibilidad de beneficio”.


“Aunque las naturalezas de los hombres están muy próximas, lo que cada uno aprende aparta mucho a unos y otros”.


 “Los más sabios y los más tontos son los únicos que no se alteran”.


 “En caso de luto, se debe llegar hasta el último extremo del dolor, pero hay que detenerse allí”.
Confucio.





 Adachi Masahiro (?-1800) fue practicante de artes marciales y estudioso de la ciencia militar. Fundó en Kioto una rama de la escuela de artes marciales del Guerrero Divino. En sus escritos presta mucha atención a las condiciones psicológicas y a sus consecuencias en el combate. Aunque nominalmente era sintoísta, siguiendo la tendencia de su época, en los análisis tácticos de su escuela se aprecian elementos característicamente taoístas y zen.

Adachi Masahiro: Los cuatros ataques y los cinco técnicos

Los cuatros ataques

Los cuatro ataques son: el ataque directo, el contraataque, el ataque cambiado y el ataque estratégico.

En nuestra escuela, un ataque directo significa que estando cara a cara ante un adversario, lo golpeas antes de que él te golpee a ti.

El contraataque es cuando desvías el ataque de tu adversario y sigues el movimiento golpeándolo tú. Se llama contraataque porque contrarrestas el golpe de espada de tu adversario.

El ataque cambiado es cuando has atacado con un golpe directo, tu adversario contraataca y tú golpeas desde otro ángulo.

 El ataque estratégico es un golpe táctico contra un adversario.

Un ataque directo puede dar resultado aun sin experiencia, pero un contraataque no dará resultado sin un grado considerable de habilidad y de calma mental. El ataque estratégico es una maniobra de los que tienen recursos.

El motivo por el que un ataque directo puede dar resultado aun sin experiencia es que, si bien la victoria y la derrota dependen del nivel de práctica, la facilidad del empleo del ataque directo es que lanzas el primer golpe sin tener en cuenta al adversario. El contraataque te obliga a aplicar la técnica al ver el golpe de la espada de tu adversario; por eso no podrás realizarlo si no tienes experiencia. En cuanto al ataque cambiado como lanzas después de haber asestado un golpe fallido y después del contraataque de tu adversario, no podrás realizarlo con éxito hasta que no hayas alcanzado la maestría.

 Los cinco técnicos

En nuestra escuela, el término cinco técnicos significa que existen cinco tipos de artistas marciales: los agresivos, los listos, los técnicos, los calmados y los maestros.

Los agresivos son los que se lanzan contra sus adversarios con fuerza, con fuerza abrumadora, con la mente tan firme como para romper una peña.

 Los listos se sirven principalmente de su ingenio para golpear a sus adversarios de manera estratégica.

Los técnicos son los que se concentran en vencer por medio de las técnicas que les han trasmitido sus maestros, además de las técnicas que han creado ellos mismos.

 Los calmados se concentrar en ver el hueco en la guardia de su adversario para lanzar el golpe.

 Los maestros dominan a la gente con la sutileza de la mente imperturbable.

Ser agresivos supone un exceso de Yang, enfrentarse a los adversarios con una fuerza como para quebrar las peñas. La guerra se centra en el Yin. El Yang se mueve, el Yin está quieto. La guerra debe enfocarse en la quietud. Cuando tu mente es Yang, se mueve; cuando tu mente se mueve, no puedes vencer.

Los listos procurar entender estratégicamente a sus adversarios con su ingenio porque ignorar los principios de la victoria y las técnicas para vencer. Estos listos se encuentran incluso entre los inexpertos, y también entre los hábiles, pero no entre los maestros.

Los técnicos se llaman así porque intentan vencer por medio de la técnica. Los técnicos son mejores que los agresivos y que los listos, en cierto modo, pues las técnicas que se enseñan en las diversas escuelas son todas para vencer. Emplear las técnicas que te ha enseñado tu maestro es la idea básica de la práctica; emplear, además, las técnicas que has creado tú mismo es conocimiento.

Naturalmente, es difícil vencer por medio de la técnica cuando todavía eres inexperto. Por eso, creer que las técnicas que te ha trasmitido un maestro son inútiles es señal de tener una práctica insuficiente. Existen muchas personas que abandonan las técnicas transmitidas por los maestros confiando en su propio ingenio; pero las técnicas que transmite un maestro son aplicables, a condición de que estés practicando adecuadamente. Estos técnicos pueden llegar a alcanzar gran habilidad y hasta llegar a la maestría.

 Los que esperan los huecos en la guardia de los adversarios para atacar se llaman calmados, porque son unos que han alcanzado el estado en que la mente está acallada. Alcanzar la victoria esperando a que el adversario nos deje hueco para atacar es para los hábiles, es imposible para los inexpertos. El técnico puede convertirse en calmado a base de experiencia.

 Los que vencen por la sutileza de la mente imperturbable se llaman maestros porque han alcanzado el último logro. El maestro es un técnico con la mente imperturbable.

 El que alcanza la calma puede convertirse en maestro. Aunque los agresivos y los listos no pueden alcanzar el estado de maestría, si descubren este principio, los agresivos reforman sus excesos y los listos comprenden que el ingenio no alcanza hasta donde llega el principio de la técnica, y ambos cambian su enfoque hacia la técnica y la calma. Así pueden acabar por alcanzar el estado del Camino Supremo.

 En cuanto al ataque estratégico de los listos, no es malo golpear estratégicamente en alguna ocasión, al tiempo que te concentras en la técnica y en la calma; pero cuando la técnica y la calma están en orden, te das cuenta de que no necesitas el ataque estratégico y no confías en él.

Los excesos de los agresivos son el comienzo de la perdida de la vida. Hay que desconfiar de esto. Pero hasta la agresividad es una cuestión diferente si la agresividad es estratégica mientras la mente interior se mantiene quieta y silenciosa. Esto lo hacen los más dotados entre los listos.

Diestros y maestros

El diestro, el es muy hábil, es el que ha alcanzado la calma. El maestro, es el que ya ha llegado, es el que ha alcanzado la maestría.

 El técnico que ha llegado a la etapa de la calma mental, bien versados en la técnica y en los principios, se llama diestro. También existen algunos muy hábiles entre los agresivos y entre los listos, pero no es posible llamarlos diestros porque ignoran la técnica y los principios.

Los técnicos que han llegado a la etapa en que la mente es imperturbable, bien versados en la técnica y en los principios, se llaman maestros. Los llamados expertos son maestros.

Adachi Masahiro.

Ahora la pregunta del millón:

 ¿En qué estadio estás tú? Porque lo más grave es que no se esté en ninguna de las categorías descritas anteriormente.

Y lo siguiente, ¿después de leer esto piensas cambiar? O por el contrario, vas a seguir en la misma posición.




  Rabindranath Tagore, premio Nobel de literatura en 1913; a lo largo de su fecunda vida literaria escribió no menos de ciento cincuenta mil líneas de verso.

Tagore fue poeta, filósofo, educador, escribió novelas, cuentos, y obras de teatro, y también compuso muchas canciones populares.

Escribió en lengua bengalí literatura impregnada de religiosidad, amor por la naturaleza y la tierra.

De entre su ingente obra entresacamos una serie de aforismos perteneciente a “Pájaros perdidos”, obra llena de una profunda sabiduría y exquisita sensibilidad, que nos invita a una reflexión.

¡Que disfruten cada línea!

Pájaros perdidos de Rabindranath Tagore

Existo. ¡Perpetua sorpresa, que es la vida!

El descanso es del trabajo como los párpados son de los ojos.

Niño nace el hombre. Su poder está en su desarrollo.

¡Búscate, hermosura, en el amor, no en la adulación de tu espejo!

 ¡Nadie da gracias al cauce seco del río por su pasado!

No culpes a tu comida si no tienes hambre.

Cual si fueran anhelos de la tierra, los árboles se ponen de puntillas para asomarse al cielo.

El pez es mudo en el agua; la bestia, ruidosa en la tierra; el pájaro, cantor en el aire. Pero el hombre tiene en sí la música del Aire, el alboroto de la tierra y el silencio del mar.

Cuando somos grandes en humildad, estamos más cerca de lo grande.

El gorrión tiene lástima del pavo real, cargando así de su cola.

No temáis nunca al instante, dice la voz de lo eterno.

El huracán busca atajo por donde no hay camino, y, de pronto, sale a la nada.

Da gracias a la llama por su luz, mas no te olvides de la lámpara paciente, siempre de pie en la sombra.

Yerbecilla, tus pasos son pequeñitos, pero, bajo tu pie, tienes esclava a la tierra.

El bien puede resistir derrotas; el mal, no.

El hacha del leñador pidió su mango al árbol, y el árbol se lo dio.

La vaina indefensa es feliz mientras protege la punta la punta de la espada.

Lo Único parece informe en la oscuridad, multiforme en la luz.

El cuño de la muerte da valor a la moneda de la vida, y hace posible comprar con la vida lo que es verdaderamente precioso.

Cuando el día cae, la noche lo besa y le dice al oído: “Soy tu madre la muerte, y te he de dar nueva vida”.

No es el martillo el que deja perfectos los guijarros, si no el agua con su danza y su canción.

Es fácil hablar claro cuando no va a decirse toda la verdad.

Si cierras la puerta a todos los errores, dejarás fuera la verdad.

La raíz escondida no pide premio alguno por llenar de frutos las ramas.

“¡Qué vergüenza ser tan vana!”, dijo la palabra a la obra. Y la obra a la palabra: “¡Cuando te veo, comprendo lo pobre que soy!”.

El vestido de los hechos aprieta demasiado a la verdad. ¡Cuánto más holgada está vestida de ficciones!

Cuando yo iba y venía, sin irme, ¡qué cansancio me dabas, camino! Pero ahora que me llevas a todas partes, somos como dos enamorados.

¡Déjame que crea que una de esas estrellas guía mi viaje por el misterio oscuro!

Lo más grande va sin reparo con lo más pequeño. Lo mediocre, va solo.

La noche abre en secreto las flores, y deja al día que se lleve el agradecimiento.

El poder cree que las convulsiones de sus víctimas son de ingratitud.

Las gotas de lluvia besan a la tierra, y le decían bajito: “Somos tus hijas tristes, madre, que volvemos a ti desde el cielo”.

Van los pensamientos por mi mente, como bandadas de pájaros por el cielo. ¡Qué bien oigo sus alas!

El canal se complace pensando que los ríos no existen sino para traerle agua.

¿Qué es esto que así me aprieta el pecho? ¿Mi alma que quiere salir a lo infinito, o el alma del mundo que quiere entrar en mi corazón?

El pensamiento se como sus propias palabras, y así crece.

Tienes quehacer o no lo tienes. Cuando necesitas decir: “Tendré que hacer algo”, comienza el mal.

El que se ocupa demasiado en hacer el bien, no tiene tiempo de ser bueno.

El perrito faldero sospecha que todo el universo conspira para cogerle el sitio.

El arco dice bajito a la flecha, al despedirla: “Tu libertad es mía”.

Un entendimiento todo lógica es como un cuchillo hoja solo, que hiere la mano de su dueño.

“¡He perdido mi gotita de rocío”!, dice la flor al cielo del amanecer, que ha perdido todas sus estrellas.

No te portes mal con tu mundo, no lo indispongas contigo.

No viene solo lo mejor, que lo acompaña todo.

La música siente lo infinito en el aire; la pintura, en la tierra. La poesía lo siente en la tierra y en el aire, porque su palabra tiene el sentido que camina y la melodía que vuela.

Rabindranath Tagore.





Aikido y la Esfera Dinámica (el texto ha sido editado en España por ediciones Obelisco) es uno de esos textos de imprescindible consulta para cualquier aikidoka. Sus autores: Adele Westbrook y Oscar Ratti nos exponen conceptos claves de una manera sencilla y grafica, de fácil comprensión tanto por expertos como por profanos del mundo del Aikido.

 Este es el caso de este pequeño fragmento sobre, “La teoría del ataque/Factores dinámicos”, que ponemos en nuestro Blog para nuestros lectores.

Aikido y la Esfera Dinámica. La teoría del ataque/Factores dinámicos

Un ataque consta de dos fases: la primera es la fase dinámica de movimientos general en nuestra dirección, en torno a nosotros, etc.; la segunda es la fase técnica que consiste en la particular forma en que el ataque se presenta: puñetazo, patada, bofetada, etc. La fase dinámica implica lo que llamamos un movimiento de convergencia. Significa que el agresor ha de salvar la distancia que le separa de su objetivo, nosotros, y el lugar de nuestra anatomía que intenta empujar, golpear o patear. Aunque se encuentra relativamente cerca, siempre tiene que dar algún paso, inclinarse hacia delante, torcer o girar para tomar una posición de ataque.

Una estrategia defensiva de Aikido empieza en el momento en que el candidato a agresor da un paso o se gira con hostilidad en nuestra dirección. Su desplazamiento (movimiento) inicial ya contiene las factores que utilizamos para neutralizar el acto de ataque, a punto de estallar con explosiva fuerza desde su movimiento de convergencia. El factor dinámico más importante a tener en cuenta para desarrollar nuestra defensa será el impulso dinámico generado por el movimiento inicial de nuestro agresor, su velocidad y su dirección.

El impulso dinámico de convergencia está representado por la cantidad de fuerza generada por el movimiento de convergencia. Un cuerpo humano en movimiento tiende a volverse extremadamente fácil de maniobrar y su estabilidad vertical muy reducible mediante cualquier inercia dinámica. Si empujamos a una persona parada y con los brazos cruzados, nos encontraremos con cierta resistencia. Si esta persona está en movimiento, el mismo empujón e incluso uno más suave (en casi la misma dirección) la hará volar.

Dicho impulso dinámico se encuentra en estrecha relación con la velocidad del movimiento inicial de convergencia. Como muestra en el:

Cuadro 14.
        Cuadro 14

Cuanto más rápido se mueva un individuo, menor control tendrá sobre sus movimientos y más fácil será desequilibrarlo. A la inversa, cuanto más lento se mueva, mayor control tendrá y más difícil resultará hacerle perder el equilibrio.

Al impulso dinámico y a la velocidad del movimiento agresivo de convergencia hemos de sumar el factor de dirección. Pues es de suma importancia evitar siempre todo enfrentamiento, choque u oposición con ese impulso dinámico. Podríamos ampliar ese impulso dinámico frontalmente por medio de una maniobra que extendería el ataque del oponente más allá del punto en que puede mantener su equilibrio, pero habitualmente elegiremos guiar su movimiento de convergencia desde un lado, dándole una ligera curva y añadiendo una cierta cantidad de nuestra fuerza (fuerza dinámica) a su movimiento ya exagerado. Así le restaremos control sobre su movimiento y le colocaremos en una condición de desequilibrio y de descentralización o dispersión de fuerza:

Cuadro 15.
        Cuadro 15

Un ataque puede usar dos tipos principales de convergencia: recta (frontal y directa) y circular (espiral cerrándose sobre nosotros). En realidad, podemos sacar partido de ambas en beneficio de nuestra propia estrategia de defensa y convertirlas de hecho en su fundamento. El desplazamiento del agresor nos proporciona esos factores necesarios para ganar control sobre sus movimientos mediante su “amplificación” para luego introducirle en uno de los Circuitos de Neutralización del Aikido.

Cuadro 16.
        Cuadro 16

Adele Westbrook y Oscar Ratti.




Fragmento extraído del texto el Yoga Vâsishtha, del libro V "Upashama Khanda".

La datación de esta obra perteneciente a la Advaita Vedanta no esta clara, pero se asume por los estudios realizados hasta el momento que puede ser sobre el siglo V d. J.C.

Se le atribuye al Rishi Vâsishtha, que narró el Vishnu Purana y compuso los Vedas de la era Dvapara Yuga.

Discriminación de la consciencia y la materia

El Ser, que es conciencia, existe como el supremo ser de todas las cosas, en todos los cuerpos, en todo tiempo y en todo lugar.

¿Quién soy yo, de qué estoy hecho, cuál es mi forma y por quién he sido creado, y qué puedo adquirir o rechazar?

No hay nada que pueda ser llamado yo, pues no se manifiesta como el resto de las cosas materiales, pero si el sentimiento del ego no es verdadero, ¿cómo puede pensarse y a quién puede referirse?

Cuando se comprende profundamente que no hay relación alguna entre el sentimiento del ego y cualquier otra cosa posible, se desvanece la falsa noción de dualidad. Lo único que hay es el Ser cósmico no dual, Brahman.

 Si yo soy esa realidad, ¿por qué he de sufrir esta ilusión?

Si sólo existe uno mismo como el puro Ser omnipresente, ¿cómo puede brotar ese sentimiento del ego?

En realidad los objetos carecen de substancialidad, lo único que existe es el Ser, y por tanto, aunque asumamos la substancialidad material como algo real, tampoco puede tener relación alguna con el Ser. Los sentidos funcionan como sentidos, la mente como mente, pero la conciencia no es afectada por nada de esto; por consiguiente, ¿qué relación puede haber entre ellos y cómo puede producirse? Dado que la conciencia está enfrentada a todo lo material, no podemos asumir una relación entre ambos.

Cuando ha surgido el falso sentimiento del ego, surgen las falsas nociones de aquí y allí, lo mío y lo tuyo, etc.. Pero cuando se comprende que todas estas ideas son trampas o trucos del propio sentimiento del ego, desaparecen de inmediato. En verdad, sólo existe el Ser, y debemos comprender que todo esto es Brahman o el Ser cósmico. La ilusión que se conoce como sentimiento del ego es como el color azul del cielo; lo mejor es no mantener esta idea ni un momento más y abandonarla por completo. Cuando hemos abandonado la raíz del sentimiento del ego, vivimos en el Ser cuya naturaleza es la paz.

 El sentimiento del ego o ahamkâra es la fuente inagotable del sufrimiento, la tristeza y las malas acciones. La vida termina con la muerte y la muerte conduce al nacimiento, de modo que lo que existe está interrumpido por su propio fin, lo cual es absurdo. Tales ideas alimentadas por el sentimiento del ego, producen angustia y dolor interminables. La ansiedad causada por el deseo de conseguir una cosa o por haber perdido otra, mantiene al ignorante en perpetua agitación.

 Las ideas de lo que es y lo que no es, producen inquietud mental en el ser que asume el ego. Pero cuando este sufrimiento del ego cesa por completo, la ilusoria apariencia objetiva no germina y todos los deseos desaparecen al instante.

Yoga Vâsishtha.




Fragmento extraído del libro "Mente Zen, Mente de Principiantes" de Shunryu Suzuki (1905-1971).

El maestro Suzuki Es descendiente espiritual directo del gran maestro Zen Dogen del siglo trece. En 1958, siendo un muy respetado maestro en Japón, visitó Estados Unidos. Le impresionó la calidad de "mente de principiante" y seriedad de los interesados en el Zen; quienes lo siguieron en la práctica, formando tiempo después el Zen Center de San Francisco y a posteriori el Zen Mountain Center, que en su tiempo fue el primer monasterio Zen fuera de Asia.

Disposición de la atención

"La sabiduría es la disposición de la mente"

Tenemos que pensar y observar las cosas sin estancarnos. Debemos aceptar sin dificultad las cosas tal cual son. Nuestra mente debe ser lo suficientemente flexible y receptiva como para comprender las cosas tal cual son. Cuando nuestro pensar es flexible, se denomina pensar imperturbable. Este modo de pensar es siempre estable. Se llama atención. El pensar que está dividido en muchas formas no es el verdadero pensar. Nuestro pensar ha de basarse en la concentración. Eso es atención. Tenga o no objeto, la mente debe mantenerse estable, no dividida. Eso es Za zen.

No es necesario hacer un esfuerzo para pensar de cierta manera en particular. El pensar no debe ser unilateral. Simplemente, se piensa con toda la mente y se ven las cosas tal como son, sin esfuerzo alguno. Simplemente, hay que ver y estar preparado para ver las cosas con toda la mente. Eso es la práctica del Za zen. Cuando estamos preparados para pensar no tenemos necesidad de hacer un esfuerzo para lograrlo. Esto se llama atención. La atención es al mismo tiempo sabiduría. Por sabiduría no se entiende una facultad o filosofía en particular. Sabiduría es la disposición y preparación de la mente. Así pues, la sabiduría puede abarcar diversas filosofías y enseñanzas y distintas clases de investigación y estudios. Pero no debemos aferrarnos a cierta sabiduría en particular, por ejemplo, la que enseñaba Buda. La sabiduría no es algo que se aprenda. La sabiduría es algo que proviene de la atención de cada uno. Por eso, lo relevante es estar dispuesto a observar las cosas y estar dispuesto a pensar. Esto se llama vacuidad de la mente. La vacuidad no es otra cosa que la práctica del Za zen.

Shunryu Suzuki.




Mûlamadhyamakakârikâh es uno de los grandes trabajos de Nâgâjuna, que nació en el sur de la India cerca de Amarâvati en torno a los años 150 y 250 de nuestra era.

A Nâgâjuna se le considera el fundador de la escuela Madhyamaka, una de las escuelas filosóficas más importantes del budismo. Prueba de ello son los numerosos comentarios y citas que encontramos en la literatura religiosa y filosófica de la India, Tíbet, China, Corea y Japón a lo largo de milenios.

Su biografía es ignota, sin embargo por sus escritos nos encontramos ante una figura que reúne al monje, el filósofo y al escolástico al mismo tiempo.

Mûlamadhyamakakârikâh

Capitulo XVIII

 1. Si el yo consistiera en los componentes de la personalidad (Skandha), su destino sería el surgimiento y la cesación, pero si fuera diferente de éstos, tendría unas características que no pueden atribuirse a dichos componentes de la personalidad.

 2. Cuando queda eliminado el yo y lo que le pertenece, no queda nada que se pueda llamar mío, ni nada que pueda ser ego.

3. No hay nadie que esté libre del yo y del egoísmo: y el que crea percibir a alguien libre del yo y del egoísmo no ve las cosas como son.

4. Cuando las conjeturas con relación a lo mío y al yo se reducen y agotan, cesa la apropiación y se acaba el renacer.

5. Como consecuencia del agotamiento de la acción y de las impurezas, ocurre la liberación. Porque el que se imagina (vikalpa) -un yo, un mío- sufre la acción y la turbación (karmeklesa). Y esa turbación pertenece al que tiene ese tipo de imaginaciones como resultado de su elucubración. Pero dicho imaginar sin mucho fundamento (prapañca) cesa en la vacuidad.

 6. Se ha enseñado que hay un yo e incluso que no hay un yo (se refiere a las escuelas budistas Pugdalavâda). Pero el Buda no ha enseñado ni el yo ni el no yo.

7. Cuando cesa el objeto del lenguaje, cesa el objeto del pensamiento. Al igual que el nirvana, la naturaleza de todas las cosas carece del surgir y del perecer.

 8. Todo es verdad (tathyam) y nada es verdad. Y todo es verdad y no verdad. Y no es ni verdad ni no verdad. Ésa es la enseñanza de los Budas.

9. Sin depender de otra, serena, no fabricada por la elucubración, más allá de toda discriminación, sin distinciones: tales son las características de la realidad (tattva).

10. Lo que sea que depende de otro no es ni idéntico a esa otra cosa ni tampoco diferente a ella. Por tanto, no es ni no existe en el tiempo ni eterno.

11. Lo que no es ni uno ni múltiple, ni discontinuo ni eterno, ésa es en realidad la ambrosía de la enseñanza de los Budas, protectores del mundo.

12. Aunque no hubieran aparecido los completamente iluminados y aunque los discípulos (srâvaka) hubieran desaparecido, la sabiduría de los budas solitarios (pratyekabuddha) esplendería plena e incontaminada.

Capitulo XIX

1. Si el presente y el futuro dependiera del pasado, el presente y el futuro tendrían que existir de alguna forma en algún momento del pasado.

2. Y si el presente y el futuro no existiera en el pasado, ¿cómo podrían depender de ese pasado?

3. Tanto el presente como el futuro no se podrían concebir sin depender del pasado. Por tanto, no nos podemos formar una idea de lo que es el presente o el futuro.

4. De la misma forma deberían considerarse los dos periodos restantes -de tiempo-, así como los conceptos relacionados con lo más alto, lo más bajo y lo intermedio, y también la identidad, etc.

5. Un tiempo inestimable -que está en constante cambio: en el que, de repente, el futuro es pasado-, no se puede comprender. Y es inconcebible un tiempo que pudiera detenerse. ¿Cómo formamos una idea de lo que el tiempo es, si no se lo puede asir?

6. Si el tiempo depende de una entidad, entonces ¿cómo podría el tiempo existir sin esa entidad? Pero no hay nada que sea una entidad. ¿Cómo puede entonces existir el tiempo?

Nâgâjuna.





 La guía de los descarriados es el fruto del amor y la amistad entre el Rabi Moisés ben Maimón (Maimónides) y su discípulo Ibn Aknin.

Cuando este último, separado de su maestro, le escribe expresando sus dudas sobre la religión y el espíritu, Maimónides le entrega su ciencia en pequeños opúsculos que, agrupados posteriormente, forman una guía “…para aquellos perplejos y descarriados en su búsqueda de Dios…”.

Maimónides fue médico, rabino, teólogo judío y una de las figuras más sobresalientes de la edad media.

Pero la guía es algo más. En ella el Maestro aporta una luz más profunda y diferente: La luz de la Cábala, que justo en el mismo año de su muerte -1204- es traducida del árabe al hebreo y se produce el resurgir cabalístico.

El pequeño fragmento que reproducimos aquí pertenece al cap. LIV que trata: Sobre la Verdadera Sabiduría y Perfección.

Guía de los descarriados de Maimónides

Los antiguos y modernos filósofos han enseñado que el hombre puede adquirir cuatro clases de perfección. La primera y más vil, a cuyos logros dedican muchos toda la vida, es la perfección que se cifra en la propiedad: poseer dinero, ropas, muebles, criados, tierras, y otras cosas del mismo linaje.

A esta clase pertenece la posesión del título de gran rey. No hay aquí íntima unión entre la posesión y el poseedor. Cuando una persona dice: “Esta es mi casa, éste en mi criado, éste es mi dinero, o éstos son mis huestes y ejércitos” establece una relación puramente imaginaria, engañado por las grandes ventajas y provechos que saca de poseer tales cosas. Pero si lo examina bien, hallará que se trata de bienes exteriores cuyas cualidades son enteramente independientes de su dueño. Por eso, cuando cesa la relación, el que ha sido gran rey puede hallarse una mañana igualado al más vil de los hombres, sin que hayan experimentado mudanza alguna las cosas que creía poseer.

Los filósofos han enseñado que el que cifra todos sus anhelos y afanes en poseer esta clase de perfección, anda detrás de cosas perecederas e imaginarias, que aunque le pertenecieran durante toda la vida, no le harían mejor ni más perfecto.

La segunda clase se refiere más directamente que la primera al cuerpo del hombre y comprende la perfección de la forma, constitución y aspecto del cuerpo humano; el equilibrio de la naturaleza, y el orden y vigor de los miembros. Tampoco esta clase de perfección debe constituir nuestra aspiración suprema; porque es un bien del cuerpo, y el hombre no posee el cuerpo en cuanto hombre, sino en cuanto criatura viviente, compartiendo esta propiedad con los animales inferiores. Aunque una persona poseyera las mayores fuerzas, no sería más poderosa que la mula, ni que el león o el elefante; conseguirá a lo más las fuerzas necesarias para acarrear una pesada carga, romper una gruesa y sólida sustancia, o cosas similares, en las que no hay mayor provecho para el cuerpo. En cuanto al alma, ningún beneficio puede venirle de esta clase de perfección.

La tercera se relaciona más con el verdadero hombre que la segunda, y atañe a la condición moral, que es el más alto y excelente grado de la naturaleza humana. La mayoría de los preceptos aspiran a producir esta perfección; pero todavía no es sino el ejercicio preparatorio para otra de más altos quilates, y no debe ser buscada por sí misma. Porque todos los principios morales conciernen a la relación y trato del hombre con su vecino; los principios de la perfección moral nos han sido dados para beneficio de la humanidad. Imagina que una persona estuviese a solas, sin trato con ninguna otra y, entonces, todos los principios morales serían innecesarios y no le añadirían perfección alguna. Estos principios adquieren valor y utilidad únicamente cuando el hombre se pone en contacto con sus semejantes.

La cuarta clase de perfección es la verdadera y propia del hombre: Poseer y disfrutar las más altas facultades intelectivas, y las nociones que nos llevan a tener ideas metafísicas ciertas acerca de Dios. Alcanzada esta perfección, el hombre ha logrado su objetivo final. Ella le da verdadera perfección del hombre; a él solo le pertenece; le otorga la inmortalidad, y es por razón de ella por lo que se le llama hombre.

Por tanto tu aspiración debe encaminarse a obtener esta perfección que es exclusivamente tuya, en vez de afanarte y fatigarte por cosas que pertenecen a otro, descuidando y abandonando tu alma hasta que por completo pierde su pureza original, vencida y dominada por los poderes corporales. Expresase la misma idea en el comienzo de aquellos poemas que representan alegóricamente el estado del alma: “Los hijos de mi madre se irritaron contra mí; me dijeron de guardar mi viña, y mi viña no guarde” (Cant. I, 6). A lo mismo se refiere el siguiente pasaje: “No des a los extraños tu honor, ni al cruel tus años” (Prov. V, 9).

También los profetas han coincidido en eso con los filósofos. Paladinamente enseñan que no vale la pena de andar tras la perfección en la propiedad, en la salud o en el carácter, ni es ejecutoria que nos honre y glorié; que la única perfección digna de ser buscada, la sola que allega gloria y honra, es el conocimiento de Dios, es decir, la verdadera sabiduría. Hablando de aquellas clases de perfecciones dice Jeremías: “Los cuerpos de los hombres muertos caerán como estiércol sobre la haz del campo, y como manojo tras el segador, que no hay quien lo recoja, así dijo el Seños: No se alabe al sabio en su sabiduría, ni en su valentía se alabe al valiente, ni al rico en sus riquezas; mas alábese en esto al que hubiere de alabar, en entenderme y conocerme” (Jer. IX, 22-24). Advierte cómo el profeta ordena las posesiones según la estimación en que las tiene la multitud. El rico ocupa el primer rango; luego viene el poderoso; después el sabio, esto es, el varón de buenos principios morales.

El profeta no se conforma con explicar que el conocimiento de Dios es la más alta clase de perfección, y no dice sólo “Alábese en lo que se hubiera de alabar, en comprenderme y conocerme”, ni se detiene aquí: ni añade: “En comprender y conocer que yo soy uno”, o “que no tengo semejante” o “que nadie hay como yo”, u otra frase por el estilo. Pero el profeta dice que el hombre puede gloriarse de conocer a Dios, y sus maneras y atributos, que son Sus acciones: “Porque soy el Señor que hago misericordia, juicio y justicia en la tierra” (Ibid. IX, 24), conforme a lo que nosotros expusimos en la primera parte de este tratado. Lo que se nos dice en este pasaje de la escritura es que los actos divinos que deben ser conocidos y servirnos como guía para nuestras acciones, son hesed, que es misericordia o amorosa benevolencia, michpat que es rectitud y zedaka que es justicia.

Otra importante lección es la que nos enseña la frase: “en la tierra”. He aquí un principio fundamental de la Ley, la cual repugna la teoría de los que audazmente afirman que la Providencia de Dios no se extiende por debajo de la esfera de la luna, y que la tierra, con cuanto contiene, permanece abandonada, que “el Señor se ha olvidado de la tierra” (Ezeq. VIII, 12). Enseña este pasaje lo mismo que ya había enseñado el más grande de todos los sabios en las palabras. “la tierra es del Señor” (Ex. IX, 29), es decir, que Su Providencia se extiende a la tierra conforme a la naturaleza de esta, al igual que dirige los cielos conforme a la naturaleza celestial. En suma, este lugar de la Escritura se propone declarar que la perfección de que puede gloriarse el hombre se alcanza -hasta donde es humanamente alcanzable- cuando adquiere el conocimiento de Dios, de Su Providencia y de la manera cómo influye en sus criaturas, al producirlas y conservarles la existencia. Y habiendo adquirido este conocimiento, se determinará a buscar siempre la amorosa benevolencia, la justicia y la rectitud, procurando conducirse como se conduciría Dios.

Moisés ben Maimón (Maimónides).


Maestros Huainan, “La sabiduría”


 Los Maestros Huainan es un clásico de inspiración Taoísta, es un texto datado en el 139 A. C. en la dinastía Han, pero de rabiosa actualidad. Un ejemplo de ello es cuando hablan sobre la sociedad y el estado: “Cuando la gente recibe el influjo de sus gobernantes, imitan lo que los gobernantes hacen, no lo que dicen”.

Los temas que toca el texto son amplios y variados: filosofía, ciencia, metafísica, naturaleza…

Presentamos unos fragmentos sobre el tema de la sabiduría.

Los sabios no se apegan a nada, y de este modo no pierden nada.
La mente gobierna al cuerpo, mientras que el espíritu es el tesoro de la mente. Cuando se trabaja el cuerpo sin descanso, éste se colapsa. Cuando se utiliza el espíritu sin tregua, éste se agota. Los sabios los valoran y respetan, por lo que no son dados a excesos.
El cuerpo es la morada de la vida; la energía la base de la vida; la mente el moderador de la vida. Cuando cualquiera de ellas pierde su lugar, las otras dos sufren.

El cuerpo se malgasta si se lleva a una situación incomoda. La energía se agota si se utiliza de un modo que no conduce a la plenitud. La mente se debilita si se utiliza de forma inapropiada. Es imperativo el vigilar estos tres factores.

Lo que los sabios aprenden es a hacer retornar su naturaleza al principio y dejar que la mente se desplace libre en la apertura. Lo que la gente evolucionada aprende es a unir su naturaleza al inmenso vacío y ser consciente del silencio infinito.

Lo que la gente ordinaria aprende es distinto. Se apegan a las virtudes y constriñen su naturaleza, interiormente se preocupan de sus órganos físicos mientras que externamente atropellan ojos y oídos.

Los sabios utilizan la mente voluntariamente, basándose en su esencia. Con el apoyo del espíritu acaban lo que empiezan. Por ello duermen sin sueño y se despiertan sin problemas.

Los beneficios son fruto de no maquinar; los problemas surgen de la avidez. El daño es fruto de la falta de preparación; la suciedad de la falta de limpieza.

Aquellos cuyas palabras son volubles y sus actos inconsistentes, son gente insignificante.

Aquellos que observan una sola cosa y comprenden un solo Arte, son gente mediocre.

Aquellos con una visión global y un dominio integral de las cosas, que valoran las destrezas y las emplean juiciosamente, son sabios.

En el Arte de la Vía no es posible perseguir la fama mediante la promoción, pero es posible desarrollarse permaneciendo en reclusión. No es posible obtener ventajas con el Arte de la Vía, pero si es posible eludir perjuicios.

Los sabios afrontan las cosas cuando todavía son pequeñas y de este modo pueden dominar lo grande. Perciben las cosas que tienen a mano y de este modo pueden ser conscientes de las cosas que están lejos.

Cuando no hay nada que oculte el espíritu y nada que trastorne la mente, experimentaras una claridad penetrante y una expansión fuera de toda medida. Sereno, sin preocupaciones, no sujeto a nada, tratándolo todo con ecuanimidad y calma, no eres susceptible a que la sensualidad te corrompa.

Maestros Huainan.





Ética demostrada según el orden geométrico

       Spinoza trata de demostrar un sistema filosófico plenamente coherente, que se esfuerza por ofrecer una imagen vinculada de la realidad y por comprender el significado de una vida ética. Siguiendo un formato lógico paso por paso, definido en torno de la naturaleza de Dios, la mente, la servidumbre humana a las emociones y el poder de la comprensión moviéndose desde la consideración de lo eterno, a especular sobre el lugar de la humanidad en el orden natural, libertad y el camino a la felicidad posible.

 …Dios hubiera dicho:

        -¡Deja ya de estar rezando y dándote golpes en el pecho! Lo que quiero que hagas es que salgas al mundo a disfrutar de tu vida.
        - Quiero que goces, que cantes, que te diviertas y que disfrutes de todo lo que he hecho para ti.
        - ¡Deja ya de ir a esos templos lúgubres, obscuros y fríos que tú mismo construiste y que dices que son mi casa!
        Mi casa está en las montañas, en los bosques, los ríos, los lagos, las playas.
        Ahí es en donde vivo y ahí expreso mi amor por ti.
        - Deja ya de culparme de tu vida miserable, yo nunca te dije que había nada mal en ti o que eras un pecador, o que tu sexualidad fuera algo malo.
        El sexo es un regalo que te he dado y con el que puedes expresar tu amor, tu éxtasis, tu alegría.
        Así que no me culpes a mí por todo lo que te han hecho creer.
        - Deja ya de estar leyendo supuestas escrituras sagradas que nada tienen que ver conmigo. Si no puedes leerme en un amanecer, en un paisaje, en la mirada de tus amigos, en los ojos de tu hijito ¡No me encontrarás en ningún libro!
        - Confía en mí y deja de pedirme ¿me vas a decir a mí como hacer mi trabajo? Deja de tenerme tanto miedo. Yo no te juzgo, ni te critico, ni me enojo, ni me molesto, ni castigo.
        ¡Yo soy puro amor!
        - Deja de pedirme perdón, no hay nada que perdonar. Si yo te hice... yo te llené de pasiones, de limitaciones, de placeres, de sentimientos, de necesidades, de incoherencias... de libre albedrío, ¿Cómo puedo culparte si respondes a algo que yo puse en ti? ¿Cómo puedo castigarte por ser como eres, si yo soy el que te hice? ¿Crees que podría yo crear un lugar para quemar a todos mis hijos que se porten mal por el resto de la eternidad?
        ¿Qué clase de dios loco puede hacer eso?
        - Olvídate de cualquier tipo de mandamientos, de cualquier tipo de leyes, esas son artimañas para manipularte, para controlarte que sólo crean culpa en ti. Respeta a tus semejantes y no hagas lo que no quieras para ti.
        Lo único que te pido es que pongas atención en tu vida, que tu estado de alerta sea tu guía.
        - Amado mío, esta vida no es una prueba, ni un escalón, ni un paso en el camino, ni un ensayo, ni un preludio hacia el paraíso. Esta vida es lo único que hay aquí y ahora y lo único que necesitas.
        Te he hecho absolutamente libre, no hay premios ni castigos, no hay pecados ni virtudes, nadie lleva un marcador, nadie lleva un registro. Eres absolutamente libre para crear en tu vida un cielo o un infierno.
        - No te podría decir si hay algo después de esta vida pero te puedo dar un consejo.
        Vive como si no lo hubiera.
        Como si esta fuera tu única oportunidad de disfrutar, de amar, de existir.
        - Así, si no hay nada, pues habrás disfrutado de la oportunidad que te di.
        - Y si lo hay, ten por seguro que no te voy a preguntar si te portaste bien o mal, te voy a preguntar:
        ¿Te gustó?
        ¿Te divertiste?
        ¿Qué fue lo que más disfrutaste?
        ¿Qué aprendiste?
        - Deja de creer en mí, creer es suponer, adivinar, imaginar. Yo no quiero que creas en mí, quiero que me sientas en ti. Quiero que me sientas en ti cuando besas a tu amado, cuando arropas a tu hijita, cuando acaricias a tu perro, cuando te bañas en el mar.
        - Deja de alabarme, ¿Qué clase de Dios ególatra crees que soy? Me aburre que me alaben, me harta que me agradezcan.
        ¿Te sientes agradecido?
        Demuéstralo cuidando de ti, de tu salud, de tus relaciones, del mundo.
        ¿Te sientes mirado, sobrecogido?
        ¡Expresa tu alegría! Esa es la forma de alabarme.
        - Deja de complicarte las cosas y de repetir como perico lo que te han enseñado acerca de mí. Lo único seguro es que estás aquí, que estás vivo, que este mundo está lleno de maravillas.
        ¿Para que necesitas más milagros?
        ¿Para qué tantas explicaciones?
        No me busques afuera, no me encontrarás. Búscame dentro... ahí estoy latiendo en ti.
Baruch Spinoza.



       Usted es Libre AHORA
       

     Reproducimos aquí un fragmento del libro “Yo Soy Eso” de Sri Nisargadatta Maharaj, preguntas y respuestas se ensartan para mostrarnos un camino para llegar a nuestra verdadera realidad.

Yo Soy Eso es una carga de profundidad que remueve nuestros cimientos; Sri Nisargadatta Maharaj es preciso y contundente en sus respuestas, y lo que es más importante, no habla con el apoyo de los textos o de la tradición, sino lo que le avala es su vivencia-experiencia.

Sin embargo, ningún libro de enseñanzas espirituales puede reemplazar la presencia del maestro mismo. Sólo las palabras habladas directamente para usted por el Gurú (aquel que da luz en la oscuridad) desalojan su opacidad completamente. En la presencia del Gurú los últimos límites erigidos por la mente se desvanecen. Sri Nisargadatta Maharaj es ciertamente tal Gurú. Él no es un predicador, pero proporciona precisamente esas indicaciones que el buscador necesita. La realidad que emana de él es inalienable y Absoluta. Es auténtica.

Interlocutor: Hay tantas teorías sobre la naturaleza del hombre y del universo. La teoría de la creación, la teoría de la ilusión, la teoría del sueño -un gran número de ellas-. ¿Cuál es la verdadera?

 Maharaj: Todas son verdaderas, todas son falsas. Puede usted escoger la que más le guste.

Int: Usted parece favorecer la teoría del sueño.

Mah: Todas estas teorías son maneras de juntar palabras. Algunos favorecen a una manera, otros favorecen a otra. Las teorías no son ni acertadas ni erróneas. Son intentos de explicar lo inexplicable. No es la teoría lo que importa, sino la manera en que se la pone a prueba. Es la prueba de la teoría lo que la hace fructífera. Experimente usted con cualquier teoría que sea de su agrado -si usted es verdaderamente serio y honesto, el logro de la realidad será suyo-. Como un ser vivo usted está atrapado en una insostenible y penosa situación y usted está buscando una salida. Se le están ofreciendo a usted varios planos de su prisión, ninguno de ellos completamente verídico. Todos ellos son de algún valor, pero solo si usted es presa de una seriedad verdadera. Es la seriedad la que libera y no la teoría.

 Int: La teoría puede ser extraviadora y la seriedad ciega.

Mah: Su sinceridad le guiará a usted. La devoción a la meta de la liberación y de la perfección le hará a usted abandonar todas las teorías y sistemas y vivir por la sabiduría, la inteligencia y el amor activo. Las teorías pueden ser buenas como puntos de partida, pero deben ser abandonadas, cuanto antes mejor.

Int: Hay un Yogui que dice que para la realización no es necesario el óctuple Yoga; que basta únicamente con el poder de la voluntad. Es suficiente concentrarse sobre la meta con plena confianza en el poder de la voluntad pura para obtener sin esfuerzo y rápidamente lo que a otros les lleva décadas lograr.

Mah: ¡Concentración, plena confianza, pura voluntad! Con tales recursos no hay que sorprenderse de que uno tenga éxito inmediatamente. Este Yoga de la voluntad es idóneo para el buscador maduro, que se ha deshecho de todos los deseos excepto uno. Después de todo, ¿qué es la voluntad sino la firmeza del corazón y de la mente? Dada una firmeza semejante todo puede lograrse.

 Int: Siento que ese Yogui no quería significar mera firmeza de propósito, con el resultado de una persecución y aplicación incesantes. Quiere decir que con la voluntad fijada sobre la meta no se necesita ninguna persecución ni aplicación. El mero hecho de querer atrae a su objeto.

Mah: Sea cual fuere el nombre que usted le dé: voluntad, o propósito firme, o concentración de la mente en un solo punto, usted vuelve de nuevo a la seriedad, a la sinceridad, a la honestidad. Cuando usted es presa de una seriedad verdadera, usted pliega cada incidente, cada segundo de su vida a su propósito. Usted no gasta tiempo ni energía en otras cosas. Usted está totalmente dedicado, llámelo usted voluntad, o amor, o simplemente honestidad. Nosotros somos seres complejos, en guerra adentro y afuera. Nos contradecimos a nosotros mismos a cada instante, deshaciendo hoy el trabajo de ayer. No hay que sorprenderse de que no avancemos. Un poco de integridad supondría una gran diferencia.

Int: ¿Qué es más poderoso, el deseo o el destino?

Mah: El deseo da forma al destino.

Int: Y el destino da forma al deseo. Mis deseos están condicionados por la herencia y las circunstancias, por las oportunidades y los accidentes, por lo que nosotros llamamos destino.

 Mah: Sí, usted puede decirlo así.

 Int: ¿En qué punto soy libre para desear lo que quiero desear?

Mah: Usted es libre ahora. ¿Qué es eso que usted quiere desear? Deséelo.

 Int: Por supuesto, yo soy libre para desear, pero no soy libre para actuar según mi deseo. Otros impulsos me descarrían. Mi deseo no es suficientemente fuerte, incluso si tiene mi aprobación. Otros deseos, que desapruebo, son más fuertes.

Mah: Quizás usted se está engañando a usted mismo. Quizás usted está dando expresión a sus deseos reales, y los que usted aprueba se mantienen en la superficie solo por causa de la respetabilidad.

Int: Puede que sea como usted dice, pero esto es otra teoría. El hecho es que yo no me siento libre para desear lo que pienso que debería desear, y cuando me parece que deseo justamente, no actúo en consecuencia.

Mah: Todo se debe a la debilidad de la mente y a la desintegración del cerebro. Recoja y fortalezca su mente y usted encontrará que sus pensamientos y sentimientos, palabras y acciones se alinearán por sí solas en la dirección de su voluntad.

 Int: ¡De nuevo un consejo de perfección! ¡Integrar y fortalecer la mente no es una tarea fácil! ¿Cómo comienza uno?

Mah: Usted puede comenzar sólo desde donde usted es. Usted es aquí y ahora, usted no puede salir de aquí y ahora.

Int: ¿Pero qué puedo hacer aquí y ahora?

Mah: Usted puede ser consciente de su ser -aquí y ahora-.

 Int: ¿Eso es todo?

 Mah: Eso es todo. No hay nada más que hacer.

 Int: Durante toda mi vigilia y mis sueños, yo soy consciente de mí mismo. Eso no me ayuda mucho.

Mah: Usted era consciente del pensamiento, del sentimiento, de los hechos. Usted no era consciente de su Ser.

 Int: ¿Cuál es el nuevo factor en el cual usted quiere introducirme?

Mah: En la actitud de la presenciación pura, de la observación de los acontecimientos sin tomar parte en ellos.

 Int: ¿Qué me hará eso a mí?

Mah: La debilidad de la mente se debe a una falta de inteligencia, de comprensión, que a su vez es el resultado de una no presenciación. Al esforzarse en la presenciación usted recoge la mente y la fortalece.

Int: Yo puedo ser plenamente consciente de lo que está pasando, y sin embargo ser completamente incapaz de influenciarlo de ninguna manera.

Mah: Usted está equivocado. Lo que está pasando es una proyección de su mente. Una mente débil no puede controlar sus propias proyecciones. Por lo tanto, sea consciente de su mente y de sus proyecciones. Usted no puede controlar lo que usted no conoce. Por otra parte, el conocimiento da poder. En la práctica es muy simple. Para controlarse a usted mismo conózcase a usted mismo.

 Int: Quizás pueda llegar a controlarme a mí mismo, ¿pero seré capaz de tratar el caos en el mundo?

Mah: No hay ningún caos en el mundo, excepto el caos que su mente crea. Es autocreado en el sentido de que en su centro mismo está la falsa idea de uno mismo como una cosa diferente y separada de las demás cosas. En realidad, usted no es una cosa, ni está separado. Usted es la potencialidad infinita, la posibilidad inagotable. Debido a que usted Es, todo puede ser. El universo es solo una manifestación parcial de su ilimitada capacidad de devenir.

 Int: Encuentro que estoy totalmente motivado por el deseo del placer y el miedo del sufrimiento. Por muy noble que sea mi deseo y por muy justificado que esté mi miedo, el placer y el sufrimiento son los dos polos entre los cuales oscila mi vida.

Mah: Vaya usted a la fuente de ambos, del sufrimiento y del placer, del deseo y del miedo. Observe, investigue, intente comprender.

 Int: Ambos, el deseo y el miedo son sentimientos causados por factores físicos o mentales. Están ahí, son fácilmente observables. ¿Pero por qué están ahí? ¿Por qué deseo el placer y tengo miedo del sufrimiento?

Mah: El placer y el sufrimiento son estados de la mente. Mientras usted piense que usted es la mente, o más bien, el cuerpo-mente, usted está obligado a formular tales preguntas.

  Int: Y cuando me dé cuenta que yo no soy el cuerpo, ¿estaré libre del deseo y del miedo?

 Mah: Mientras haya un cuerpo y una mente para proteger al cuerpo, operarán las atracciones y las repulsiones. Estarán ahí, dentro del campo de los acontecimientos, pero a usted no le concernirán. El foco de su atención estará en otra parte. Usted no será distraído.

 Int: Sin embargo estarán ahí. ¿Nunca será uno completamente libre?

 Mah: Usted es completamente libre incluso ahora. Lo que usted llama destino (karma) es solo el resultado de su propia voluntad de vivir. Cuan fuerte es esta voluntad, usted puede juzgarlo por el horror universal de la muerte.

Int: Las gentes mueren voluntariamente muy a menudo.

Mah: Solo cuando la alternativa es peor que la muerte. Pero tal disposición a morir fluye de la misma fuente que la voluntad de vivir, una fuente más profunda incluso que la vida misma. Ser un ser vivo no es el estado último; hay algo más allá, mucho más maravilloso, que no es ni ser ni no ser, ni vivir ni no vivir. Es un estado de presenciación pura, más allá de las limitaciones del espacio y del tiempo. Una vez que se abandona la ilusión de que el cuerpo-mente es uno mismo, la muerte pierde su terror, deviene una parte del vivir.

Video sobre Sri Nisargadatta Maharaj.


Sri Nisargadatta Maharaj.



      El miedo a la muerte

    Este pequeño texto ha sido extraído del libro “Vipassana, El camino de la Meditación Interior”, editado en España por la editorial Kairós, cuyos autores son:

           Joseph Goldstein es uno de los primeros maestros americanos de Vipassana. Cofundador de la Sociedad de meditación de Insight (IMS) con Jack Kornfield y Sharon Salzberg. Es autor de numerosos libros sobre el budismo, profesor residente en IMS y líder en retiros en todo el mundo de la meditación Vipassana.

           El otro autor es Jack Kornfield que se formó como monje budista en Tailandia, Birmania e India, y enseña, desde 1974, meditación en distintos países del mundo. Es uno de los maestros más relevantes en la introducción en Occidente del budismo Theravada.

Otro aspecto de nuestra vida que no solemos dejar que aflore a la conciencia es el carácter transitorio de toda experiencia. Cada faceta, cada aspecto de nuestro cuerpo y de nuestra mente -las sensaciones, los pensamientos, las impresiones sensoriales, las emociones, las fantasías y todos los elementos que componen nuestro mundo- se hallan sometidos a un proceso de cambio y flujo constante; todo está sujeto al nacimiento, la decadencia y la muerte. Pero, en la cultura occidental, no solemos mirar cara a cara a la muerte, no nos agrada observar el proceso de la enfermedad y de la vejez y rara vez tenemos la oportunidad de ver un cadáver. Una de las meditaciones tradicionales del budismo consiste en contemplar cadáveres en diversos estadios de descomposición. A primera vista, esto tal vez nos parezca morboso pero lo cierto es que constituye una forma incuestionable de hacernos conscientes de la realidad de la muerte, de abrirnos a la verdad de lo que le ocurre a nuestro cuerpo y de permitirnos trascender cualquier ilusión a este respecto. Casi todo el mundo tiene miedo a la muerte pero ese miedo, en realidad, se debe fundamentalmente al hecho de que no comprendemos con claridad la naturaleza de nuestra mente y de nuestro cuerpo. Por otra parte, el miedo y la resistencia a mirar de frente a la enfermedad y a la muerte pueden ser extraordinariamente poderosos. Creemos que nuestro cuerpo-mente es algo sólido y seguro y no sólo eso sino que solemos identificarnos con ello. Obviamente, desde ese punto de vista, la posibilidad de la muerte del “yo”, de la muerte del ego, resulta aterradora y suele ser experimentada como una traición a nuestras creencias más arraigadas sobre quiénes somos y sobre quién es el que controla la situación.

        No obstante, cuando nos abrimos a la naturaleza del proceso de nuestra mente y de nuestro cuerpo descubrimos que éste se halla -literalmente y no un modo metafórico- naciendo y muriendo a cada instante. Entonces nos damos cuenta de que no existe nada sólido, estático ni estable que perdure año tras año, mes tras mes o instante tras instante. Nuestro cuerpo y nuestra mente están creándose y disolviéndose a cada momento. Démonos cuenta de que todas nuestras experiencias -imágenes, sonidos, pensamientos, emociones, sensaciones, olores o sabores- tienen una existencia meramente transitoria. Momento a momento, nuestras experiencias aparecen y se desvanecen, nacen y mueren. Lo único que existe es un proceso de trasformación constante, inmediato y continuo. Y, por más desesperadamente que lo intentemos, no tenemos la menos posibilidad de detener este proceso. Cuando experimentamos directamente este proceso de trasformación, el miedo a la muerte comenzará a desvanecerse porque, en ese mismo instante, comprenderemos que jamás ha existido nada sólido a lo que aferrarse, dejaremos de considerar a la muerte como una especie de error del orden natural de las cosas y podremos llegar a descansar en paz.

J. Goldstein y J. Kornfield.


        La actitud de la visión mental

   Mitsugi Saotome Sensei, alumno directo del fundador del Aikido, tiene su Dojo central en Washington, USA.

        El fragmento que presentamos en nuestro blog es de su libro “Los Principios del Aikido”, editado por Paidotribo (www.paidotribo.com) en España.

A menudo, tras haber mostrado una técnica mientras doy una clase y observo cómo practican mis estudiantes, veo que ejecutan movimientos que son completamente distintos de los que les he enseñado. No han observado la sutil pero esencial diferencia entre lo que han visto antes y lo que les he mostrado. Aprender a observar claramente y de verdad no es tan fácil como podría parecer. Incluso a nivel puramente físico, los conceptos preadquiridos de un estudiante pueden vendarle los ojos. Si la gente puede tener tantas dificultades para ver lo que tiene delante de sus ojos, podemos imaginar cuánto más difícil es ser receptivo a las motivaciones mucho más sutiles y elusivas que informan el movimiento físico. La primera tarea del estudiante principiante de Aikido debe ser aprender a ver, a observar con una mente abierta lo que los ojos le dicen y a mantener su espíritu receptivo al significado más profundo que se halla detrás de la técnica.

        Creo que adiestrarnos en el arte de la percepción precede a la capacidad para instruirnos con éxito en la técnica básica. Debemos esforzarnos por afilar no solo nuestra capacidad para observar claramente el movimiento físico, sino también nuestra agudeza mental y espiritual. Debemos ser capaces de desarrollar nuestro sentido intuitivo de la intención y del significado que hay detrás de los movimientos que nos muestra el profesor y de ver las cualidades mentales y espirituales que posea. Nunca insistiré bastante en la importancia de seguir estrechamente las instrucciones de nuestro maestro.

        Lo que hayamos observado debemos pulirlo mediante la repetición. La repetición es un gran maestro y nos mostrará nuestros errores. Por ejemplo, si estamos practicando suburis, o cortes repetidos, con la espada, no podremos balancear la espada bien si sólo cortamos cinco veces. Hacer mil cortes mal es imposible; nuestro cuerpo se cansará mucho antes de haberlos acabado. Pero si persistimos en nuestra determinación de hacer mil cortes sin detenernos, al final aprenderemos el modo correcto y eficiente de usar la espada, puesto que ejecutar correctamente el movimiento es el único modo posible de lograr llevar a cabo un número tan grande de repeticiones. Sólo mediante la práctica aumentará nuestro nivel de comprensión de las técnicas. El maestro no puede responder con el intelecto a las preguntas de nuestro cuerpo. Para aprender Aikido, debemos ejecutar los movimientos que se nos muestran una y otra vez hasta que nuestro cuerpo nos enseñe cuál es la forma acertada y natural del movimiento y nos permita absorber el conocimiento que nos da nuestro instructor.
Mitsugi Saotome.
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El Poste Universal

 Este poema se asocia a un ejercicio que no incluye movimientos, lo enmarcamos dentro del estilo de Chi-Kung Zhan Zhuang o del Tai Chi Chuan. Se practica en una postura estática que se mantiene durante una hora después de la práctica diaria.

Es un tipo de meditación que se realiza de pie y representa la mente sobre el cuerpo.




        El poste universal es una forma mística de arte marcial.
        Nunca se puede comprender cómo se practica en su totalidad.
        Aparece como un abrazo, con una sonrisa en la cara.
        Aplicando un vigor interior.
        Estoy relajado, sin recurrir a la fuerza.
        Como nubes flotando al viento por todas partes.
        Uso fuerzas del universo, y mi fuerza se hace sólida.
        La potencia viene de la respiración.
        Sin afirmarme, dejando mucho espacio para moverme.
        Sin ceder ante fuerzas mayores.
        Con motivos tan suaves, tan naturales.
        Ni la respiración, ni los movimientos de las extremidades se verán bloqueados.
        Es como moverse en el vacío.
        Yendo y viniendo por las más altas cumbres, entre las nubes.
        Deslizándome por el aire y por las nubes.
        Flotando con el viento.
        Con gracia, aunque sosegado.
        Siempre mantengo mi calma, mi paz.
        La cabeza erguida, con dignidad.
        Abrazo al mundo que tengo debajo.
        Tan claro y puro como un arroyo subterráneo.
        Como plomo trasformado en oro, enfilando hacia la luna.
        Me miro en un espejo antiguo, para ver mi alma con detalle.
        Mi copa está llena hasta rebozar.
        Totalmente liberado de obstáculos, liberado de mí ser.
        Puedo volar como si tuviera alas.
        De cara hacia horizontes sin límites.
        Como lanzando un guijarro al agua.
        Los círculos se hacen más y más grandes.
        Con mis manos puedo descubrir los límites del Universo.
        El abrazo viene del interior.
        El Cielo, la Tierra y los diez mil seres cautivan mi imaginación.
        Con los ojos mirando al exterior, con determinación.
        Hacia arriba y hacia abajo, mi fuerza fluye.
        Empujo y abrazo sin cesar.
        Mis pensamientos serán puros.
        Así mi mente será clara.
        Así se eliminarán todas las enfermedades.
        Siempre regresando al centro.
        Atacando o defendiendo espontáneamente.
        Mi voluntad será como el acero.
        El precepto es fortalecerse.
        Ir en busca de la felicidad y la salud.
        Mi cuerpo se beneficia de ello.
        Esto ha sido legado por los antiguos.
        Esta forma de ejercicio proporcionará beneficios ilimitados.

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